Mientras cerca de 500 tractores bloqueaban el centro de Madrid para protestar contra el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur y los recortes de la nueva PAC, en Palencia una cooperativa resume bien la encrucijada del campo español. Se trata de Agropal, un grupo con más de 8.000 agricultores y ganaderos socios que siente en primera persona la presión de producir de forma sostenible y competir con importaciones que llegan con reglas diferentes.
La tractorada del 11 de febrero en la capital puso el foco en una queja que se repite en los pueblos españoles. Los productores denuncian que el tratado con Mercosur permitirá la entrada de alimentos más baratos que no cumplen las mismas exigencias sanitarias y ambientales que se piden dentro de la Unión. César Reales, director general de Agropal, lo resumía con una frase clara al afirmar que el acuerdo beneficia a la industria pero se carga la agricultura española, y recordaba que tiene “8.000 jefes”, los socios de la cooperativa, cuyas explotaciones dependen de estas decisiones.
Al mismo tiempo, esa misma cooperativa se ha convertido en un pequeño laboratorio de transición ecológica en plena meseta. Su fábrica de quesos Quesos Cerrato dejó de usar gas natural licuado en 2016 y hoy genera el vapor que necesita con una caldera alimentada con pellets de paja procedentes de las explotaciones socias. Una parte importante de ese subproducto agrícola, que antes generaba costes de gestión, se aprovecha ahora como biocombustible renovable dentro de un esquema de economía circular.
Tractores en la ciudad, burocracia en los pueblos
La protesta de los tractores no se explica solo por Mercosur. Detrás hay años de sensación de ahogo por una burocracia ambiental que los agricultores perciben como asimétrica. Para desbrozar un lindero, quemar restos de poda o llevar el ganado a pastar en una zona protegida encadenan permisos y controles, mientras que en las fronteras entra género de terceros países que, según denuncian, no siempre acredita la misma trazabilidad ni los mismos estándares de bienestar animal.
¿Quiere esto decir que las normas ambientales sobran? No exactamente. La Estrategia De la Granja a la Mesa, pieza central del Pacto Verde europeo, busca que todo el sistema alimentario sea más justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente, desde la producción hasta el consumo y la lucha contra el desperdicio. El conflicto aparece cuando esos objetivos se aterrizan en explotaciones familiares que ya trabajan con márgenes ajustados y menos manos que antes. El reloj corre más deprisa que la política y eso se nota.
Una cooperativa que ancla población y valor en el territorio
Agropal nació en Castilla y León en 1971 para que los agricultores de cereal pudieran defender mejor sus precios. Medio siglo después se ha convertido en una de las grandes cooperativas agroalimentarias del país, con socios repartidos por varias provincias y una actividad que va mucho más allá del grano. Hoy gestiona cereales y legumbres, fabrica piensos, recoge leche, elabora unos seis millones de kilos de queso al año y ofrece fertilizantes a medida y semillas certificadas, además de servicios de asesoría técnica y administrativa para sus socios.
Desde la propia cooperativa defienden un modelo que integra toda la cadena alimentaria. En la práctica esto significa que la leche de vaca, oveja y cabra de sus socios se transforma en quesos que se venden en las principales cadenas de distribución y se exportan a más de treinta países, al tiempo que se crea empleo estable para más de un centenar de personas en pueblos como Baltanás y en toda la comarca del Cerrato. Para el territorio, la diferencia entre tener una industria así abierta o cerrada se traduce en bares, colegios y comercios que siguen encendidos o que bajan la persiana.
Detrás de cada loncha de queso hay bastante más que sabor.
Biomasa en lugar de gas y economía circular
La sustitución del gas por biomasa en la planta de Quesos Cerrato es un ejemplo concreto de cómo el sector primario puede recortar emisiones sin deslocalizarse. Según la Asociación Española de la Biomasa, la caldera de la quesería tiene capacidad para producir cuatro toneladas de vapor por hora y trabaja a nueve bares de presión, alimentada con pellets elaborados a partir de la paja excedentaria de los socios. Ese combustible renovable puede abaratar en gran medida el coste frente al gas natural y reduce la dependencia de combustibles fósiles importados.
Además, el hecho de que la paja se produzca y se transforme en el mismo entorno evita transportes largos y encaja con la lógica de los productos de kilómetro cero que promueve la propia Unión Europea en su Estrategia De la Granja a la Mesa. El grupo cooperativo estudia extender este tipo de calderas a otros procesos como la deshidratación de forrajes o el secado de cereal, lo que ampliaría el ahorro de emisiones y consolidaría una nueva fuente de valor para los socios, que ven cómo cada campaña es más incierta.
Aquí la transición ecológica no es un eslogan, es una factura de energía que baja.
Relevo generacional y decisiones de consumo
Reales insiste en que el mayor reto del campo no son solo los tratados comerciales, sino la falta de manos. Solo una pequeña parte de la población activa se dedica ya a la agricultura y la ganadería y cuesta encontrar relevo en muchas explotaciones. En buena parte, la tecnología está compensando esa escasez con maquinaria más precisa, herramientas digitales y una gestión más profesionalizada, pero la despoblación también tiene consecuencias ambientales visibles, desde montes menos cuidados hasta un mayor riesgo de incendios forestales en veranos cada vez más largos y calurosos.
Para contrarrestar el relato negativo, desde la cooperativa recuerdan que trabajar en el campo ofrece libertad, contacto diario con la naturaleza y capacidad de tomar decisiones propias. Ya no es el trabajo casi exclusivamente físico de hace décadas, porque la mecanización ha cambiado por completo las tareas. La otra cara de la moneda es que los agricultores son pequeños empresarios y asumen riesgos que no afronta quien tiene un salario fijo.
En el lado del consumidor, Agropal ha impulsado productos que conectan con la preocupación creciente por la salud y el medio ambiente. Un ejemplo es el queso elaborado con avena, que aprovecha el tirón de este cereal en alimentos percibidos como más saludables y refuerza la imagen nutricional del propio queso, rico en proteínas y calcio. El mensaje hacia el público es sencillo. Elegir alimentos de cooperativas locales ayuda a sostener explotaciones familiares, empleo rural y modelos productivos más coherentes con los objetivos climáticos.
Cada carro de la compra es también un voto
La tensión entre tratados como el de la Unión Europea con Mercosur y la transición ecológica del campo seguirá en el centro del debate. Lo que muestran experiencias como la de Agropal es que la sostenibilidad ambiental y la viabilidad económica pueden ir de la mano si se alinean las reglas, se simplifican los trámites y se reconoce el valor de quien cuida del territorio todo el año.El caso de la caldera de biomasa de Quesos Cerrato y su papel como ejemplo de economía circular en el medio rural se ha descrito en detalle está publicado en la web de AVEBIOM.
Foto: EFE



















