Naturaleza. La tijereta común es un complejo de al menos cuatro especies

Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han confirmado que la tijereta común (Forficula auricularia), un insecto caracterizado por los cercos en forma de pinza al final de su abdomen.

El trabajo, publicado en la revista ‘Zoological Journal of the Linnean Society’, muestra que, mientras que una de esas especies es claramente distinta a las demás en cuanto a su morfología, el resto forma un conjunto de especies crípticas, es decir, especies idénticas morfológicamente, pero distintas a nivel genético.

«La tijereta común es nativa de la región occidental Paleártica, que se extiende desde la Península Ibérica hasta Rusia; y ha sido introducida en zonas de América y Australia donde se utiliza para el control de plagas«, explica Rubén González-Miguéns, investigador del MNCN-CSIC y del Real Jardín Botánico (RJB-CSIC).

Según indica el investigador, esta especie ha sido objeto de debate entre los científicos desde finales de los años 90, cuando se determinó que en realidad podía tratarse de un conjunto de al menos otras dos especies crípticas, de las que apenas se han estudiado su distribución y ecología. «Nuestro objetivo fue definir la distribución geográfica de esos linajes e identificar otros nuevos para tratar de descubrir qué se oculta realmente bajo el nombre de la especie», señala por su parte la investigadora del MNCN-CSIC, Paloma Mas Peinado.

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Para ello, los investigadores hicieron un análisis filogeográfico, es decir, un estudio de los procesos que han generado la distribución actual de la especie, a partir de ADN nuclear y mitocondrial de muestras de distintas partes del mundo. También compararon la morfología y los nichos climáticos que ocupan los posibles linajes identificados.

«Los resultados muestran que la especie ‘Forficula auricularia’ es en realidad un complejo de al menos cuatro especies con una historia evolutiva independiente: ‘Forficula aeolica’, ‘Forficula mediterranea’, ‘Forficula dentata’ y ‘Forficula auricularia’. Todas ellas, a excepción de ‘F. aeolica’, son prácticamente idénticas morfológicamente, pero diferentes a nivel genético, lo que indica que se trata de especies crípticas», detalla Mario García-París, también investigador del MNCN-CSIC.

Este investigador recuerda que casos como el de la tijereta común son más frecuentes de lo que se piensa en la naturaleza, por lo que, en la identificación de especies y de los procesos por los que se han originado, no solo basta con centrarse en estudios de ADN o morfológicos, sino que «es fundamental combinarlos y complementarlos para tener una visión más amplia y acertada de su historia evolutiva».

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