Cara a cara con los Nobel de las matemáticas

Los marcados con negro son invitados; los verdes, comité científico y patrocinadores; los amarillos, periodistas; los de azul, de la organización; y los de naranja, blogueros de la bitácora oficial del evento o personal de apoyo

Los colores de los collares de las identificaciones sirven para situar en un primer contacto a cada persona dentro de las trescientas que se reúnen en Heidelberg del 22 al 27 de septiembre. Cinta gris: joven investigador, cinta roja: laureado, es decir, científico de renombre que ha obtenido al menos uno de los siguientes premios: Abel, Nevanlinna, medalla Fields –del campo de las matemáticas- o Premio Turing –de las ciencias de la computación.

Los marcados con negro son invitados; los verdes, comité científico y patrocinadores; los amarillos, periodistas; los de azul, de la organización; y los de naranja, blogueros de la bitácora oficial del evento o personal de apoyo, muchos de ellos guardaespaldas de Klaus Tschira, director de la Fundación que lleva su nombre y que financia el evento.

En esta gran maraña de individuos, sentado en el suelo, en una de las esquinas de la cafetería Marshall, abducido por la pantalla de su ordenador está Cèdric Villani, director del Instituto Henri Poincarè. No es necesario el cordón rojo de su Medalla Fields para reconocerle, su habitual atuendo –corbata de seda, broche en forma de araña, media melena lista– es inconfundible.

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A ritmo de látigo y acordeón

Tras él, al otro lado del cristal, sobre un escenario de madera, señores ataviados con sus trajes regionales de Baviera bailan animados, acentuando el ritmo del acordeón con los azotes del látigo en el aire. Entre los asistentes al pequeño Oktoberfest, organizado dentro de las actividades del primer Heidelberg Laureate Forum (HLF), Sir Michael Atiyah –Premio Abel y Medalla Fields- sigue sonriente el espectáculo mientras charla con un joven investigador.

No todo en ciencia es hacer ciencia, o al menos así lo creen en este foro. “La comunicación juega un papel fundamental en las carreras científicas: queremos que los científicos más exitosos hablen con los jóvenes, y crear una amplia conexión de toda la comunidad”, asegura Sabine Kluge, directora de Comunicación del HLF, en el patio de la Universidad Nueva, durante una pausa previa a la mesa redonda que discutirá los nuevos retos de las ciencias computacionales.

“También la motivación y la inspiración son esenciales para el sistema científico. Por ello, hemos creado un evento en el que estos factores, que muchas veces se quedan fuera de los encuentros científicos, tengan un espacio”.

Con este reclamo, doscientos jóvenes de más de 50 países, cien matemáticos y cien informáticos de nivel de grado, doctorado y postdoctorado, acudieron al evento. “La idea me pareció apasionante: poder conocer a tus superhéroes-investigadores”, cuenta Alejandro Serrano, investigador predoctoral en IMDEA Software.

“Normalmente hay una gran distancia entre los científicos de prestigio y los que empiezan sus carreras, pero aquí hemos roto esas barreras y hemos podido ver que son personas normales”, asegura Long Pei, estudiante de doctorado en el Departamento de Matemáticas de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.

La primera edición del HLF ha contado con alrededor de 40 laureados: tres premios Abel, siete medallistas Fields, tres ganadores del premio Nevanlinna y una treintena de premiados con el Turing. Su presencia y cercanía es, para muchos de los jóvenes investigadores, como Geir Bogfjellmo, también de Noruega, “una fuente de inspiración para seguir trabajando duro en la investigación y obtener resultados”.

También, como ilustra el taquito de elegantes tarjetas con su nombre que cada uno los jóvenes investigadores recibieron con el pack de bienvenida al Foro, y confirma Sabine Kluge, el evento está diseñado para que “los estudiantes de grado, doctorado y postdocts hagan nuevos contactos”.

Ibrahim A. asegura que ésta es su motivación principal para acudir al foro: “Después del doctorado buscas tus propios retos y necesitas crear un nicho para tu trabajo, para lo cual es importante tener buenos contactos”. Él estudió su doctorado en Reino Unido, pero después decidió regresar a su Nigeria natal, donde actualmente trabaja en inteligencia artificial.

“Otra de las cosas particulares de este encuentro es que hay gente de todas partes del mundo, hasta de los países más remotos. Además, hay muchas mujeres, cosa que en los encuentros matemáticos no es tan habitual”, señala Natasa Durdevac, investigadora postdoctoral del Instituto Zuse de Berlín.

Ciencia, música, cerveza

El programa durante toda la semana es intenso: la mañana se dedica a grandes lecciones de ciencia de los laureados, en conferencias que no siguen ningún patrón definido: algunos hablan de su trabajo reciente; otros, del pasado de la disciplina; varios más, de lo que ellos consideran que es el futuro; e incluso una resulta ser un decálogo de consejos para sobrevivir en la investigación.

Por la tarde, los jóvenes investigadores se distribuyen en talleres reducidos coordinados, por investigadores postdoctorales, en los que se tratan temas concretos, como Mecánica cuántica y topología, Crowd-sourcing, y Cómo desarrollar una carrera científica y una familia en crecimiento. “Intercambiar puntos de vista es muy importante en ciencia; sin embargo, la discusión se suele relegar a un plano más privado. Por eso, hacerlo público me ha parecido muy interesante, ya que puedes escuchar muchos puntos de vista”, cuenta Alejandro Serrano.

Después de las mesas redondas, en las que cada día diferentes laureados discuten sobre varias cuestiones generales de la ciencia, empieza el nutrido programa social del Foro, la gran estrella del encuentro. “El carácter social de este evento es lo que lo diferencia”, asegura Sabela Ramos, profesora ayudante del Grupo de Arquitectura de Computadores de la Universidade da Coruña. “En los congresos habituales, más enfocados a la exposición de los resultados del trabajo propio, esto queda relegado a un segundo plano”.

No en el Foro Heidelberg Laureate. Domingo, concierto benéfico de la Orquesta Sinfónica SAP; lunes, recepción al atardecer en el majestuoso castillo Schwetzingen; martes: Oktoberfest; miércoles, paseo en barco; viernes: visita y cena en el castillo de Heidelberg, que corona la ciudad.

“He tenido muchas oportunidades de conversar con jóvenes investigadores de todas las partes del mundo de manera informal tomando un té, en el Oktoberfest, en el paseo en barco… Hemos podido hablar de sus investigaciones, pero también de otros temas como política y cultura”, relata Srinivasa S. R. Varadhan, premio Abel 2007 e investigador en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York.

Como él, casi todos los asistentes afirman haber disfrutado de una semana dedicada al lado más social y humano de la ciencia. Sabine Kluge concluye: “La carrera académica es bastante dura y competitiva. Para la gente joven puede ser un ambiente un poco hostil, y a veces debe ser complicado seguir la carrera científica y permanecer en el sistema. Con este encuentro queríamos mostrar que la ciencia es también todo lo que hay alrededor: es vida. “

Sinc

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