Qué destino para el CO2

Por otra parte, algunos sectores ecologistas ven la gran excusa para no cambiar el modelo de crecimiento. Un elemento de gran interés se suma al debate: las posibilidades reales de ir más allá del almacenamiento y convertir el CO2 en un recurso con múltiples aplicaciones.

La captura de CO2 es un tema controvertido. Para sus defensores, conscientes de que no se trata de ninguna solución definitiva, es una forma más para disminuir el volumen de emisiones a la atmósfera. Desde este punto de vista, la captura y almacenamiento de dióxido de carbono suma y en consecuencia hay que otorgarle un lugar en la serie de acciones para reducir o estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, como son: las mejoras en la eficiencia energética, el cambio a combustibles menos intensivos en carbono, el uso de energías renovables etc. Pero esta opción tiene detractores. Consideran que, como paliativo temporal, no pone en cuestión el problema de fondo: la vigencia de una economía basada en el carbono. Al mismo tiempo, subrayan los efectos negativos.

Actualmente hay un número importante de proyectos de investigación en marcha que abarcan todas las fases del proceso por parte de la Agencia Internacional de la Energía, de la Unión Europea, y del Departamento de Energía de EEUU, sin olvidar los financiados principalmente por empresas del sector energético. A finales del año pasado tuvo lugar en Londres una reunión entre la Comisión Europea y 22 líderes mundiales promovida por el Carbon Sequestration Leadership Forum -un gran lobby en este ámbito- de cara a impulsar la investigación. También en 2009 se aprobó una directiva referente a la cuestión.

Proceso y métodos
El proceso consiste en capturar el CO2 de fuentes industriales y energéticas y transportarlo a una localización en que será almacenado y donde quedará aislado a largo plazo. Consta de tres etapas principales. En la primera se captura CO2 en su fuente, separándolo de los otros gases que se hayan generado en un lugar determinado, por ejemplo una fábrica. Después hay que transportarlo al lugar elegido, habitualmente de forma comprimida, donde se almacena durante un largo periodo de tiempo; los lugares pueden ser formaciones geológicas subterráneas o profundidades oceánicas.

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Hay varios sistemas que permiten capturar el dióxido de carbono resultante de la combustión, especialmente en el sector eléctrico.

-Post combustión: Los gases resultantes de la combustión del carburante en el aire contienen pequeñas fracciones de CO2. Este se captura por la inyección de los gases en un líquido que absorbe únicamente el CO2.
-Pre combustión: El combustible primario se transforma primero en gas mediante el calentamiento. Esta transformación produce un gas compuesto esencialmente de hidrógeno y de CO2, componentes que pueden ser fácilmente separados. El hidrógeno puede utilizarse para la producción de energía o calefacción.
-Oxicombustión: Se utiliza oxígeno puro para quemar el combustible. El resultado es un gas compuesto esencialmente de vapor de agua y de CO2, que también se pueden separar fácilmente.

Hay unas condiciones que hacen viable capturar el CO2 de una determinada fuente de emisión. Es necesario que la fuente sea de cierta dimensión y fija -centrales eléctricas, plantas de producción- y por tanto habría que descartar fuentes pequeñas, como hogares o tiendas, o medios de transporte. También es muy importante la proximidad de la fuente de emisión y el lugar de almacenamiento ya que se trata de una variable que favorece el objetivo. Sin embargo, el CO2 se puede transportar a grandes distancias por gasoductos de alta presión. Este es el medio más utilizado y uno de los que más reduce el riesgo. También se puede trasladar como líquido, en barcos parecidos a los que transportan el gas licuado del petróleo (GLP). En esta forma también podría llevarse en camiones o vagones cisterna a una presión mucho más baja que en los gasoductos. Obviamente la necesidad de transporte disminuye la rentabilidad de todo el proceso y aumenta el impacto ambiental.

