“Colombia tiene otra crisis a las puertas de su casa, esta vez a causa de la vulnerabilidad de un recurso precioso: el agua. Con casi 50.000 metros cúbicos de agua disponibles por persona al año, Colombia es técnicamente uno de los países más ricos hídricamente del mundo, pero se enfrenta a una problemática real.”
Sí, pero no
Por definición, si un recurso es abundante, debería ser imposible que al mismo tiempo resultase escaso. Sin embargo, esta es exactamente la situación actual del agua en Colombia y ello tiene un buen número de causas.
La contaminación, la infraestructura inadecuada, la distribución desigual y la variabilidad extrema en las precipitaciones anuales hacen que el país sea susceptible en alto grado a padecer estrés hídrico.

Las sequías, influenciadas por el patrón climático de El Niño, sólo han exacerbado la situación. A pesar de que las conversaciones de paz progresan y estabilizan el país, los bajos precios del petróleo continuarán limitando su capacidad para invertir y expandir la infraestructura. Y sin inversión y mayor aplicación de las políticas existentes, el acceso a los recursos hídricos de Colombia seguirá siendo incierto para muchos.

Hidrología de Colombia
El país cuenta con numerosos recursos hídricos, pero enfrenta una escasez económica de agua, que es cuando la demanda de agua supera la capacidad de proveerla, a causa que las infraestructuras resultan ineficientes y/o insuficientes.
En Colombia, la localización de gran parte de los recursos no coincide con la cantidad de población a la que abastece. Las cuencas de los ríos Magdalena y Cauca apoyan a más de dos tercios de la población del país, pero sólo contienen el 13 por ciento del agua disponible.

Mientras tanto, la cuenca del Amazonas provee casi del 40 por ciento de los recursos de agua superficiales totales de la nación, pero la gran mayoría de los pobladores de dicha cuenca no son beneficiarios directos de la misma.
La contaminación por actividades industriales y agrícolas y la falta de tratamiento de aguas residuales en algunas zonas limitan la cantidad de agua agravando la distribución desigual y forzando las cuencas del río Magdalena y del Cauca.

Tampoco existe una cultura del cuidado de este preciado líquido, ya que en las zonas donde el agua abunda, las tasas son muy bajas y se suele hacer un uso indiscriminado de la misma, generalmente porque no se les enseña a los consumidores cómo ser responsables en el gasto del agua.
En definitiva, hacen falta más infraestructuras, una mejor planificación y distribución de los recursos, una coordinación de esfuerzos y que se hagan cumplir las leyes, además de campañas educativas, para que el agua no sea un problema en un país al que le sobra este recurso.






















