Las inversiones verdes pueden ser un acierto

La transición hacia una economía ‘verde’ es irreversible y a la vez representa un gran desafío para el sector financiero. A medida que se multiplican este tipo de iniciativas por todo el planeta es urgente y prioritario que las entidades financieras, las autoridades de supervisión y los poderes públicos lo reconozcan y actúen en consecuencia.

Muchas dudas

Con los objetivos del Acuerdo de París siempre presentes y el reconocimiento en la COP de Glasgow de que es necesario un cambio hacia una economía baja en carbono, el mundo espera con ansias una demostración de que realmente se cumplirá con lo pactado y que la tan mentada mitigación del cambio climático ya está comenzando.

Sin embargo, los efectos de esta transición en los bancos y en todas las instituciones financieras parece que aún se subestiman en gran medida, según la opinión de varios expertos en finanzas que creen que representan riesgos potenciales para la estabilidad de las instituciones individuales y quizá, hasta para el sector en su conjunto.

El ajuste financiero acorde con una economía baja en carbono podría implicar la revalorización de una amplia gama de activos, siempre que se tengan en cuenta los costes y las oportunidades reales. Y este proceso podría acelerarse gracias al desarrollo de la tecnología y las innovaciones y a las políticas ambientales.

Los bancos y otras instituciones financieras deben llevar a cabo una revisión integral de sus modelos económicos y de sus pronósticos, para garantizar que los riesgos relacionados con el clima sean tomados en cuenta. Y este es un gran desafío que no cuenta con datos históricos que ayuden en las predicciones.

Los cambios deben ser a largo plazo y tienen que adaptarse a la magnitud de las variaciones a las que el mundo se deberá enfrentar, ya que desde el ámbito político se recibirán fuertes influencias. Algunos escenarios que muchos bancos hasta hace muy poco catalogaban como de riesgo extremo, podrían convertirse en norma en breve y a futuro.

Según opinión de los expertos en finanzas, tanto las autoridades de control como las públicas también deberán colaborar con las inversiones verdes. De hecho, el G20 desde el 2015 tiene este tema agendado y trabaja activamente para dar el mayor de los apoyos a las actividades financieras relacionadas con el clima.

Riesgo = oportunidades

El desafío está allí y es hora de dar el paso que convierta el riesgo en oportunidad. Es innegable que la transición hacia una economía baja en carbono requerirá una financiación significativa y los costes de esta transición se medirán en billones. Una de las formas de movilizar los fondos necesarios será el uso de los ‘bonos verdes’, como instrumentos de deuda dedicados específicamente a la financiación de proyectos medioambientalmente amigables.

Los ’bonos verdes’ ofrecen un potencial muy significativo ya que, si bien aún representan un porcentaje muy bajo de las emisiones totales y de las tenencias de inversores institucionales globales, estos activos específicos medioambientalmente amigables y vinculados a la infraestructura verde, no dejan de crecer año a año.

El desarrollo de este mercado sigue acelerándose de forma gradual y su volumen se multiplica, crece y se diversifica. Los centros financieros de Londres, París y Frankfurt están tomando iniciativas, que les permitan posicionarse como centros financieros verdes a nivel mundial y en España no dejan de surgir oportunidades de invertir en este tipo de bonos.

Pero es necesario un esfuerzo más sostenido de parte de los bancos, ya que estos son capaces de desempeñar un importante rol en la financiación y convertirse en los elementos complementarios de los mercados de capital. Por ahora, el porcentaje de préstamos ‘verdes’ sigue siendo bajo a nivel mundial, pero parece que esta tendencia podría revertirse en breve.

 

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