Almacenamiento e incertidumbre
El CO2 comprimido puede ser inyectado en los poros de las formaciones rocosas del subsuelo utilizando muchos de los métodos que actualmente utilizan las industrias del gas y del petróleo como las tecnologías de perforación y de inyección. Las formaciones geológicas aptas para el almacenamiento se encuentran tanto en tierra firme como en el mar. Son reservas agotadas de gas y de petróleo, los acuíferos salinos profundos y las camas de carbón inexplotables. Estos lugares deben estar preferentemente localizados a profundidades iguales o superiores a los 800 m, donde la presión existente mantiene el CO2 en un estado líquido. Se están desarrollando proyectos de almacenamiento a gran escala industrial en el Mar del Norte, en Canadá, Argelia y al estado de Texas. Aunque se aventura la idoneidad de muchos lugares para llevar el CO2, el potencial global es en estos momentos desconocido.
Un escape repentino y rápido de CO2 produciría sobre todo efectos perjudiciales a nivel local para los ecosistemas y aguas subterráneas. Teóricamente estos riesgos son reducidos pero en todo caso habrá que controlar los lugares de almacenamiento durante largos períodos de tiempo para garantizar su seguridad. El CO2 también puede ser inyectado en las profundidades oceánicas. Hay opiniones en la comunidad científica que apuntan a que la agregación de CO2 puede dañar a los organismos marinos como consecuencia de la acidificación pero no se tiene suficiente conocimiento de los efectos a largo plazo que podrían derivarse de la introducción de cantidades indeterminadas de CO2 en grandes áreas oceánicas.

Los costes pero sobre todo las incertidumbres se encuentran en el centro de la argumentación de los principales grupos ecologistas que como Greenpeace o Ecologistas en Acción tienen una opinión negativa sobre estas tecnologías. Por el contrario, las organizaciones favorables como Zero Emisson Plattform han generado una serie de documentos que se pueden descargar en su página web donde proponen análisis detallados de la captura y almacenamiento de CO2 que están orientados a la divulgación pero muy especialmente en el establecimiento de una hoja de ruta para introducir en el mercado las diferentes técnicas en el horizonte 2020. Según esta organización, con la aplicación de este sistema «se podría capturar al menos el 90% de las emisiones de CO2 de las centrales eléctricas y la industria pesada (cemento, acero, productos químicos)». También afirman que el almacenamiento es seguro ya que se utilizan «los mecanismos naturales que han mantenido el petróleo, el gas durante millones de años».

Instrumento transitorio y necesario
Sostenible.cat ha recogido la opinión del economista Josep Garriga Sala que ha sido el primer director de la Oficina Catalana del Cambio Climático (2006-2009) y ha participado activamente en el nuevo desarrollo de la normativa europea del mercado de derechos de emisión. Buen conocedor del debate en torno a la captura y almacenamiento de CO2, opina que «quienes están en contra ponen, efectivamente, el acento en las incertidumbres pero yo creo que todo lo que piensan es que todo el esfuerzo que se dedique a la captura de carbono se sacará de avanzar en las renovables. Pero yo no lo veo como un sustitutivo sino como un elemento complementario: se pueden hacer las dos cosas a la vez «.

Josep Garriga está convencido de que «sólo con el desarrollo de las renovables no podremos reducir las emisiones de la manera que debemos hacerlo en el horizonte 2050» Y añade que «cerrar la puerta a la captura y almacenamiento de carbono sólo beneficia la energía nuclear «. En este sentido también opina que las visiones ecologistas pueden empezar a cambiar.

El ex director de la Oficina Catalana del Cambio Climático pide realismo y recuerda que grandes economías como la china y la estadounidense siguen utilizando una gran cantidad de carbón. «Las fuentes fósiles todavía tendrán importancia durante unos años -apunta- por lo tanto, en este escenario la única manera de mitigar las emisiones es estudiando y desarrollando estas técnicas que son un instrumento transitorio pero necesario». Josep Garriga señala que todavía no existe un acuerdo mayoritario a escala global para impulsar definitivamente esta opción y que en los últimos años se han desarrollado pruebas y proyectos piloto para ampliar el conocimiento científico. Sin embargo apunta que «podríamos entrar pronto en una fase de normalidad en el uso de estas técnicas». Un uso que -como recuerda- viene avalado por un informe especial que hizo el IPCC en 2005 donde dio luz verde para que se continuara investigando en esta línea.

