No es el calor ni el plástico ni la sequía… es la mezcla: científicos descubren por primera vez que el verdadero daño ambiental ocurre cuando los contaminantes actúan juntos

Publicado el: 22 de enero de 2026 a las 09:46
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Experimento con muestras de suelo en laboratorio para estudiar efectos combinados del cambio climático en entornos urbanos

Cuando pensamos en cambio climático en la ciudad solemos mirar al cielo, a las olas de calor, o a la factura de la luz por el aire acondicionado. Mucho menos miramos al suelo que pisamos. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad Libre de Berlín, publicado en la revista científica Nature Communications, advierte de que la mezcla de varios factores de estrés está dañando de forma silenciosa los suelos urbanos.

El trabajo se centra en algo que todos intuimos en nuestro día a día. Las ciudades sufren más calor, periodos de sequía cada vez más largos, sal de carreteras en invierno, deposición de nitrógeno procedente del tráfico y la industria, restos de detergentes y microplásticos que llegan por el agua o el desgaste de los neumáticos. Hasta ahora, la mayoría de experimentos estudiaban cada uno de estos factores por separado, como si actuaran en mundos distintos. La realidad es justo la contraria, se combinan siempre.



Para acercarse a esa realidad, el equipo de Rebecca Rongstock trabajó con 140 muestras de suelo en una cámara climática en Berlín. Aplicaron seis estresores típicos de entornos urbanos, calentamiento del suelo, sequía, salinidad similar a la que provoca la sal de deshielo, deposición de nitrógeno, microplásticos procedentes de neumáticos y un tensioactivo comparable a los de muchos productos de limpieza. Compararon tres escenarios, suelo sin tratar, suelo con un solo factor y suelo sometido a la combinación de todos ellos mientras iban retirando uno a uno para ver qué papel jugaba cada cual.

Midieron la actividad de los microbios del suelo, la descomposición de materia orgánica y la estabilidad de los llamados agregados, esos “grumos” que hacen que el suelo sea esponjoso, deje entrar el agua y el aire y pueda albergar vida. El resultado es claro. La combinación de todos los factores fue siempre negativa frente al suelo control. Y lo más llamativo, algunos factores que parecían neutros o incluso beneficiosos cuando se analizaban solos se volvían problemáticos en combinación. El calentamiento moderado aumentaba por sí solo la actividad microbiana y mejoraba parte de la estructura del suelo, pero cuando se sumaba a sal, sequía y contaminación, la salud del suelo caía en picado.



¿Qué está pasando ahí abajo. El propio equipo apunta a un mecanismo sencillo de imaginar para cualquiera que haya visto cómo se seca una maceta al sol. Con más calor y menos agua, la humedad del suelo se evapora antes y las sales y contaminantes disueltos se concentran. Esa “sopa” más tóxica daña a los microbios que mantienen el suelo vivo y rompe los agregados que le dan estructura. El estudio confirma también que la salinidad, muy ligada al uso de sal en carreteras y aceras, es de las presiones más dañinas tanto cuando actúa sola como cuando forma parte del cóctel de estresores.

Rebecca Rongstock resume la paradoja con una idea clave. Los experimentos con un solo factor pueden llevarnos a conclusiones engañosas, porque “no sabemos cómo interactúan los factores de estrés cuando se presentan juntos”, explica. El profesor Matthias Rillig añade que, si de verdad queremos proteger los ecosistemas, no siempre tiene sentido fijarse solo en el factor que por separado parece más potente. Puede ser más efectivo actuar sobre la combinación que, en conjunto, provoca los peores resultados.

¿Qué significa todo esto para quienes gestionan parques, arbolado viario o huertos urbanos en Europa. En buena medida, que mirar el suelo con una sola “gafa” se ha quedado corto. Los datos del estudio indican que reducir la salinidad mejora prácticamente todas las funciones medidas del suelo, y que limitar el calentamiento y la sequía del suelo ayuda a frenar la acumulación de sustancias dañinas. No es un manual de recetas, pero sí una brújula, suelos menos salinizados, menos secos y menos recalentados resisten mejor el resto de impactos.

En la práctica esto se traduce en decisiones muy concretas, revisar el uso de sal en calles y carreteras, mantener un riego mínimo que evite que los alcorques pasen meses como polvo duro, apostar por pavimentos permeables que reduzcan el efecto isla de calor y permitan infiltrar agua, o minimizar la llegada de detergentes y microplásticos a las zonas verdes. Son medidas que muchas ciudades ya barajan por separado, pero este trabajo recuerda que su efecto conjunto sobre el suelo puede ser mayor de lo que parece a primera vista.

El mensaje de fondo es claro y bastante humano. Igual que a una persona no le afecta igual un día de calor si duerme bien y come sano que si además sufre estrés, contaminación y mala alimentación, los suelos urbanos no responden igual a un solo impacto que a varios a la vez. Entender esas combinaciones, y priorizar la reducción de los factores que más daño hacen en conjunto, será clave para conservar suelos sanos en ciudades cada vez más cálidas y densas.

El estudio científico oficial se titula “Global change factors differ in effect when acting alone and in a multi factor background” y ha sido publicado en la revista Nature Communications.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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