Cada batería eléctrica en China tendrá su propio “DNI digital”: un sistema que rastrea, controla y recupera cada gramo de metal valioso que servirá para reciclar más de 1 millón de toneladas al año

Publicado el: 23 de enero de 2026 a las 18:44
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Batería de coche eléctrico desmontada para su identificación digital y reciclaje en China

China ha decidido poner un DNI digital a las baterías de los coches eléctricos. Desde el 1 de abril de 2026 entran en vigor unas nuevas medidas provisionales que obligan a identificar y seguir cada batería de los vehículos de nueva energía desde que sale de fábrica hasta que se recicla. El texto ha sido aprobado por el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información y otros cinco departamentos del Gobierno chino.

La decisión llega en pleno boom del coche eléctrico. Solo en 2025 la producción y las ventas de vehículos de nueva energía superaron los dieciséis millones de unidades y ya representan más de la mitad de los vehículos nuevos que se venden en el país. Al mismo tiempo las baterías de los primeros modelos empiezan a agotarse y el propio Gobierno estima que en 2030 se generarán más de un millón de toneladas de baterías usadas en un solo año.



¿Qué hace diferente esta norma frente a otras leyes de residuos El corazón del cambio está en esa nueva identidad digital. Cada batería llevará un código único asociado a una ficha electrónica con los datos básicos del producto, su historial de uso en el vehículo, las reparaciones y el momento en que se retira del coche para entrar en la cadena de reciclaje.

Toda esa información se volcará en una plataforma nacional de trazabilidad de baterías gestionada por el propio Estado. El Ministerio habla de una gestión de «canal completo, cadena completa y ciclo de vida completo» que, en la práctica, significa no perder de vista ninguna batería en ningún punto de su vida útil, desde la producción hasta el tratamiento final.



Las obligaciones para la industria son amplias. Las empresas que fabriquen o importen baterías para el mercado chino tendrán que codificarlas siguiendo la norma nacional de identificación y marcar celdas, módulos y paquetes. Los productores de baterías y los fabricantes de vehículos asumirán la responsabilidad de organizar la recogida y reciclar las unidades al final de su vida útil mediante redes de puntos autorizados, en lugar de dejarlo solo en manos de intermediarios.

Wang Peng, responsable del departamento de conservación y utilización integral de la energía del Ministerio, definió el sistema como «una innovación institucional importante que aplica la tecnología digital para seguir todo el ciclo de vida de las baterías». También animó a que los coches al final de su vida útil y sus baterías se gestionen siempre a través de recicladores autorizados y no mediante canales informales que ponen en riesgo la seguridad y el medio ambiente.

Ya se ven señales de que el sector se está moviendo en esa dirección. En 2025 se reutilizaron de forma integral más de cuatrocientas mil toneladas de baterías retiradas de vehículos eléctricos de nueva energía, un aumento interanual del treinta y dos coma nueve por ciento. Las empresas líderes logran tasas de recuperación de metales clave como litio, cobalto y níquel comparables o superiores a las de los mejores estándares internacionales.

El otro lado de la moneda es menos visible para el usuario. Una batería mal gestionada no solo ocupa espacio en un vertedero, también puede filtrar sustancias peligrosas o provocar incendios en plantas de tratamiento. Por eso estas normas se enlazan con una campaña especial de tres años contra el vertido ilegal de residuos sólidos, que abarca vehículos desguazados, aparatos electrónicos, equipos de nueva energía retirados y, por supuesto, las propias baterías.

La nueva regulación es, en buena medida, una actualización en profundidad de los textos publicados desde 2018 sobre reciclaje y trazabilidad de baterías, pero con un cambio de nivel. Deja de ser una guía sectorial sin demasiado peso jurídico y pasa a ser un reglamento con fuerza vinculante. Define responsabilidades en toda la cadena, desde la producción hasta el desmontaje y la reutilización, fija obligaciones de codificación y reporte de información y prevé sanciones económicas para quienes no entreguen las baterías o no informen de su trazabilidad.

¿Y todo esto qué tiene que ver con quien se plantea comprar un coche eléctrico en Europa o en América Latina Mucho más de lo que parece. China concentra buena parte de la fabricación mundial de baterías y estas reglas empujan a toda la cadena industrial hacia modelos de economía circular, en los que recuperar materiales valiosos y evitar vertidos peligrosos deja de ser un gesto voluntario y pasa a formar parte del propio modelo de negocio.

Para el usuario final el mensaje es sencillo. Cuando llegue la hora de cambiar de coche o de batería conviene asegurarse de que el vehículo se entrega en un canal oficial y de que la batería no acaba en un taller improvisado que la revende sin control. Igual que preguntamos por la etiqueta energética de un electrodoméstico, la trazabilidad de la batería será cada vez más parte de la decisión de compra y, en el futuro, también de la factura ambiental del vehículo.

En el fondo estas medidas recuerdan que la movilidad eléctrica solo será realmente limpia si gestionamos bien todo lo que hay detrás del enchufe, desde la mina hasta la planta de reciclaje.

La nota de prensa oficial ha sido publicada en el portal del Gobierno de China.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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