La salinización del delta del Nilo amenaza el acceso al agua en Egipto, según ha advertido el relator especial de la ONU para el derecho al agua, Pedro Arrojo. El desvío de recursos hídricos hacia proyectos de irrigación en el desierto y la sobreexplotación de acuíferos están acelerando un proceso que compromete la sostenibilidad del territorio donde vive la mayor parte de la población egipcia.
El aumento del nivel del mar, la subsidencia del terreno y la retención de sedimentos en grandes embalses agravan una situación ya frágil. A ello se suma la contaminación por residuos industriales y agrícolas, que multiplica la concentración de metales pesados a lo largo del curso del río.
El delta constituye una de las zonas más fértiles y densamente pobladas del país, donde se concentra una gran parte de la producción agrícola nacional.
Sin embargo, la intrusión salina degrada la calidad del suelo, reduce el rendimiento de cultivos básicos como arroz, trigo y hortalizas, y obliga a muchos agricultores a emplear más agua para intentar lavar la sal acumulada, lo que a su vez agrava la presión sobre los recursos hídricos.
La salinización del delta del Nilo amenaza el acceso al agua en Egipto en un contexto de cambio climático
El relator de Naciones Unidas alerta de riesgos ambientales, sobreexplotación de acuíferos y falta de transparencia en la gestión hídrica.
El trasvase de agua del Nilo a «proyectos de irrigación en el desierto» y la sobreexplotación de los acuíferos suponen un enorme riesgo para Egipto, ya que esos usos del agua aceleran la salinización del delta del río más largo de África, dónde habita la mayor parte de la población del país.
Así lo advirtió este martes en El Cairo el relator Especial de Naciones Unidas para los Derechos Humanos al agua potable y al saneamiento, Pedro Arrojo, en el marco de una ponencia organizada por la ONU y en el contexto de su visita al país invitado por las autoridades locales para elaborar y presentar un informe con recomendaciones sobre la situación del agua y su saneamiento en la nación norteafricana.
Durante su intervención, Arrojo puso el foco en «la alarmante vulnerabilidad del delta (del Nilo) a la salinización» y censuró en ese sentido las últimas inversiones públicas en «irrigación en el desierto», que «están mayormente dedicadas a grandes explotaciones» destinadas a la «exportación agrícola».
Irrigación en el desierto y presión sobre acuíferos
Estos proyectos «generan serios riesgos medioambientales y desvían grandes volúmenes de agua», poniendo en riesgo «la sostenibilidad del delta frente a las actuales perspectivas de cambio climático» y dejando vulnerables a «los sistemas de riego existentes» frente a posibles «periodos de sequía», afirmó.
También se refirió al cambio climático como otro de los causantes de la salinización del delta, debido a la intrusión de agua marina en los acuíferos del Nilo «como consecuencia del aumento del nivel del mar».
Además, remarcó que dicha situación tiende a empeorar al combinarse con el hundimiento progresivo del terreno (o subsidencia) que provoca la falta de sedimentos en el delta, al quedar estos «retenidos en grandes embalses aguas arriba».
Contaminación y metales pesados en el río
Más allá de la salinización del delta, Arrojo recordó que el río más largo de África se ve afectado por la contaminación procedente de residuos industriales y agrícolas, que «se acumulan a lo largo de un vasto corredor lineal de 1.000 kilómetros».
Para ejemplificarlo, el relator de la ONU explicó que la concentración de metales pesados tóxicos en las aguas del Nilo en Asuán, próximo a la frontera sur de Egipto, «se multiplica casi por 20» en el delta, al norte, cerca de la desembocadura.
Destacó, además, que la contaminación del agua no siempre se puede percibir a través de la vista, el olfato o el gusto y, por ello, es muy peligrosa: «nos podemos estar envenenando poco a poco sin darnos cuenta», advirtió.
En este contexto, lamentó la ausencia de datos públicos verificados sobre la calidad del agua del Nilo
Durante su intervención, Arrojo planteó que «el agua es un bien básico» y «de interés público», tanto «como el aire», y que, por tanto, no tiene sentido tratarla como un bien de mercado.
El agua como derecho humano y bien público
Más allá de la salinización del delta, Arrojo recordó que el río más largo de África se ve afectado por la contaminación procedente de residuos industriales y agrícolas, que «se acumulan a lo largo de un vasto corredor lineal de 1.000 kilómetros».
Subrayó que los problemas de acceso al agua para uso humano en Egipto no se limitan a la infraestructura, sino que en ellos también influye la capacidad económica de los afectados.
El relator de la ONU aseguró que, incluso cuando existe red disponible, no todas las personas pueden asumir los costes del servicio.
Por ello, alentó al Gobierno egipcio a «aplicar el principio de prioridad» para el agua de uso humano, a fin de garantizar así la disponibilidad de agua saneada en todo el país, incluso en periodos de sequía, pero avisó de que un modelo de gestión del agua basado en los derechos humanos «requiere transparencia», para identificar sus carencias y resolverlas.
La ONU insiste en que actuar con rapidez será clave para evitar desplazamientos internos, pérdidas masivas de cosechas y tensiones sociales ligadas a la escasez de agua. La protección del delta, concluyen los informes, no es solo una cuestión ambiental, sino también estratégica para la estabilidad futura del país.




