Más allá del almacenamiento
A finales del pasado mes de junio la Fundación Gas Natural organizó una jornada abierta en Barcelona para analizar las ventajas ambientales de la captación, almacenamiento y reutilización del CO2. La jornada sirvió para explicar en qué consisten estos mecanismos y la tecnología que los hace posible, haciendo hincapié en el potencial de almacenamiento en España, en las posibilidades de captación en las actividades de generación eléctrica y en los diferentes usos industriales, biológicos y químicos del dióxido de carbono. También se informó de las líneas de apoyo de la Generalitat de Cataluña, en el marco de las políticas generales del clima.

El hecho más destacado de la jornada fue el planteamiento de ir más allá del almacenamiento y contemplar el potencial del CO2 como recurso que puede servir a diferentes aplicaciones. Este planteamiento se concretó con la presentación del libro El CO2 como Recurso. De la captura a los usos industriales, de Lourdes F. Vega, directora de Investigación y Desarrollo de la empresa Carburos Metálicos y directora del laboratorio de investigación sobre gases MATGAS. La obra define y detalla la situación actual de las técnicas de captación, transporte, almacenamiento y reutilización de CO2, y de la investigación y desarrollo en este ámbito. Probablemente constituye el análisis más profundo que hasta ahora se haya publicado sobre el tema en España. En este sentido se trata de una obra de referencia.

En cuanto a la utilización del CO2 la autora expone que es ya una realidad en diferentes aplicaciones como la directa o tecnológica, la biológica (fijar el CO2 en biomasa para usos diversos, como por ejemplo el cultivo de microalgas para producir biocombustibles) y la química, con la conversión del CO2 en otros productos. Estas aplicaciones aportan valor añadido e innovación y pueden tener incidencia en sectores tan diversos como: la alimentación (conservación, bebidas gaseosas, envasado, refrigeración y congelación) industria en general (textil, química) y tratamiento de aguas. También es posible, por otro lado, convertir el CO2 en productos químicos, combustibles y polímeros mediante diferentes tecnologías biológicas o químicas.

El libro se cierra con un cuidado repaso y descripción de los proyectos más representativos en captura, almacenamiento y valorización del CO2 en la actualidad.

Proyectos de aplicación
En el transcurso de la jornada el director general de Recursos de Gas Natural Fenosa, Antonio Gallart, hizo referencia a la implicación del sector energético español en la búsqueda y puesta a punto de la tecnología de la captación, almacenamiento y aprovechamiento del CO2. Destacó también el proyecto CENIT CO2. Este proyecto ha permitido desarrollar conocimientos, patentes, publicaciones y nuevos proyectos, como plantas de demostración para probar tecnologías de la captura y el almacenamiento del CO2 entre ellas una planta piloto de captura situada en la central térmica de la Robla, propiedad de Gas Natural Fenosa.

Por otra parte el pasado mes de abril la Comisión Europea aprobó destinar 1.000 millones de euros a seis proyectos de captura y almacenamiento de carbono, uno de ellos en España. Los seis proyectos aprobados se encuentran en Jaenschwalde (Alemania), Porto-Tolle (Italia), Rotterdam (Países Bajos), Belchatow (Polonia), Hatfield (Reino Unido) y Compostilla (en la provincia de León, cerca de Ponferrada). Este último, situado en una de las más antiguas y contaminantes centrales térmicas del país recibirá de la Comisión 180 millones de euros y también contará con la participación de Endesa y la Fundación Ciudad de la Energía.

 

Albert Punsola – Periodista – www.sostenible.cat

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