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domingo, enero 29, 2023

Cambio climático y hambrunas

En las últimas décadas han desaparecido las hambrunas en todo el mundo, excepto en muy pocos países, como Somalia y Corea del Norte.

Producimos alimentos suficientes para los cerca de 7.000 millones de habitantes del planeta, pero hay casi 1.000 millones que pasan hambre, recuerda el analista político estadounidense David Rieff (Boston, 1952) en su último libro, El oprobio del hambre (Taurus). A contracorriente del discurso optimista imperante en Naciones Unidas y en otros actores de la ayuda al desarrollo, el hijo de la escritora Susan Sontag describe en Buenos Aires las limitaciones del sistema actual para acabar con la desnutrición.

Pregunta. ¿En qué punto nos encontramos hoy en la historia del hambre?

Respuesta. En las últimas décadas han desaparecido las hambrunas en todo el mundo, excepto en muy pocos países, como Somalia y Corea del Norte. Es un gran éxito si se compara con 1970, por ejemplo, pero no hay una ley que diga que el fin de la hambruna sea permanente, es posible que con guerras o si las cosas van mal con el cambio climático reaparezca. También hay menos pobreza en términos de porcentaje, pero hay 1.000 millones de personas que sufren desnutrición, que toma formas diferentes: hay la desnutrición del hambre y la desnutrición de calorías vacías, la obesidad. No sé si los métodos usados para combatir la hambruna van a servir para luchar contra la desnutrición. No lo creo.

P. ¿Hay alimentos suficientes para todos?

R. Sí. En este momento, el problema no es la cantidad sino la distribución. Por ahora (Thomas) Malthus está equivocado, pero quién sabe, tiene únicamente que ser correcto una vez.

P. ¿Por qué falla la distribución?

R. Porque hay un gran interés en la vida de los pobres, sino no habría villas miserias. Aquí por ejemplo son más pintorescas porque está Patio Bullrich (un lujoso centro comercial), el tren y después la villa. En Nueva York no se ven, pero también existen. Soy bastante cínico cuando pienso en políticos de ambos lados. Por ejemplo, en mi país, prefiero a Hillary Clinton que a Trump, pero no es mucho decir. Tienes que oponerte a Trump porque es un loco bastante peligroso, pero ella va a seguir en la política del consenso actual y este consenso, si hablamos de los pobres es bastante cruel y, si hablamos de los ricos, bastante generoso.

P. ¿A qué responde ese consenso?

R. En este momento, esa visión del capitalismo, la contrarrevolución de (Ronald) Reagan y (Margaret) Tatcher, ha triunfado y no existe un modelo alternativo capaz de tener éxito. Por eso tomo distancia del movimiento antiglobalización, que tiene buenas ideas, pero es un proyecto a largo plazo. Mientras tanto, ¿qué hacemos con los problemas urgentes de la gente, con la desnutrición, con la desigualdad?

P. ¿Qué hacemos? ¿Cuál debería ser la estrategia para luchar contra el hambre?

R. Creo que el Estado debería recuperar su posición central en el desarrollo. En este momento el actor principal es el sector privado, que se ha hecho con el control. Filántropos como (Bill) Gates no pueden estar al frente de la batalla contra la pobreza y la desnutrición porque no se trata de un problema técnico, sino que debajo de esas situaciones hay un problema de desigualdad e injusticia, que son cuestiones políticas. Gates en sus discursos dice que aún no hay una buena respuesta científica, pero que vamos a descubrirla con la ciencia. Hablar en esos términos me parece una declaración religiosa y no racional. A la pobreza se la vence con medidas políticas, no con filantropía. Tenemos que restituir el poder a los estados, sabiendo que muchos gobiernos no van a hacer nada, pero sabiendo que al menos hay una posibilidad.

P. ¿Qué poder tiene Gates para marcar la agenda del desarrollo mundial?

R. El programa de la OMS para polio depende de una contribución del 17% de Gates, más que el Gobierno norteamericano, eso es el poder. Gates puede hacer lo que quiere. No hay votantes, no tiene responsabilidad ante un público. Por ejemplo, si Gates mañana quiere cerrar su fundación, puede hacerlo.

P. ¿Hay estados que puedan servir como ejemplo?

Rieff durante la entrevista. Rieff durante la entrevista. Ricardo Ceppi

R. Brasil. Durante la Presidencia de Lula y menos con la de Dilma tuvo un progreso importante en cuanto a la desnutrición. México también. Tiene muchos problemas, pero la desnutrición está mejor ahora que en el pasado gracias a programas estatales, que no tienen vínculos específicos con un partido.

P. Si hay un compromiso estatal, ¿se puede llegar a la pobreza cero, tal y como figura en las prioridades de Gobierno de Macri?

R. No, cero no, es un sueño. Pero hay que verlo como un objetivo, como el horizonte, que no existe pero es necesario. Hablar de eliminar la pobreza no me parece equivocado, pero a cada gobierno del mundo hay que preguntarle entre la diferencia que hay entre sus declaraciones y las intenciones y aquí usted podría decir más que yo sobre Macri.

P. La declaración de Macri está en línea con los Objetivos de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas, que confían en llegar a 2030 con un mundo sin pobreza.

R. Creo que el optimismo actual es equivocado y la fe -insisto en la palabra- en la tecnología y las ciencias no es una conclusión racional. Nos hablan de un cuento del progreso inevitable y yo soy griego, creo en la historia cíclica y no en el progreso. John Gray dice que hace 50 años la utopía dominante fue el marxismo, pero ahora hay una migración del pensamiento utópico de la izquierda a la derecha. Ahora la utopía más importante es el neoliberalismo. ¿Cómo es el eslogan de Macri? Revolución de la alegría. Es la utopía neoliberal perfectamente definida.

P. ¿Cómo se imagina el mundo en 2030?

R. Más o menos igual o peor. Mucho va a depender de lo que ocurra con el cambio climático. Si llegamos a frenar el cambio climático quizás podamos lograr algunas cosas, pero si no lo logramos frenar volverán las hambrunas con certitud.

P. ¿Vamos a poder llegar a un acuerdo contra el cambio climático?

R. Es muy complejo porque los chinos, los indios, no van a ponerse de acuerdo con los europeos. Lograr un cambio de cultura, un gran acuerdo general lo veo muy difícil. Por eso no hablo de solucionar, frenar el problema sería para mí una victoría.

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