La inmigración no tiene cabecera

Polivalente, generalista y no especializado: ese es el perfil del periodista actual. En un principio, la imagen del reportero “todo terreno” guarda connotaciones positivas, sobre todo dentro del gremio. Pero lo cierto es que la importancia de esta faceta parece diluirse cuando la noticia a tratar exige cierta delicadeza y conocimientos de la materia, como en el caso de la inmigración. Tras un exhaustivo análisis de la casuística en la Comunidad Autónoma Vasca, el también periodista y profesor Alberto Durana aboga más que nunca por la figura del reportero especializado en inmigración, y una formación universitaria más conectada a la sociedad actual.

En muy pocos medios se encargan las noticias de inmigración a una persona en concreto. Los grandes periódicos son la excepción; pero incluso en estos casos, la empresa no invierte en la formación del periodista. Es decir, los reporteros especializados en la materia son escasos, y no les queda más remedio que practicar la autoformación.

El problema viene de base, ya que la formación que se ofrece no es la más propicia para dirigir a los periodistas hacia la especialización. Sobre todo en materia de inmigración, donde los datos son clarificadores: de 48 centros relacionados con la comunicación analizados en España, solo tres ofrecen asignaturas sobre comunicación intercultural, y son optativas. De todas maneras, la falta de formación en especialidades no solo corresponde a la inmigración. Respecto a esto, la universidad y las empresas deben asumir responsabilidades: estar atentos a los nuevos fenómenos sociales y enfocarlos adecuadamente, integrándolos en las asignaturas y en el ámbito laboral.

Una situación poco ideal

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Los medios de comunicación y los periodistas distan mucho de cumplir la función de pedagogía social que idealmente se les atribuye. No existe una reflexión sobre el papel de los medios al tratar la inmigración, y tampoco sobre su grado de responsabilidad en la mala imagen que tiene la sociedad en relación con los inmigrantes. Los libros de estilo tampoco indican nada al respecto.

En cuanto a los periodistas, tienden a enfatizar los aspectos más negativos y alarmistas, con lo que sobrerrepresentan el peso de la inmigración. Asimismo, tienen un conocimiento superficial del código deontológico en esta materia. De todas maneras, bien es cierto que todo esto viene agravado por la precariedad laboral de estos profesionales, reflejada por la falta de tiempo para estudiar el tema en profundidad.

Los prejuicios, peligrosos

Durana aboga, pues, por que el periodista anteponga la sustantivación a la adjetivación, por que informe y no interprete. Opta por el autocontrol como mecanismo para “no desenfocar”, y remarca que no se debe generar alarma social: “Si una persona con prejuicios es peligrosa, un periodista con prejuicios lo es más”.

Asimismo, remarca la necesidad de un periodismo especializado, y apunta hacia la universidad: los temas sociales, la inmigración, la interculturalidad, la diversidad y demás deberían ser acogidos en el grado de Periodismo, y de forma transversal; como un aprendizaje complementario al oficio de periodista.

 

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