En los últimos días se ha repetido una idea muy llamativa en redes y titulares sensacionalistas. Supuestamente en Suecia la gente estaría retirando las placas solares de sus tejados porque la inversión ya “no les sale a cuenta”. Suena dramático y preocupante. Pero cuando miramos los datos de cerca la historia es bastante distinta.
Lo que sí es real es que el sector de la instalación solar en Suecia atraviesa un bache serio. En 2025 se han registrado unas ciento sesenta insolvencias de empresas vinculadas a la fotovoltaica, más que las ciento cuarenta y siete del año anterior según datos de la firma de crédito UC y del rastreador sectorial Laddtorsk. Detrás de estas quiebras hay una mezcla complicada que incluye recortes de ayudas públicas, tipos de interés altos, caída de precios de los sistemas y un mercado residencial bastante saturado.
En paralelo el Gobierno sueco ha cambiado las reglas del juego para el autoconsumo. La conocida deducción fiscal para “tecnología verde” que permitía desgravar un veinte por ciento de los costes de instalación de placas solares baja al quince por ciento a partir del uno de julio de 2025. Además se elimina la deducción específica para la microproducción de electricidad renovable desde el uno de enero de 2026. En la práctica esto significa que quien se plantee hoy poner placas en su casa tendrá algo menos de apoyo fiscal y un retorno de la inversión más lento si solo mira la factura de la luz.
Entonces qué hay de los suecos “bajando placas del tejado”. Aquí entra el matiz importante. El artículo checo que ha popularizado esa imagen ha sido desmentido por los verificadores de datos de Manipulátoři, que lo califican directamente como bulo. Explican que no existen casos documentados de propietarios retirando instalaciones solares que ya funcionan y están conectadas a la red. Quitarlas implicaría trabajos eléctricos y de seguridad complejos y costosos para recuperar algo de dinero en un sistema que ya produce energía. En palabras sencillas no tiene mucho sentido económico.
Lo que sí está ocurriendo en buena parte del país es otra cosa menos vistosa pero más preocupante para los consumidores. Las quiebras han dejado a muchos hogares con instalaciones a medio hacer o con problemas de garantía. En numerosos contratos las familias adelantaron entre un veinte y un cincuenta por ciento del coste del proyecto y ahora dependen de los administradores concursales para intentar recuperar algo del dinero. Es una situación incómoda que genera desconfianza. Y se nota cuando alguien se plantea si firmar o no su propia instalación.
El contexto energético tampoco ayuda. Suecia venía de un boom solar. En 2023 la potencia fotovoltaica conectada a red rondaba los cuatro gigavatios y la solar aportaba cerca de un dos por ciento de la generación eléctrica nacional, con un crecimiento anual superior al cien por cien. Pero a medida que se añaden más paneles aparecen más horas con precios mayoristas muy bajos o incluso negativos, algo que ya se observa en 2024 y 2025. Para un hogar con autoconsumo esto significa que la electricidad que exporta a la red vale menos justo en las horas de máximo sol.
Además los operadores de red suecos reconocen que los procedimientos para conectar baterías aún son lentos y poco claros. Y sin un almacenamiento bien integrado es más difícil aprovechar toda la energía propia cuando el precio del mercado se hunde. Al final el ciudadano se pregunta con razón cuánto tardará en amortizar el sistema completo, más aún si está pagando un préstamo con tipos de interés altos.
Este frenazo sueco tampoco ocurre en el vacío. A nivel europeo la patronal SolarPower Europe prevé que 2025 sea el primer año en una década con descenso en las nuevas instalaciones solares en la Unión, sobre todo por la caída del segmento residencial cuando se retiran ayudas de emergencia tras la crisis energética. Suecia es en buena medida un ejemplo extremo de un problema que empieza a verse en otros países.
Qué lecciones deja todo esto para quien vive en España u otro país europeo y se plantea llenar el tejado de placas. La primera es obvia. No basta con mirar el folleto verde o la promesa de “cero euros en tu factura”. Conviene revisar la solvencia de la empresa instaladora, entender bien las condiciones de garantía y saber qué pasa con tu dinero si la compañía desaparece. Nadie quiere quedarse con una estructura sin conectar y un crédito que seguir pagando.
La segunda lección tiene que ver con la estabilidad regulatoria. Un recorte moderado de las ayudas puede ser razonable si el sector ya ha madurado, pero cambios bruscos o mal explicados pueden frenar de golpe la confianza de los hogares. Y en un momento en que necesitamos más renovables para reducir emisiones de CO2 no solo importan los paneles. Importa también que las reglas sean comprensibles para cualquiera que mire su tejado y su factura de la luz y se pregunte si compensa dar el paso.
En resumen en Suecia no hay una estampida de propietarios arrancando placas solares de sus tejados. Hay un sector que creció muy rápido, que ahora ajusta tras el recorte de ayudas y la subida de costes financieros y que deja lecciones sobre cómo no gestionar la transición renovable si queremos que sea justa y estable.
La proposición oficial con el recorte de las ayudas se ha publicado en el portal del Gobierno de Suecia bajo el título Förändrade skattesubventioner för solceller och mikroproduktion av el.





















