¿Qué pasaría si murieran todas las abejas?

Ya sean domésticas o silvestres, las abejas son sumamente necesarias, para que el equilibrio ecosistémico del planeta no se rompa, lo que sería nefasto para todos los seres vivos, incluidos los humanos.

La importancia de las abejas

El servicio ecosistémico más conocido de las abejas es el que permite la producción de miel, cera, polen, jalea real y/o propóleo. Los beneficios para la salud de los humanos del consumo de dichos productos son enormes, pero también resulta significativa la contribución permanente que ello representa para el sector de la apicultura.

Estos productos son el resultado de un proceso de transformación que se hace dentro de la colmena por abejas gestionadas, pero en realidad la polinización de cultivos realizada por todo tipo de polinizadores es responsable de la producción de muchos alimentos (frutas, verduras) y de otras materias primas (algodón, caucho, medicinas).

La distribución de cultivos dependientes de los polinizadores no es la misma en todo el mundo. Todos los países dependen de estos agentes, pero algunos más que otros. América del Norte, África del Norte o Europa son regiones muy dependientes, en cambio América Central, Oceanía o Sudáfrica tienen una agricultura más diversificada o basada en cultivos no dependientes.

Tampoco todos los cultivos dependen de los polinizadores. La mayoría de los cultivos de cereales y de tubérculos no necesitan a las abejas. Los cultivos entomófilos son principalmente las frutas, las hortalizas, los cultivos estimulantes como el café o el cacao, varias especias y la mayoría de los frutos secos.

Abejas y humanos

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Las abejas contribuyen en gran medida a nuestra dieta, pero también al equilibrio económico de la agricultura. Además, juegan un papel activo en la producción y reproducción de la fauna y de la flora silvestres de todo tipo de paisajes, por lo que brindan un servicio imprescindible preservando los ecosistemas, muchos de los cuales integramos y de los que también dependemos.

La realidad es que los humanos no moriríamos de hambre si las abejas desaparecieran, pero las consecuencias de su extinción serían muy perjudiciales, ya que el 40% de los nutrientes que consumimos en la actualidad provienen de cultivos dependientes de polinizadores, entre los que se encuentra el 90% de la vitamina C.

El declive de las abejas es muy real

Estos insectos extremadamente preciosos están disminuyendo de forma alarmante. Los expertos coinciden en que la intensificación de las actividades agrícolas, los agroquímicos y pesticidas, la destrucción de los hábitats naturales, las enfermedades, el cambio climático y/o las especies exóticas invasoras como el avispón asiático están causando dicho declive.

Todos estos factores son culpa de las actividades antropogénicas, puesto que el ser humano en general se preocupa de su propio beneficio y bienestar, así estos les cuesten la existencia a otras especies. Buen ejemplo de ello es que, las políticas agrícolas especialmente las de los países más desarrollados, potencian la productividad frente a la calidad y la sostenibilidad.

Además, si las abejas realmente desaparecieran se producirían reacciones en cadena, que involucraría a todos los sectores económicos, las sociedades y los ecosistemas. Los cultivos que dependen de este tipo de polinización verían reducidos sus rendimientos, lo que implicaría aumento de costes y disminución de beneficios, el mercado se resentiría y los precios se dispararían a nivel mundial, por lo que, por ejemplo, una naranja costaría una fortuna.

Ello pondría en riesgo la salud mundial, puesto que los cítricos proveen de la mayoría de la vitamina C que se consume, pero también se vería afectada la biodiversidad, puesto que cada árbol no solo da frutas, sino que es en sí mismo un ecosistema y al desaparecer acabaría con otras especies en cadena, rompiendo el equilibrio ecosistémico local.

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