Los arrozales de l’Albufera no son solo el escenario de la paella. También sostienen un humedal protegido, con agua y biodiversidad, y forman parte del paisaje valenciano de toda la vida. El problema es que este año la variedad Albufera podría ver caer su producción un 80% por culpa del hongo piricularia, según alerta AVA-ASAJA.
Con este panorama, el Consell Valencià de Cultura (CVC) ha movido ficha. En un informe aprobado el 23 de marzo de 2026 pide autorizaciones excepcionales para usar fungicidas hoy fuera de la normativa y, sobre todo, más investigación y medidas integrales para no perder un cultivo que también cumple una función ambiental.
Así ataca la piricularia
La piricularia es un hongo que puede atacar el cuello de la espiga y cortar el flujo de nutrientes hacia el grano. Si llega a tiempo, la espiga se queda a medias o vacía, y el golpe se nota en la cosecha. El informe del CVC recoge que ha habido campos con un 100% de ataques.
Además, se propaga con facilidad en un mosaico de agua. Las esporas viajan con el viento y también pueden transmitirse por el agua, y los restos de cosecha o semillas infectadas pueden actuar como “punto de partida” para la campaña siguiente. Y no hace falta lluvia, el rocío nocturno puede ser suficiente, con humedades altas (a partir del 89%) y temperaturas en torno a 25 a 28 grados.
Un solo fungicida no basta
Aquí aparece el nudo del problema. Cristóbal Aguado, presidente de AVA-ASAJA, asegura que “el Albufera… se va a reducir en un 80%” y que se han llegado a hacer cuatro o cinco tratamientos con el único producto permitido, con un efecto mínimo. También avisa del riesgo de resistencias cuando se repite siempre la misma materia activa, algo que vincula a lo que viene señalando el IVIA.
El CVC aporta contexto con una comparación muy entendible. Miguel Minguet, responsable sectorial del arroz de AVA-ASAJA, dice que “un fungicida es el equivalente para una persona a un antibiótico” y recuerda que la caja de herramientas se ha reducido mucho con los años (de unas 900 sustancias activas en 2001 a alrededor de 470 en la actualidad). En la última campaña, el informe cifra pérdidas en arroz Albufera en torno al 75%.
El debate en un humedal protegido
El arroz está ligado a zonas húmedas que hoy están protegidas. El CVC insiste en que hay una “simbiosis” con el espacio natural, porque el cultivo ayuda a regular los flujos de agua y a mantener biodiversidad. Por eso, cada decisión sobre fungicidas tiene que mirar también a la Albufera.
Pero la otra cara es igual de real. El informe advierte de que, si el problema no se corrige, el siguiente paso puede ser el abandono, y con ello un impacto serio en el paisaje tradicional del parque natural. De hecho, recuerda el retroceso de décadas, al pasar de 50.000 hectáreas cultivadas de arroz a unas 15.000 y de 140 molinos arroceros a 9.
Las medidas sobre la mesa
A corto plazo, el CVC pide a la Conselleria de Agricultura que, junto con las organizaciones agrarias, siga negociando con el Ministerio autorizaciones excepcionales para fungicidas no contemplados en la normativa, como recurso puntual y “dentro de los parámetros de sostenibilidad”.
Esta vía encaja con el marco europeo, donde el Reglamento (CE) 1107/2009 deja claro que debe primar la protección de la salud y del medio ambiente. Aun así, se contempla la posibilidad de autorizaciones de emergencia por un máximo de 120 días y para un uso controlado y limitado cuando hay un peligro que no puede contenerse por otros medios razonables.
Para no vivir siempre al día, el informe pide reforzar con recursos al IVIA y al Servicio de Salud Vegetal. También recomienda aplicar medidas agronómicas que reducen el riesgo (usar semilla certificada, gestionar restos de cultivo y malas hierbas, ajustar el abonado nitrogenado y la densidad de siembra). Y plantea explorar acuerdos público privados para impulsar nuevos productos que cumplan los criterios de la UE.
Lo que cambia para quien compra arroz
El CVC también apunta al mercado. Propone que se trabaje un etiquetado claro que indique la procedencia real del arroz y que se refuercen campañas de promoción de la Denominación de Origen (DO) Arròs de València. En la práctica, esto significa facilitar que el consumidor sepa qué está apoyando cuando llena la despensa.
Y el contexto importa. AVA-ASAJA sitúa en torno a 180.000 hectáreas la superficie agraria abandonada en la Comunitat Valenciana, un síntoma de que la rentabilidad se está agotando en muchas zonas. Si el arroz autóctono cae, no solo perdemos un producto, también se resiente el equilibrio de un espacio natural emblemático.
El informe oficial del Consell Valencià de Cultura sobre la afectación del hongo piricularia en el arroz valenciano ha sido publicado en la web del CVC.













