El coche eléctrico mantiene una ventaja difícil de ignorar cuando se recarga en casa. La comparación oficial del Ministerio para la Transición Ecológica, actualizada el 17 de junio de 2026, sitúa el coste en 2,75 euros por cada 100 kilómetros, frente a 9,68 euros con gasolina y 8,56 euros con gasóleo. Pero la recarga rápida pública sube hasta 8,37 euros, y ahí la diferencia casi desaparece.
La Rioja avanza, aunque lo hace con dos velocidades. El último Barómetro de ANFAC coloca a la comunidad cerca de la media española en electromovilidad y contabiliza 355 puntos públicos operativos, pero también 125 fuera de servicio. El ahorro existe, sí, pero aprovecharlo depende de dónde se aparca, dónde se carga y de que el cargador funcione.
La factura cambia el cálculo
Daniel Rueda, secretario general del Clúster de Automoción de La Rioja, lo resume con una cuenta sencilla. «Recorrer 100 kilómetros con un coche de combustión te cuesta entre 10 y 15 euros. Con un vehículo eléctrico se reduce a los 2 o 3 euros si lo recargas en casa», explica.
La estimación encaja con la referencia estatal, aunque no es una tarifa garantizada para todos. Un conductor que complete 15.000 kilómetros al año gastaría unos 1.040 euros menos que con gasolina, tomando como base los costes medios oficiales. No es poca cosa, sobre todo cuando la factura del combustible aprieta cada mes.
Casa y carretera no cuestan igual
La clave está en esas últimas palabras, «si lo recargas en casa». La CNMC señala que los precios públicos suelen moverse entre 0,30 y 0,45 euros por kWh en cargadores de menos de 22 kW, mientras que los equipos de más de 150 kW suelen situarse entre 0,55 y 0,70 euros por kWh. A cambio, reducen mucho el tiempo de espera.
¿Qué significa esto en la práctica? Quien dispone de garaje y una tarifa adecuada puede cargar durante la noche y acercarse a esos 2 o 3 euros por cada 100 kilómetros. Quien depende siempre de estaciones rápidas pagará bastante más y tendrá que contar también con posibles tasas de ocupación o aparcamiento.
Una red con puntos débiles
La Rioja dispone ya de 355 puntos públicos operativos, según los datos de ANFAC cerrados el 30 de junio de 2026. Junto a ellos aparecen 125 puntos fuera de servicio, lo que equivale a cerca del 26 % de la infraestructura instalada si se suman ambos grupos. La propia asociación advierte de que la información sobre averías o falta de conexión procede de avisos de usuarios.
En solo un trimestre, la red operativa ha pasado de 331 a 355 cargadores. El crecimiento se concentra en las zonas urbanas, que suben de 172 a 196 puntos, mientras que los interurbanos se mantienen en 159. Es una mejora, pero no resuelve del todo la inquietud de quien sale a carretera y no quiere encontrarse un icono en el mapa que luego no carga.
También importa la potencia. De los 355 puntos riojanos, 232 ofrecen hasta 22 kW y están pensados para paradas largas, mientras que 22 alcanzan al menos 250 kW. Estos últimos se acercan más a la experiencia de un repostaje convencional, aunque todavía son una minoría.
Se vende mejor de lo que se extiende
El indicador global de electromovilidad de La Rioja alcanza 26,4 puntos sobre 100, frente a los 26,9 de España. En el apartado que mide el vehículo electrificado sobre el mercado total, la comunidad obtiene 37,9 puntos y supera los 36,5 nacionales. Sin embargo, baja a 31,4 cuando se relaciona el vehículo electrificado con la población en edad de conducir, por debajo de los 35,3 de España.
Conviene aclararlo. Estas cifras no son porcentajes directos de ventas, sino índices que miden la distancia respecto a los objetivos fijados por ANFAC para 2030. En el fondo, muestran que el coche con enchufe gana espacio en los concesionarios más deprisa de lo que se renueva el parque móvil del conjunto de la población.
La industria también cambia
La transición no afecta solo al conductor. Rueda explica que las empresas dedicadas a piezas de propulsión, transmisión o escape «se tienen que reinventar o redefinir sus componentes», mientras que la adaptación resulta menos brusca para quienes fabrican interiores o elementos estéticos. El motor cambia y arrastra con él a buena parte de la cadena industrial riojana.
El marco europeo también está en movimiento. La norma vigente fija desde 2035 una reducción del 100 % en las emisiones medias de CO2 de los coches y furgonetas nuevos respecto a 2021, pero una propuesta de la Comisión plantea rebajar el objetivo de escape al 90 % y compensar el resto con acero bajo en carbono y combustibles alternativos. Mientras esa reforma no complete su tramitación, el objetivo legal sigue siendo el 100 %.
Qué debe mirar el conductor
Antes de comprar, conviene hacer una cuenta con la vida real y no solo con el catálogo. Hay que valorar si existe una plaza donde instalar un cargador, cuánto cuesta la electricidad contratada, cuántos kilómetros se recorren y qué parte de las cargas se hará fuera de casa. Un eléctrico puede ser muy barato en el día a día, pero la ventaja se reduce si depende casi siempre de la carga rápida.
También merece la pena revisar la potencia y el estado de los puntos habituales antes de viajar. Tener muchos cargadores en una estadística sirve de poco si son lentos, están ocupados o aparecen fuera de servicio. La movilidad eléctrica necesita vehículos asequibles, una red fiable y una industria capaz de adaptarse al mismo tiempo.
Por ahora, esta es la fotografía más reciente de una transición que avanza, pero todavía tiene tareas pendientes.
El Barómetro de la Electromovilidad del segundo trimestre de 2026 ha sido publicado por ANFAC.



