Un estudio en Current Biology documenta en Austria un uso flexible del cepillo y reabre el debate sobre la cognición de los bovinos
Una vaca llamada Veronika, de raza pardo suiza, ha sido grabada en una granja de Nötsch im Gailtal (sur de Austria) mientras manipulaba una escoba para aliviarse picores en zonas de difícil acceso. El gesto, que puede parecer anecdótico, ha acabado convertido en un artículo científico porque los autores sostienen que no se trata de un simple frotamiento casual, sino de uso de herramientas con propósito, elección del “extremo” adecuado y adaptación del movimiento al objetivo.
El trabajo, firmado por Antonio J. Osuna-Mascaró y Alice M. I. Auersperg, plantea que Veronika muestra una flexibilidad funcional difícil de encajar en la idea clásica de que este tipo de conductas quedan reservadas a primates y a unas pocas especies especialmente estudiadas. La investigación se apoya en observación prolongada y en pruebas controladas realizadas en el propio entorno del animal, una explotación donde Veronika vive como mascota de la familia de Witgar Wiegele, agricultor ecológico.
La clave no es solo que “use” un objeto, sino cómo lo usa. Según la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, los investigadores colocaron ante la vaca un cepillo de cubierta (una escoba con cerdas rígidas) en posición horizontal, alternando de forma aleatoria la orientación de las cerdas. En cada sesión registraron qué extremo escogía Veronika y qué zona del cuerpo buscaba rascar.
Esa diferenciación, unida a la recolocación del utensilio con la lengua y la boca, es lo que lleva a los autores a hablar de un instrumento “multipropósito”. Osuna-Mascaró resume el punto de inflexión con una frase que condensa el argumento del estudio: “she adapted the tool-end and the technique depending on what area she wanted to scratch”.
La literatura científica acostumbra a ser estricta con el concepto de herramienta. National Geographic recuerda que, para considerarlo como tal, el animal debe agarrar el objeto de manera intencional y dirigir su extremo funcional hacia un objetivo, generando una interacción mecánica que resuelva una tarea. Bajo ese listón, el comportamiento de Veronika supera la categoría de juego o manipulación exploratoria.
Los datos divulgados por medios especializados y generalistas coinciden en una cifra que se ha convertido en titular por sí sola. Veronika repitió el uso del cepillo decenas de veces en las sesiones (76 episodios registrados), un volumen que ayuda a descartar la casualidad y refuerza la idea de aprendizaje y elección.
La discusión de fondo va más allá del vídeo. Durante milenios de domesticación, los bovinos han sido observados sobre todo desde un prisma productivo, no cognitivo. Algunos especialistas apuntan que esa mirada condiciona lo que la ciencia busca y, por tanto, lo que encuentra. La propia Auersperg lo expresa así, al advertir que el debate no trata de “descubrir” de golpe una inteligencia oculta, sino de asumir que las oportunidades importan y que el entorno puede facilitar la aparición de conductas que, en condiciones industriales, pasan inadvertidas.
El caso sugiere una hipótesis incómoda para la cultura popular. Si un animal social y domesticado muestra capacidad de innovación instrumental cuando dispone de tiempo, estímulos y un ambiente poco estresante, la pregunta ya no es si Veronika es “una excepción”, sino cuántas conductas parecidas quedan invisibles por falta de condiciones para que afloren. Science subraya precisamente ese posible sesgo de observación sobre los animales de granja, tradicionalmente menos estudiados en el terreno de la cognición comparada.El estudio ha sido publicado en Current Biology.


















