En China quieren dejar de depender del petróleo y ahora están construyendo embalses para almacenar energía que funcionan como baterías por bombeo

Publicado el: 1 de abril de 2026 a las 15:49
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Embalse hidroeléctrico en China utilizado como sistema de almacenamiento de energía por bombeo.

China ha instalado tanta energía eólica y solar que el reto ya no es solo producir, sino encajar esa electricidad en la red sin sobresaltos. Cuando hay sol y viento, la generación se dispara. Cuando cae la tarde o cambia el tiempo, toca tirar de flexibilidad para que no falte luz.

La receta que está ganando peso combina dos herramientas muy distintas. Una son embalses que «guardan» energía subiendo y bajando agua, la otra son baterías cada vez más grandes repartidas por el territorio. En la práctica, el mensaje es claro, la transición energética también se juega en el almacenamiento.



El récord renovable que lo cambia todo

La Administración Nacional de Energía de China (NEA) cifra la potencia renovable total en 2.340 GW al cierre de 2025, alrededor del 60% de toda la capacidad eléctrica instalada. Dentro de ese bloque, la suma de eólica y solar ya alcanza 1.840 GW, cerca del 47% del total. Por primera vez, ese dúo supera a la potencia térmica.

El salto de 2025 fue especialmente llamativo. Solo en un año, China añadió 120 GW de eólica y unos 317 GW de solar, una cifra que ayuda a entender por qué la red necesita «músculo» extra para equilibrarse.



Ese ritmo también explica por qué se habla tanto del objetivo de 1.200 GW para 2030. Xi Jinping lo puso sobre la mesa en diciembre de 2020, y el país lo rebasó con varios años de adelanto.

Embalses que funcionan como una batería gigante

La hidroeléctrica de bombeo es más fácil de imaginar de lo que parece. Cuando sobra electricidad, se usa para bombear agua desde un embalse inferior a otro superior. Cuando la demanda aprieta, el agua baja y mueve turbinas. Es energía guardada en forma de altura.

China ya tiene cifras que impresionan. La NEA informa de que la potencia de bombeo llegó a 65,94 GW a finales de 2025, después de añadir 7,48 GW nuevos en ese mismo año. Dicho de otra forma, el «modo batería» del agua sigue creciendo.

La gracia de este sistema es su escala. Sirve para almacenar mucho durante horas y para aportar estabilidad, algo clave cuando entra de golpe una nube sobre un gran parque solar o cuando el viento cae justo en el pico de consumo.

Baterías en tierra firme y a velocidad récord

La otra pieza del puzle es el llamado almacenamiento de «nuevo tipo», donde mandan las baterías. En una comparecencia oficial, la NEA explicó que la capacidad ya construida y en operación alcanzó 136 GW y 351 GWh al cierre de 2025, con un crecimiento del 84% frente a 2024. La duración media subió a 2,58 horas.

Hay un dato que resume bien la tendencia. Según la NEA, el 96,1% de esa capacidad usa baterías de ion litio, mientras otras opciones (como aire comprimido o baterías de flujo) todavía son minoritarias. También crece el tamaño, los proyectos de 100 MW o más ya pesan mucho en el total.

Y aparece un matiz interesante. La China Energy Storage Alliance (CNESA), que sigue el sector con su base de datos, sitúa la potencia acumulada de almacenamiento de «nuevo tipo» en 144,7 GW a finales de 2025. No es una contradicción, suele depender de cómo se cuentan proyectos y de qué entra en cada categoría. (en.cnesa.org)

Menos desperdicio y más seguridad para la red

Todo esto no va solo de tecnología, también va de clima y de economía. La NEA calcula que en 2025 las renovables generaron 3,99 billones de kWh, alrededor del 38% de toda la electricidad del país. Además, el aumento de generación renovable (519,3 TWh) cubrió prácticamente todo el crecimiento del consumo (516,1 TWh).

La propia agencia lo expresa de forma muy gráfica, «de cada 10 kWh consumidos, casi 4 son electricidad verde». En el día a día, esto se traduce en más horas donde la demanda se cubre sin quemar carbón, siempre que la red y el almacenamiento acompañen.

¿Y por qué importa tanto el almacenamiento? Porque ayuda justo cuando el sistema más sufre, en los picos de tarde y noche, o cuando la producción renovable cae de golpe. Es el «colchón» que evita tirar a la primera de lo fósil.

La letra pequeña ambiental y lo que viene después

Convertir embalses en baterías puede tener impactos locales. Nuevas obras, cambios en el uso del agua o presión sobre ecosistemas son riesgos reales, y por eso ganan interés proyectos de circuito cerrado o el uso de infraestructuras existentes para reducir huella.

Las baterías, por su parte, abren otro frente. Necesitan minerales, cadenas de suministro y, sobre todo, planes claros de seguridad y reciclaje para que el beneficio climático no venga con un problema de residuos mañana.

La siguiente etapa apunta a más flexibilidad. Análisis sobre el próximo plan quinquenal chino hablan de reforzar el almacenamiento, incluyendo objetivos del orden de 100 GW de bombeo, además de un empuje fuerte a las baterías. Falta ver el detalle final, pero la dirección parece marcada.

El comunicado oficial más reciente sobre el balance de renovables de 2025 ha sido publicado por la Administración Nacional de Energía de China.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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