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sábado, febrero 4, 2023

Las ‘deficiencias nutricionales’ de tu hijo

Si la desnutrición ocurre durante la infancia, puede tener consecuencias fatales en el futuro.

Secuelas de por vida, retraso del crecimiento y el desarrollo, además de la capacidad cognitiva, y la capacidad de enfrentarse a enfermedades futuras son algunas de ellas.

«Puede decirse que muchas deficiencias nutricionales pasan desapercibidas o no se les presta atención, como si fueran normales por la situación, y no es así», critica en una entrevista con Infosalus la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, Alma Palau.

En este contexto, la experta enumera las causas más frecuentes por las que un niño puede tener una deficiencia nutricional o desnutrición. «Podemos encontrarla en varios casos», confirma Palau, que comienza con una razón que no tiene que ver con la salud: los niños que, por una situación de pobreza, no desayunan, apenas cenan y, en general, ingieren proteína insuficiente.

En concreto con los problemas de salud, Palau continúa con que pueden tener deficiencias nutricionales o desnutrición los niños con síndrome del espectro autista, por la aversión a múltiples alimentos, niños que nacen con dificultades mecánicas para la alimentación, como labio leporino o paladar hendido, y los que sufren daño cerebral por parálisis cerebral o enfermedad rara y presentan mala coordinación neuromotora oral para la masticación y deglución.

Por otra parte, también pueden presentar este tipo de problemas, siempre según Palau, los niños con parásitos intestinales, los que padecen celiaquía, enfermedad de Crohn, fibrosis quística, alergias e intolerancias alimentarias, síndrome del intestino corto, enfermedades metabólicas congénitas, ya que todas ellas «alteran la absorción de nutrientes esenciales».

Por último, infecciones crónicas como VIH o tuberculosis, enfermedad cardíaca congénita, hipertiroidismo, insuficiencia renal, síndrome de Down, diabetes mellitus tipo 1, sobrepeso y obesidad, niños prematuros con menos de 37 semanas de gestación y los niños enfermos de cáncer también pueden implicar deficiencias nutricionales o malnutrición.

No obstante, la presidenta del Consejo General de Colegios de Dietistas-Nutricionistas precisa que existen otras causas «más sutiles y más difíciles de detectar que se deben a factores conductuales y psico-sociales propios o familiares».

En este contexto, la experta destaca «desconocimiento sobre una alimentación adecuada, negligencias en algunos casos, factores económicos en otros, situaciones de estrés o depresión en el entorno familiar y un exceso de publicidad de alimentos infantiles insanos».

«También afecta el modelo de lactancia materna o artificial y, en algunos casos, el retraso en la incorporación de alimentos sólidos o el alargamiento de dieta triturada demasiado tiempo en caso y en la escuela infantil», agrega Palau.

Casos difíciles de detectar

Palau, que insiste en que la desnutrición o la malnutrición «hay que abordarla siempre», sitúa el problema en que en los servicios sanitarios españoles «no existe aún la figura del dietista-nutricionista, sólo en algún hospital, y mucho menos en Pediatría, y ninguno en centros de salud».

«Es muy difícil que otras profesiones sanitarias, por no tener la formación específica necesaria, detecten estas deficiencias, sepan diagnosticarlas y poner tratamiento».

«El diagnóstico de desnutrición en niños y bebés con problemas de crecimiento requiere de un examen físico exhaustivo, evaluación de antecedentes de nacimiento, clínicos, sociales y nutricionales, genéticos y de su propia constitución física antes de determinar un caso de desnutrición», continúa la presidenta del Consejo General de Colegios de Dietistas-Nutricionistas.

Consecuencias

Cuando la alimentación no es saludable en la infancia las consecuencias son «evidentes» para la experta, ya que, según la Academia Española de Nutrición y Dietética, una alimentación saludable es aquella que permite alcanzar y mantener un funcionamiento óptimo del organismo, conservar o restablecer la salud, disminuir el riesgo de padecer enfermedades, asegurar la reproducción, la gestación y la lactancia y que promueve un crecimiento y desarrollo óptimos.

Así, los efectos de una alimentación deficiente «aumenta el riesgo de padecer enfermedades, fundamentalmente obesidad, hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer, estreñimiento o depresión», alerta la dietista-nutricionista.

Además, «se compromete el crecimiento físico del cuerpo, pudiendo ser retardado, afectando especialmente a la estructura ósea y al desarrollo muscular; se compromete la salud de los menores, pudiendo provocar, por ejemplo, anemia; se compromete el desarrollo de los diferentes órganos y el desarrollo cognitivo; y se dificulta el poder afrontar la actividad diaria por falta de energía», concluye Palau.

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