Los científicos no dan crédito al desarrollar un pequeño robot que vuela tan rápido como un abejorro.

Publicado el: 26 de diciembre de 2025 a las 06:01
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Micro robot con forma de insecto posado sobre la piel humana

Un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha presentado un microrrobot aéreo capaz de moverse con una velocidad y agilidad comparables a las de un insecto, un salto técnico que durante años se le había resistido a la robótica de muy pequeño tamaño. El prototipo, diseñado para ejecutar maniobras rápidas y precisas, ha logrado completar 10 volteretas consecutivas en 11 segundos y mantener el rumbo incluso con perturbaciones de viento.

El avance no se explica solo por el hardware. El punto diferencial está en el “cerebro” del sistema. Según MIT News, la mejora llega con un esquema de control en dos fases que combina robustez (para maniobras agresivas) y eficiencia computacional (para operar en tiempo real).



Un robot diminuto con un problema clásico

La robótica aérea a escala insecto sufre una paradoja. Al reducir tamaño y masa, el vuelo se vuelve más sensible a turbulencias, errores de modelo y pequeñas variaciones aerodinámicas. En otras palabras, cualquier “soplo” cuenta, y el margen de corrección se estrecha. El preprint asociado al trabajo describe esa brecha frente a los insectos y la atribuye a una dinámica rápida, incertidumbre aerodinámica y alta susceptibilidad a perturbaciones.

Hasta ahora, muchos microrrobots voladores se quedaban en trayectorias suaves y lentas. Este prototipo persigue lo contrario (cambios bruscos de orientación, frenadas, giros rápidos). En pruebas, el robot incrementó su rendimiento de forma notable, con un 447% más de velocidad y un 255% más de aceleración respecto a demostraciones previas del propio equipo.



El enfoque se apoya en dos piezas que se reparten el trabajo.

  • Primero, un controlador predictivo genera planes de vuelo muy exigentes, con restricciones para evitar colisiones y respetar los límites de fuerza y par del robot. MIT News explica que esta fase permite planificar maniobras complejas (como volteretas repetidas) pero sería demasiado pesada para ejecutarla en tiempo real sobre un sistema con recursos limitados.
  • Segundo, esa inteligencia se “comprime” con aprendizaje por imitación en una política basada en aprendizaje profundo que sí puede correr a alta frecuencia, transformando la posición del robot en órdenes de control en tiempo real (empuje y pares).

El artículo técnico aporta métricas concretas de esa ambición. Habla de un robot de 750 miligramos, capaz de alcanzar una velocidad lateral de 197 centímetros por segundo y una aceleración de 11,7 metros por segundo al cuadrado, además de ejecutar volteretas y mantener el control bajo perturbaciones de viento. 

Tamaño, potencia y el siguiente cuello de botella (la autonomía real)

El equipo no presenta esto como un producto listo para operar en exteriores. El propio artículo de MIT News, publicado el 3 de diciembre de 2025, subraya que el objetivo inmediato es dotar al microrrobot de cámaras y sensores a bordo para reducir la dependencia de sistemas externos y acercarlo al vuelo fuera del laboratorio.

En esa línea, los investigadores mencionan como línea de trabajo la integración de percepción para evitar colisiones entre robots y coordinar navegación, un requisito si estas máquinas acaban funcionando en enjambre o en entornos con obstáculos dinámicos.

Por qué importa (más allá del vídeo de volteretas)

La relevancia práctica no está en la acrobacia, sino en lo que sugiere sobre el control. Si un robot de escala insecto puede sostener maniobras agresivas sin desestabilizarse, se abren escenarios donde drones convencionales tienen limitaciones por tamaño o por riesgo de choque. MIT Newsmenciona explícitamente contextos como búsqueda y rescate en huecos y espacios estrechos tras un terremoto, un entorno donde el acceso suele ser el principal enemigo.

Quedan incógnitas importantes (autonomía energética, carga útil real, fiabilidad fuera del laboratorio, comportamiento con polvo y humedad). Pero el mensaje de fondo es nítido (la robótica minúscula empieza a cerrar la distancia con los insectos en el terreno donde estos son casi imbatibles, el control bajo incertidumbre).

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