Nada es para siempre

Una de las ideas incluidas en el concepto de sostenibilidad es la de solidaridad intergeneracional. Dicho en otras palabras, la visión sostenibilista del mundo otorga una gran importancia al futuro. Una orientación que puede ser entendida fácilmente por muchas personas: ¿quien no vive, trabaja o lucha por sus hijos? El futuro da mucho sentido al presente, pero a veces la referencia al porvenir parece esclava de la retórica. No es este el caso de una de las piezas audiovisuales más impresionantes que he visto en los últimos tiempos, y que recomiendo a todos los lectores. Se trata del documental Into Eternity que explora las profundas implicaciones de Onkalo, un cementerio nuclear definitivo que se está construyendo en el norte de Finlandia y que estará terminado a principios del siglo XXII. Onkalo, que en finés significa escondite, tiene prevista una duración mucho más larga, concretamente de 100.000 años. Al final de este período las 250.000 toneladas de material altamente radiactivo que contendrá dejarán de ser peligrosas.

La ubicación de este cementerio se ha elegido cuidadosamente. Según la ciencia actual, el terreno será estable durante milenios. Pero hay aún más mecanismos de seguridad previstos. Una vez construida, esta tétrica ciudad subterránea de 5 km de profundidad será sellada y abandonada. Sí, abandonada con conocimiento de causa, porque los expertos han establecido que la seguridad de la instalación dependerá de que no se haga nada, a diferencia de los depósitos de material radiactivo temporales que deben estar continuamente vigilados. Y aquí es donde surge un gran duda. Una cosa es no hacer nada con la instalación y otra muy distinta es pensar si hay que advertir de la existencia de Onkalo a las personas que se puedan acercar. ¿Pero es acertada esta última opción? En este punto la duda se convierte en un problema angustioso que nadie sabe cómo resolver. Y esto ocurre porque en realidad no hay solución.

Lo que conduce a este callejón sin salida es el simple paso del tiempo. Habilitar sistemas de información fácilmente comprensibles, lingüísticos o simbólicos, puede funcionar durante decenios, siglos … Pero a la larga, ni la lengua finesa, ni la inglesa, seguirán existiendo. Los parámetros de comunicación que hoy consideramos universales dejarán de tener sentido. Los expertos consultados en el documental admiten que en una escala temporal como la que se está considerando no hay ninguna garantía de continuidad de la cultura. A partir de unas especulaciones crudas, pero lógicas, estos expertos concluyen que un perfeccionamiento indefinido de la civilización no se puede dar por hecho. Ninguna hipótesis es descartable. La humanidad puede sufrir cambios inimaginables y la rotura en la transmisión del conocimiento es una posibilidad real. En consecuencia, puede haber un momento de la historia futura en la que, por alguna razón u otra, alguien quiera abrir este lugar sin tener ni la más mínima noción de lo que es.

La causa por la que una persona quisiera acceder es la atracción del misterio, una característica de nuestra especie que, ésta sí, parece invariable. Las consecuencias de esta intrusión humana, tal como se describe este hecho en el documental, serán letales. Los responsables del proyecto y las autoridades, viendo la inutilidad de los sistemas convencionales de comunicación, han pensado en otras fórmulas: colocar pinchos artificiales hechos con un material duradero o poner una capa de rocas sobre Onkalo. Pero esto sería como marcar una cruz en el mapa del tesoro. La existencia de elementos singulares en el paisaje daría indicios a una mente mínimamente despierta de que allí se esconde algo. Ante tanta gravedad existencial, Into Eternity ofrece algún momento de humor sutil que ayuda a respirar. Como, por ejemplo, cuando un representante de la administración recuerda que la ley finlandesa establece que se debe informar sobre la existencia del cementerio de manera permanente. Este objetivo confrontado a la inconcebible cifra de 100.000 años queda, claro, automáticamente pulverizado.

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Onkalo está concebido para contener los residuos nucleares de Finlandia que, según el último anuario de la Agencia Internacional para la Energía Atómica Nuclear Reactors in the World, tiene cuatro reactores en funcionamiento. No deja de ser curioso que este fuera el primer país del mundo que anunció la construcción de una nueva central nuclear tras el desastre de Fukushima. ¿Cuántos Onkalos harían falta los residuos generados por Francia o Japón que suman más de 100 reactores? Into Eternity nos habla de la energía nuclear, si bien su director, el danés Michael Madsen, también quiere hacernos reflexionar sobre el egoísmo que supone encarar el presente sin pensar a fondo en el futuro. Por cierto, en relación al título, tantos los diccionarios de la lengua inglesa como los de la lengua catalana se refieren a la eternidad como un estado fuera del tiempo, lo que no tiene principio ni fin. La pesadilla de Onkalo comenzó en 2004 y terminará en un momento determinado, pero para nuestro entendimiento será la pesadilla eterna.

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