Quien haya paseado por un acantilado de la costa española, por California o por Nueva Zelanda reconocerá la escena al instante. Una alfombra densa de hojas carnosas y flores fucsias o amarillas que parecen iluminar la arena. Son las conocidas plantas de hielo, del género Carpobrotus, originarias de Sudáfrica y hoy catalogadas como especie exótica invasora en España.
Un nuevo estudio internacional ha analizado más de mil setecientas fotos geoetiquetadas para demostrar que estas plantas no solo se expanden, también están ajustando su calendario de floración en las zonas invadidas. Esa “trampa” en el calendario les da ventaja frente a la flora nativa y complica todavía más su control.
Selfies de playa convertidos en datos científicos
El trabajo, liderado por la doctora Susan Canavan desde la Universidad de Galway, se apoya en una idea sencilla pero potente. Si todo el mundo hace fotos con el móvil en los mismos miradores, playas y paseos marítimos, esas imágenes pueden servir para saber cuándo están en flor las plantas invasoras.
El equipo recopiló fotografías de Carpobrotus en Instagram, Google Maps e iNaturalist, tomadas en seis países que incluyen tanto su área de origen en Sudáfrica como regiones invadidas en Argentina, Nueva Zelanda, Portugal, España y Estados Unidos.
“Nos dimos cuenta de que miles de personas estaban documentando sin saberlo estas invasiones en el fondo de sus selfies en la playa y de sus fotos de atardeceres en los acantilados”, explica Canavan. Para la ciencia es como disponer de miles de “becarios” repartidos por el mundo, sin necesidad de enviar brigadas de campo a cada costa.
Este enfoque se encuadra en la llamada iEcología, el uso de huellas digitales en internet para estudiar especies y ecosistemas a gran escala con un coste relativamente bajo.
Cuándo florece la invasora y qué implica
Al ordenar las fotos por fecha y lugar, los científicos dibujaron el pulso anual de floración de Carpobrotus. En el hemisferio sur, por ejemplo en Nueva Zelanda, el máximo se concentra en octubre. En California y en la fachada atlántica europea el pico llega entre mayo y junio, justo cuando muchos ecosistemas costeros “se despiertan” tras el invierno.
En un primer vistazo parecía que distintos linajes genéticos de la planta tenían calendarios de floración muy distintos. Sin embargo, cuando el equipo incluyó en los modelos las diferencias entre localidades, la imagen cambió. Según el estudio, el factor clave no es tanto la genética como el lugar concreto y la región florística en la que se encuentra cada población.
En muchas áreas no nativas se observa además un periodo de floración más prolongado que en Sudáfrica. Eso significa más días ofreciendo néctar y polen a los insectos y, en buena parte, más semanas produciendo semillas. En la práctica se traduce en una mayor presión de propágulos, es decir, más semillas acumuladas en el banco de semillas del suelo, listas para germinar tras una perturbación.
Costas bonitas por fuera, empobrecidas por dentro
A simple vista, estas alfombras de flores dan una imagen muy “instagrameable” del litoral. El problema es lo que ocurre debajo. Las matas de Carpobrotus forman capas muy densas que desplazan a la vegetación nativa, modifican el suelo y cambian la estructura de las dunas.
Diversos trabajos en el Mediterráneo, incluidas las Islas Baleares, han observado que sus flores espectaculares compiten con las de especies locales por la atención de los polinizadores. En algunos casos se reduce el éxito reproductivo de plantas nativas que comparten hábitat y época de floración con la invasora.
En España, Carpobrotus edulis está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Eso implica la prohibición de su introducción en el medio natural, posesión, transporte y comercio, precisamente porque supone una amenaza grave para los ecosistemas costeros.
Cómo ayuda este estudio a frenar la invasión
Saber con precisión cuándo florece la planta en cada región da a los gestores una ventaja importante en el calendario. Si las cuadrillas arrancan o cortan las alfombras antes del pico de floración, se puede reducir de manera notable la producción de semillas de esa temporada y frenar la expansión futura.
En dunas y acantilados mediterráneos ya se usan campañas de retirada manual combinadas, en algunos casos, con herbicidas selectivos. La experiencia en distintos proyectos indica que estos trabajos funcionan mejor cuando se programan y se mantienen en el tiempo, algo que estos nuevos mapas de floración facilitan al mostrar las ventanas críticas de cada zona.
Eso sí, los propios autores recuerdan que los datos de redes sociales se concentran cerca de miradores y playas muy visitadas. Las costas remotas, donde casi nadie saca el móvil, pueden quedar fuera del radar. Por eso recomiendan combinar estas señales digitales con prospecciones sobre el terreno e información de residentes y naturalistas locales.
Una invasión a la vista de todos
La expansión de Carpobrotus es un ejemplo claro de cómo el cambio ambiental casi nunca ocurre “a puerta cerrada”. Las transformaciones son lentas, visibles para cualquiera que preste atención, pero la estética puede engañar. Es fácil quedarse con la foto de unas flores espectaculares y no ver la pérdida silenciosa de biodiversidad que hay debajo.
La próxima vez que veas una de estas alfombras de color en un paseo marítimo o en un acantilado quizá te plantees una pregunta incómoda. ¿Hermoso jardín natural o advertencia de que algo se está desequilibrando en esa costa?
El estudio científico en el que se basa esta investigación se ha publicado en Ecological Solutions and Evidence.


















