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domingo, enero 29, 2023

La nutrición de la mujer embarazada vegetariana

Para nutrientes comprometidos en esta etapa, como el hierro y el calcio, la clave está en mejorar su biodisponibilidad, más que en aumentar su cantidad.

Las necesidades energéticas y de nutrientes de las mujeres vegetarianas embarazadas no son diferentes de las gestantes no vegetarianas. La principal excepción está en las recomendaciones superiores de hierro para las primeras, no tanto en la cantidad que se debe aportar como en la optimización de las formas de absorción y aprovechamiento. Las dietas vegetarianas se pueden planificar para satisfacer con total garantía las necesidades nutricionales de las mujeres embarazadas.

Nutrición segura y de calidad

Las dietas de las mujeres vegetarianas embarazadas y lactantes deberían contener fuentes fiables de vitamina B12 a diario, además de un aporte seguro y de calidad en calcio, hierro, yodo y folatos.

Vitamina B12. Si se es ovo-lacto-vegetariana, los huevos y los lácteos son alimentos que garantizan los requerimientos de este nutriente. Ante una dieta más estricta, se deberá recurrir a alimentos enriquecidos (derivados de soja, cereales de desayuno) y suplementos de vitamina B12 activa. Las algas espirulina, nori y fermentados de la soja como el tempeh se publicitan por su riqueza en vitamina B12, pero a menudo contienen análogos de la vitamina B12 y no la cianocobalamina (la vitamina activa), tal y como afirman en su documento de posicionamiento sobre las dietas vegetarianas la Asociación de Dietistas Americana (ADA) y Dietistas de Canadá.

Calcio de fácil asimilación. Los frutos secos y semillas como el sésamo, las frutas desecadas y las legumbres se convierten en los vegetales más ricos en calcio, aunque de peor absorción. Las algas son un buen recurso para aumentar el aporte mineral. Las mejores apuestas son la iziki (1400 mg/100 g), la wakame (1300 mg/100 g) y la arame (1170 mg/100 g). Su uso diario comedido en recetas de sopas, ensaladas o guisos de legumbres mejora la calidad nutricional de la dieta de las mujeres vegetarianas.

Hierro de fácil asimilación (hemo o ferroso). Los datos sugieren que hay un mayor riesgo de que el niño nazca prematuro y con poco peso si las reservas de hierro son bajas durante el primer trimestre. Se han descrito varias sustancias presentes en los vegetales que mejoran o inhiben la absorción del hierro no hemo o férrico (en vegetales).

La fermentación de la soja aumenta la biodisponibilidad de este oligoelemento, al igual que la vitamina C y el ácido cítrico abundante en frutas y hortalizas. El salvado de los cereales integrales y los oxalatos abundantes en espinacas, así como los taninos del té, inhiben la absorción del hierro. La adición de perejil crudo (rico en vitamina C) a las diversas recetas aumenta la absorción del hierro vegetal. Las algas también son buena fuente de hierro asimilable, en particular la dulse (150 mg/100 g), cuya ración puede ser de 20 gramos.

Conocer la evidencia

En relación a las necesidades nutricionales de las gestantes vegetarianas, la ADA se ha posicionado en un informe que da respuestas a cuestiones que han servido para analizar la evidencia. Se plantea si hay diferencia en la ingesta de energía y nutrientes entre las embarazadas vegetarianas y las omnívoras, la biodisponibilidad de los nutrientes según la modalidad dietética y las diferencias en la evolución del embarazo, el parto y el peso y talla del recién nacido.

En su libro «Nutrición vegetariana», Joan Sabaté, director del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Loma Linda (California, EE.UU.), hace un recorrido en busca de evidencia científica que ayude a precisar si hay necesidades energéticas y nutricionales diferentes según se siga o no una dieta vegetariana (en sus modalidades más o menos estrictas) durante el periodo de gestación.

A tenor de la bibliografía consultada, el primer estudio exhaustivo sobre la alimentación de las mujeres embarazadas que valoró el estado nutricional, análisis dietético e historia clínica completa, lo realizó en 1954 Mervyn G. Hardinge de la Escuela Universitaria de Salud Pública de Harvard (EE.UU.). Las comparaciones se hicieron entre mujeres ovo-lacto-vegetarianas y omnívoras, sin que se registraran diferencias significativas de peso (ganancia o pérdida) en las madres durante el embarazo, ni complicaciones en el parto en ambos grupos, ni en la talla y peso de los recién nacidos.

Veinte años más tarde, J. Thomas y F. R. Ellis, del Kingston Hospital (Surrey, Reino Unido), compararon los resultados de 28 embarazos de vegetarianas estrictas y 41 embarazadas no vegetarianas de este país, con una larga tradición en la práctica del vegetarianismo. Tampoco detectaron diferencias sustanciales. No obstante, estudios posteriores han coincidido en señalar un menor peso en los bebés de madres vegetarianas estrictas y que siguen dieta macrobiótica. El peso del bebé está relacionado con los kilos que gana la madre durante el embarazo. Este factor será determinante para las mujeres vegetarianas estrictas, con el fin de evitar trastornos futuros en el bebé nacido con bajo peso.

Respecto a los patrones de ingesta de energía y macronutrientes (carbohidratos, proteínas y lípidos) según la modalidad alimentaria, los cuatro estudios seleccionados por la ADA para su evaluación indican un consumo similar entre ambos grupos, excepto en dos aspectos: menor aporte proteico en las vegetarianas y, a consecuencia, ingesta superior de carbohidratos. No obstante, los estudios son escasos como para concluir que el aporte proteico es de forma significativa menor.

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