El cambio climático está transformando de manera profunda los ecosistemas acuáticos, y los lagos de todo el mundo se encuentran entre los más vulnerables. Estos cuerpos de agua dulce, esenciales para la biodiversidad, el abastecimiento humano y la regulación climática local, experimentan impactos directos derivados del aumento de las temperaturas, la variabilidad en las precipitaciones y los fenómenos meteorológicos extremos.
Y no solo eso, como queda claro en numerosos informes, la acción del hombre está sumándose a ese deterioro gradual que llevan estas masas de agua. De no cambiar la realidad, las generaciones futuras se sumirán en un riesgo de supervivencia al depender de los lagos.
Malos tiempos para los lagos
Existen más de 100 millones de lagos por todo el planeta, según un estudio destacado. Pero muchos no son lo que solían ser. Desde Bolivia hasta Sudáfrica y más allá, el cambio climático, la contaminación y la extracción excesiva están cambiando drásticamente estos cuerpos de agua. Muchos se han reducido a nada. Otros están que revientan sus bancos. Algunos incluso se han vuelto verdes.
“Hoy en día, algunos de los lagos más conocidos e importantes del mundo son una sombra de lo que eran hace solo unas décadas”, dice Dianna Kopansky, líder de la Unidad de Ecosistemas de Agua Dulce y Humedales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). “Necesitamos revertir esta disminución. Si no lo hacemos, podría ser calamitoso para los cientos de millones de personas que dependen de los lagos para su supervivencia”.
Ayer se celebró el Día Mundial de los Lagos para advertir de cerca de las mayores amenazas para los lagos del mundo —y lo que se puede hacer al respecto—.
Cambio climático que atenaza a los lagos
Un panel global de especialistas en clima ha descubierto que el cambio climático está desestabilizando el ciclo hidrológico, el sistema finamente ajustado que distribuye agua alrededor del mundo. El aumento de las temperaturas, nos informan, está intensificando la evaporación y cambiando los patrones de lluvia. En algunos lugares, esto está aumentando las posibilidades de sequías que reducen los lagos, como una que casi privó a Ciudad del Cabo, Sudáfrica —hogar de 4,7 millones de personas— de agua.
En otros lugares, el aumento de la evaporación junto con temperaturas del aire cada vez más altas está provocando tormentas de lluvia más intensas, lo que hace que sus lagos se desborden. Ese es un futuro que podría afectar incluso a la cuenca desértica más grande del mundo, el lago Turkana de Kenia. Un estudio del PNUMA encontró que dicha cuenca probablemente verá un aumento en sus inundaciones en las próximas décadas, amenazando a los 15 millones de personas que viven a lo largo de su costa.
Mientras tanto, en muchas áreas montañosas, las temperaturas en franco ascenso están aumentando los riesgos de lo que se conoce como desbordamiento de lagos glaciares. Estas inundaciones potencialmente catastróficas pueden ocurrir cuando el casquete de hielo que retiene un lago montañoso se derrite, liberando cascadas de agua cuesta abajo.
La mano del hombre
A pesar de lo dañino que ha sido el cambio climático, Kopansky menciona que a menudo palidece en comparación con lo que los humanos hemos hecho con los lagos al desviar sus aguas más rápido de lo que pueden reponerse —un proceso conocido como extracción excesiva—. Esto puede ocurrir de muchas formas. A veces, el agua es desviada de los lagos —o de manera igualmente dañina, de sus afluentes—, para abastecer a las ciudades. Otras veces, es utilizada para impulsar presas hidroeléctricas. A menudo, se toma para regar tierras de cultivo.
El mar de Aral en Asia Central es el vivo ejemplo del declive impulsado por el riego; el cuarto lago más grande del mundo en tiempos pasados, el Aral se ha marchitado dramáticamente desde que sus afluentes fueron desviados en la década de 1960. Pero esto está sucediendo en todo el mundo, incluso en el altiplano boliviano. Allí, el que alguna vez fue el segundo lago más grande de Bolivia, el lago Poopó, ha sido reducido a un salar estéril por una combinación devastadora de desvíos de agua y cambio climático.
Un informe de 2024 del PNUMA y ONU-Agua encontró que los cuerpos de agua superficiales, incluyendo los lagos, se están reduciendo o se han perdido por completo en 364 cuencas en todo el mundo, es decir, casi el 3 por ciento de todas las cuencas. Se estima que 93,1 millones de personas viven en esas regiones.
Y la contaminación, otro factor clave
La contaminación, declaran las y los especialistas, es una amenaza creciente para los lagos del mundo y las comunidades que les rodean. Especialmente problemáticas para las personas y los animales que viven en lagos son las aguas residuales sin tratar y la escorrentía agrícola. Además de inyectar patógenos y pesticidas en los lagos, estas fuentes de contaminación también suelen contener fósforo y nitrógeno. A niveles suficientemente altos, estos nutrientes pueden matar peces, alimentar floraciones de algas tóxicas y privar de oxígeno a los lagos, creando las llamadas zonas muertas hostiles para la vida acuática.
Eso es lo que un equipo de científicos cree que puede estar sucediendo en el lago Victoria, el lago más grande de África, donde un aumento en cierto tipo de bacterias ha vuelto las aguas verdes. Al mismo tiempo, el incremento de la evaporación, la extracción excesiva, el aumento de las precipitaciones y las temperaturas cada vez mayores también pueden empeorar la calidad del agua.
El PNUMA monitorea la calidad del agua de 4.000 grandes lagos en todo el mundo. Más de una cuarta parte se está volviendo cada vez más turbia, o nubosa, y casi el 15 por ciento está experimentando un aumento en materia orgánica. Esos son dos signos reveladores de contaminación producida por ciudades, granjas y fábricas. “Semejantes números deberían ser un llamado de atención”, recalca Kopansky. “No podemos seguir tratando a los lagos como vertederos”.
¿Qué se puede hacer para revertir la realidad de los lagos de todo el mundo?
Los lagos proporcionan el 90 % del agua dulce superficial del mundo y, junto con los ríos que los alimentan, sustentan los medios de vida de unos 60 millones de personas. Kopansky recalca que no es demasiado tarde para revertir la suerte de muchos de los debilitados lagos del planeta. Para lograrlo, menciona que los países pueden realizar tres acciones principales:
- Avanzar en lo que se conoce como gestión integrada de los recursos hídricos, un proceso de planificación que equilibra el uso del agua entre varios sectores, como la industria y la agricultura, de manera que se mejore la calidad de vida sin comprometer la salud a largo plazo de los ecosistemas;
- Adoptar un enfoque a nivel de cuenca para la gestión del agua y el control de la contaminación, involucrando a grupos locales e indígenas, el sector privado, agricultores y otras partes interesadas para abordar los desafíos que enfrentan los lagos; e
- Invertir en el monitoreo de datos recopilados sobre los lagos e invertir asimismo en la aplicación de dicho monitoreo, de modo que los problemas como la contaminación puedan detectarse antes de que lleguen a niveles de crisis.
La protección de los lagos del mundo es una parte clave del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, un acuerdo internacional para salvaguardar el mundo natural. El acuerdo pide a los países que conserven y restauren el 30 por ciento de las aguas continentales, que incluyen los lagos, para 2030. “La buena noticia es que tenemos el conocimiento y la tecnología para revertir esta situación”, concluye Kopansky. “Lo que realmente necesitamos es la voluntad de comenzar a tratar todos nuestros lagos como los preciosos recursos que son”.