Suavizar los objetivos de emisiones de los coches de combustión para el año 2035 podría dejar 19.000 empleos menos en España, según datos del ICCT, al frenar el desarrollo del vehículo eléctrico.
Dar más tiempo a los coches de combustión puede pasarle una factura laboral a la industria europea. Suavizar los objetivos de reducción de CO₂ y retrasar 5 años su aplicación podría dejar al sector con 185.000 empleos menos en 2035 respecto a 2025, según un estudio del Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT). En España, la pérdida estimada podría llegar a los 19.000 puestos.
El análisis señala un efecto que cuestiona uno de los argumentos para relajar las exigencias: conservar temporalmente trabajos ligados al motor térmico también ralentizaría la creación de empleo en vehículos eléctricos, baterías e infraestructura de recarga. El resultado sería una pérdida neta de ocupación, pese al alivio inicial para la fabricación de modelos de gasolina y diésel.
La alternativa que plantea el ICCT combina los estándares actuales con medidas para reforzar la producción europea de vehículos eléctricos. Bajo ese escenario, el empleo podría crecer un 10 % entre 2025 y 2035, con 320.000 puestos adicionales. Entre impulsar esa transformación y retrasar las exigencias existe una diferencia de 505.000 empleos: dos trayectorias que muestran cuánto puede pesar la política industrial en el futuro del sector.
La factura ‘extra’ de los coches de combustión
Suavizar los objetivos de reducción de emisiones de los coches de combustión para 2035 podría costar hasta 185.000 puestos de trabajo a nivel europeo en el sector del automóvil, según un estudio publicado este miércoles por el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT).
Una regulación más débil aplazaría temporalmente la destrucción de empleo en la producción de coches de combustión, pero al mismo tiempo ralentizaría el crecimiento en la fabricación de coches eléctricos y baterías y en la instalación y mantenimiento de infraestructura de carga, sostiene la organización independiente con sede en Berlín, provocando una pérdida neta de empleo.
El ICCT analizó diversos escenarios y señaló que, por ejemplo, si se mantuvieran los objetivos actuales de reducir las emisiones en un 55 % hasta 2030 y en un 100 % hasta 2035, los empleos en el sector se mantendrían relativamente estables.
El crecimiento a lo largo de la cadena de suministro de los vehículos con baterías eléctricas crearía suficientes trabajos como para compensar las pérdidas provocadas por el desfase del motor de combustión e incluso habría un aumento neto del 2 %.
Todo cambia según el escenario
En un escenario de actuación proactiva por parte de las autoridades europeas -que combina los estándares actuales con medidas para fortalecer la producción de vehículos eléctricos-, los empleos incluso podrían aumentar en un 10 % entre 2025 y 2035, con la creación de 320.000 puestos adicionales.
Por el contrario, si se materializan las propuestas para aligerar los objetivos de CO2 y retrasar su aplicación en cinco años, hasta 2035 se podrían perder 185.000 empleos, un 6 % con respecto a 2025.
De estos, se destruirían casi 77.000 empleos en Alemania, el mayor fabricante europeo de automóviles; cerca de 28.000 en Francia; 21.000 en Polonia e Italia, respectivamente y 19.000 en España.
A partir del nivel actual de 3,3 millones de empleos en el sector, según se haga realidad el segundo o el tercer escenario, por tanto, hay una diferencia de casi medio millón de empleos, de acuerdo con la organización.
«Debilitar los estándares de CO2 se está presentando como una manera de proteger empleos, pero nuestro análisis muestra lo contrario», declaró la autora principal del estudio del ICCT, Sandra Wappelhorst, sobre los coches de combustión.
Los coches de combustión no ayudarán a los trabajadores
«En lugar de ello, la UE debería plantearse complementar sus estándares con medidas para fortalecer las cadenas de suministro de vehículos eléctricos domésticas. Agarrarse a una tecnología obsoleta como la de los coches de combustión interna no ayudará a largo plazo a los trabajadores», aseguró.
Francia y Alemania alcanzaron este mes un pacto para el sector del automóvil, que prevé suavizar los objetivos de reducción de emisiones de los coches de combustión para 2035 e impulsar la «preferencia europea» en el sector.
En base a este acuerdo, los fabricantes de automóviles sí tendrían que reducir las emisiones medias de CO2 de su flota en un 90 % para 2035, pero, al contrario de lo que preveía la propuesta de la Comisión Europea (CE), ya no tendrían que compensar el 10 % restante con el uso de combustibles sostenibles y acero verde.
¿Y qué pasa con el mercado mundial?
La disputa europea se produce mientras el mercado mundial sigue avanzando hacia la electrificación. Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2025 se vendieron más de 20 millones de coches eléctricos e híbridos enchufables, un 20 % más que el año anterior y una cuarta parte de las ventas mundiales.
China concentró casi el 75 % de su producción global. Estas cifras añaden otra dimensión al debate con horizonte 2035: además del ritmo de sustitución del motor de combustión, Europa se juega dónde se fabricarán los vehículos que ganan terreno en el mercado.













