Los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que pensaba la ciencia. Estas especies, conocidas por sus alturas imponentes y su longevidad, no solo representan maravillas de la naturaleza, sino que también desempeñan funciones ecológicas esenciales en sus ecosistemas como refuerza este informe.
Sin embargo, en los últimos años, la atención de la comunidad científica se ha centrado en cómo estas especies de gran envergadura enfrentan los efectos del cambio climático, particularmente la sequía prolongada que afecta a muchas regiones del mundo. Un problema que no es algo esporádico y afecta cada vez más.
Tradicionalmente, se pensaba que los árboles gigantes eran extremadamente vulnerables a la sequía debido a su tamaño y a sus altas demandas de agua. La lógica indicaba que, al tener una biomasa tan grande, requerían cantidades significativas de agua para mantener sus procesos vitales, y que las condiciones de sequía podrían poner en peligro su supervivencia. Sin embargo, ahora esto se pone de evidencia.
Los científicos han realizado monitoreos detallados sobre cómo los árboles gigantes responden a la sequía. Utilizando tecnologías como sensores de humedad en el suelo, análisis de la conductividad de los vasos conductores en la madera y mediciones de la transpiración, los investigadores han descubierto que estos árboles pueden regular eficazmente su consumo de agua, incluso durante largos periodos de sequía.
Los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que pensaba la ciencia
Un estudio internacional con participación del CREAF demuestra que los árboles tropicales más altos han desarrollado sofisticadas adaptaciones para soportar la escasez de agua, una capacidad que podría ser clave para conservar los grandes sumideros naturales de carbono frente al cambio climático.
Los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que pensaba la ciencia, desmontando una de las hipótesis más aceptadas sobre los grandes bosques tropicales. Una investigación internacional concluye que estos colosos han desarrollado mecanismos internos capaces de mantener el suministro de agua incluso cuando alcanzan alturas superiores a los 70 metros.
El descubrimiento, publicado en la revista Science y con participación del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), supone una noticia esperanzadora para la lucha contra el cambio climático, ya que estos árboles almacenan una enorme cantidad del carbono presente en los bosques tropicales.
Los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que pensaba la ciencia gracias a un sistema hidráulico excepcional
Hasta ahora, numerosos modelos científicos consideraban que los árboles de mayor altura eran especialmente vulnerables a los periodos de sequía, debido a la enorme dificultad que supone transportar agua desde las raíces hasta las copas situadas a decenas de metros del suelo.
Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que especies como el Kapur (Dryobalanops lanceolata) o el White Seraya (Parashorea malaanonan) han desarrollado adaptaciones fisiológicas que compensan ese desafío y mantienen un suministro eficiente de agua.
Esta capacidad explica por qué algunos de los árboles más altos del planeta continúan creciendo y sobreviviendo incluso durante episodios prolongados de escasez hídrica.
El xilema actúa como una autopista para transportar el agua
La clave de esta resistencia se encuentra en el xilema, el tejido conductor encargado de transportar el agua desde las raíces hasta las hojas.
Los investigadores comprobaron que, en estos gigantes forestales, los conductos microscópicos del xilema aumentan progresivamente de diámetro desde la copa hacia la base del tronco, reduciendo la resistencia al flujo de agua y facilitando el transporte incluso a grandes alturas.
Además, las hojas modifican su composición interna aumentando la concentración de sales y azúcares, una estrategia que mejora la retención de agua y permite mantener la fotosíntesis durante más tiempo en condiciones secas.
Dos años de seguimiento durante un episodio extremo de El Niño
El nuevo estudio demuestra que especies como el Kapur (Dryobalanops lanceolata) o el White Seraya (Parashorea malaanonan) han desarrollado adaptaciones fisiológicas que compensan ese desafío y mantienen un suministro eficiente de agua.
Para comprobar cómo funcionaban estos mecanismos en condiciones reales, el equipo científico realizó un seguimiento durante dos años de 38 árboles pertenecientes a cinco especies diferentes en los bosques del norte y noroeste de la isla de Borneo.
El periodo de estudio coincidió con un episodio de sequía extrema asociado al fenómeno climático de El Niño, ofreciendo una oportunidad excepcional para evaluar la respuesta de estos árboles bajo condiciones ambientales muy exigentes.
En la investigación participaron instituciones científicas de España, Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y la República Checa, con financiación del Consejo de Investigación del Medio Natural de Gran Bretaña.
Una buena noticia para frenar el cambio climático
Los autores califican el hallazgo como una «buena noticia», ya que el 1 % de los árboles más altos del planeta almacena más de la mitad del carbono retenido en la vegetación de los bosques tropicales.
Esto significa que su supervivencia resulta esencial para mantener uno de los mayores sumideros naturales de CO₂ del planeta y limitar el avance del calentamiento global.
El estudio también plantea que muchos modelos climáticos podrían haber sobreestimado el riesgo de muerte por sequía de estos árboles al no considerar adecuadamente sus adaptaciones hidráulicas.
El descubrimiento puede cambiar la forma de proteger los bosques
Los investigadores consideran que estas estrategias de supervivencia podrían no ser exclusivas de las selvas tropicales asiáticas.
Por ello, proponen ampliar este tipo de estudios a otros ecosistemas, incluidos los bosques mediterráneos, para conocer si especies de gran porte utilizan mecanismos similares frente al estrés hídrico.
Comprender mejor cómo responden los árboles al cambio climático permitirá diseñar modelos más precisos, mejorar las estrategias de conservación y proteger los bosques que desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima mundial.
El descubrimiento cambia una idea ampliamente aceptada durante décadas: la enorme altura de los árboles no implica necesariamente una mayor vulnerabilidad frente a la sequía. Al contrario, la evolución ha dotado a estos gigantes forestales de sofisticados mecanismos hidráulicos que les permiten seguir creciendo incluso en condiciones climáticas adversas.
Además de mejorar el conocimiento sobre el funcionamiento de los bosques tropicales, este avance científico aporta una perspectiva más optimista sobre la capacidad de algunos ecosistemas para resistir el calentamiento global. Proteger estos árboles seguirá siendo una prioridad, ya que su papel como grandes almacenes naturales de carbono resulta decisivo para frenar el cambio climático.
Los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que pensaba la ciencia, explicado en 15 segundos
¿Por qué los árboles gigantes resisten mejor la sequía de lo que se pensaba?
Porque han desarrollado adaptaciones hidráulicas que mejoran el transporte del agua desde las raíces hasta las hojas. Estas modificaciones reducen el esfuerzo necesario para distribuir el agua incluso en ejemplares que superan los 70 metros de altura.
¿Qué especies analizaron los investigadores?
El estudio se centró principalmente en especies tropicales como el Kapur (Dryobalanops lanceolata) y el White Seraya (Parashorea malaanonan), dos de los árboles más altos de las selvas del sudeste asiático.
¿Qué importancia tienen estos árboles para el clima?
Los árboles gigantes almacenan enormes cantidades de carbono. De hecho, el 1 % de los ejemplares más altos del planeta retiene más de la mitad del carbono presente en la vegetación de los bosques tropicales, por lo que su conservación es fundamental para combatir el cambio climático.
¿Cómo realizaron la investigación?
Los científicos siguieron durante dos años el comportamiento de 38 árboles de cinco especies diferentes en los bosques de Borneo, aprovechando un episodio de sequía extrema asociado a El Niño para analizar su respuesta fisiológica.











