Las grandes empresas de distribución se ponen ‘manos a la obra’ con el desperdicio alimentario

Las frutas y las verduras son los artículos que más se desperdician en los supermercados españoles, seguidas del pescado y la carne.

La pasada semana, el VII Punto de Encuentro AECOC contra el desperdicio alimentario, celebrado en Madrid, y que reunió a más de 300 profesionales  de empresas, administraciones y ONG para dar a conocer casos de éxito relevantes en la gestión del desperdicio alimentario en toda la cadena de valor, sirvió también de marco para la presentación del estudio ‘Gestión del desperdicio alimentario en la gran distribución’, a través del cual Nielsen y Checkpoint, en colaboración con AECOC, han analizado el impacto de la pérdida de alimentos frescos en las grandes cadenas de distribución.

De acuerdo con la información recogida en este documento, el 3,5% de los alimentos frescos en la distribución no llegan a comercializarse por diferentes razones y, de estos, el 2% acaban desperdiciados, siendo las  secciones de frutas y verduras  las que generan mayor cantidad de desperdicio (50%), seguidas por la de pescado (42%) y carne (8%).

Respecto a las etapas en las que tiene lugar el desperdicio, el 75% de las cadenas señalaron a la manipulación de los productos por parte de los consumidores, mientras que el 42% apuntó también a la manipulación en la venta asistida y un 33% a las deficiencias en el transporte desde la plataforma logística hasta los puntos de venta.

Tecnología, logística y coordinación: claves en la mejora de la gestión

A pesar de las dificultades, el 67% de las empresas de la gran distribución considera que el desperdicio generado con su actividad es menor o mucho menor que hace tres años gracias a la mejora en la gestión de los productos descartados para la venta.

De hecho, un 83% de las empresas cuenta en la actualidad con una estrategia para optimizar la identificación y gestión de excedentes.

El 12% de esta potencial pérdida se destina a la donación, un 29% se recupera o recicla y un 59% acaba en el gestor de residuos. Este elevado porcentaje que acaba como desecho se debe a que las cadenas encuentran grandes dificultades para la donación de productos perecederos como carne y pescado, que exigen condiciones óptimas de transporte y conservación para evitar riesgos de seguridad alimentaria.

Respecto a los procesos de identificación del desperdicio, el 58% de la potencial pérdida se localiza a través de protocolos de supervisión específicos basados en el control sistemático del stock o el análisis visual del género, mientras que el 17% se identifica a través del uso de tecnologías que generan alertas y otro 17% mediante el análisis de fechas de vida y consumo óptimo. Tan solo el 8% se detecta a través del aspecto de los productos.

En cuanto a la estrategia utilizada para prevenir el desperdicio, el 42% de los distribuidores se apoya en el uso de la tecnología, como apps para la gestión del producto no comercializable y etiquetas para seguir la vida útil del alimento.

Asimismo, se destaca la mejora en la gestión de los stocks, de los procesos logísticos y una mayor coordinación entre los departamentos implicados en el transporte, manipulación y venta del género.

Fuente: Sogama

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