Los expertos han demostrado que los europeos son lo que coloquialmente se denomina: ‘team frío’, es decir, que soportan y se adaptan mejor a las temperaturas más bajas que a las altas. Con el calentamiento global de origen antropogénico que estamos experimentando, los fenómenos de calor extremos solo se espera que aumenten, por lo que se espera que también lo hagan los problemas relacionados con la salud en Europa.
La exposición prolongada a la hipertermia es particularmente peligrosa para personas vulnerables, como los ancianos o aquellas personas con dolencias preexistentes. El efecto del calor es más fuerte en las ciudades, que en el campo y con el cambio climático las olas de calor no hacen más que multiplicarse.
Más de 2/3 de las 30 peores olas de calor registradas en Europa ocurrieron en este siglo y las muertes relacionadas con el calor han aumentado alrededor del 30% en los últimos 20 años, según han reportado los expertos.
Mejor frío que calor
Un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha demostrado que la población europea se adapta mejor a las bajas temperaturas que a las altas producidas en las dos últimas décadas.
El estudio, liderado por el ISGlobal, un centro impulsado por la Fundación «La Caixa», se ha llevado a cabo en colaboración con el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) y lo ha publicado la revista The Lancet Planetary Health. La investigación muestra que en los últimos años ha habido una disminución significativa del riesgo de mortalidad relacionada con el frío, en comparación con la primera década de los años 2000.
Tras analizar los registros de temperatura y mortalidad de más de 800 regiones de 35 países europeos durante el período 2003-2020, el equipo científico ha descubierto que el riesgo relativo de muerte en las temperaturas más bajas ha disminuido en un 2% anual.
Por lo que respecta al riesgo relativo de muerte en las temperaturas más altas (calor extremo) también ha bajado, pero a una tasa media más pequeña, del 1% anual. Los resultados del estudio muestran que, si bien Europa ha realizado progresos en la adaptación al frío, las estrategias para hacer frente a la mortalidad relacionada con el calor han sido menos eficaces.
El sur es más sensible al cambio en las temperaturas
Tradicionalmente, los estudios de este tipo se han basado en umbrales de temperatura fijos para calcular los riesgos, sin tener en cuenta que la vulnerabilidad ante unas mismas temperaturas no es igual en todas las regiones de Europa. Para superar esta limitación, el equipo ha desarrollado un nuevo concepto: la temperatura de riesgo extremo (ETR, por sus siglas en inglés).
Al cruzar los datos regionales de temperatura y mortalidad, el nuevo enfoque ha permitido calcular la temperatura a la que el riesgo de muerte supera un determinado umbral para cada zona geográfica. Los investigadores también han tenido en cuenta las variaciones en la mortalidad para reflejar las adaptaciones a la temperatura a lo largo del tiempo.
Utilizando esta metodología, el equipo ha observado que en el período 2003-2020 Europa experimentó 2,07 días menos de frío peligroso (días de frío-ERT) cada año, y que por el contrario, los días de calor peligroso (días de calor-ERT) aumentaron en 0,28 días por año.
Curiosamente, no todas las partes de Europa se vieron afectadas de la misma manera, y por ejemplo, las regiones del sureste de Europa, a pesar de sus condiciones más cálidas, tuvieron más días peligrosos de calor y frío, que causaron un mayor riesgo de mortalidad asociada.
La vulnerabilidad ante temperaturas extremas varía mucho de un lugar a otro, y las regiones del sur de Europa son más sensibles a los cambios de temperatura que las del norte.
Fatídica suma de temperatura y contaminación
El equipo también ha analizado la frecuencia con la que se producían temperaturas de riesgo extremo en días con niveles de contaminación atmosférica superiores a los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La coincidencia de estos dos eventos, conocida como»días compuestos», se produjo en el 60% de los días de calor peligroso y en el 65% de los días de frío peligroso.
Con el tiempo, los días compuestos han ido disminuyendo, excepto la combinación de días peligrosamente calurosos y altos niveles de contaminación por ozono (O3), que ha aumentado a un ritmo de 0,26 días por año.
El ozono es un contaminante secundario que se forma en la atmósfera como resultado de la interacción entre otros gases y la radiación solar. A medida que se intensifica el calentamiento global, los episodios combinados de calor y ozono se están convirtiendo en una preocupación inevitable y urgente para Europa, indican los investigadores.
El estudio se ha llevado a cabo en el contexto del proyecto EARLY-ADAPT, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, y cuyo objetivo es estudiar cómo se adaptan las poblaciones a los retos de salud pública desencadenados por el cambio climático.





















