Mercado Alemán todo sigue su curso

Publicado el: 2 de diciembre de 2011 a las 11:38
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Mercado Alemán todo sigue su curso

El mercado ecológico alemán se expande y conquista otros mercados, como el de la comida rápida en “bio”.

MERCADO ALEMÁN
RÁPIDO, PERO ECOLÓGICO



Al principio, alimentación “bio” era sinónimo de alimentación integral, platos vegetarianos o pasteles endulzados con miel… Pero en las tiendas ecológicas se encuentran hoy en día también pasta y harina blanca así como diversos tipos de platos precocinados. En Alemania, desde hace algunos años, ésta tendencia no para de avanzar. Ya hay iniciativas de comida rápida “bio” por todas partes. Nos lo cuenta nuestra informadora alemana Ingrid Wenzl.

Para alimentarse de productos ecológicos hay muchos motivos. No los vamos a enumerar, pues son de sobras bien conocidos por nuestros lectores. En aparente contradicción con los principales argumentos de la agricultura ecológica, la última tendencia es la comida orgánica rápida. Alemania –como otros países nórdicos– celebra desde hace unos años un “boom” de locales de comida rápida “bio”.



EN MUNICH
“Antes teníamos una pequeña agencia de publicidad y viajábamos mucho, y, a la hora de comer, en todos lados siempre había la misma bazofia”, recuerda Pitt Gronitz, haciendo referencia especialmente a los locales de comida rápida en estaciones y aeropuertos. “Queríamos hacer algo diferente“, afirma. Y así lo hicieron. En 2003, la cervecería Hofbräu rehabilitó el Milchhäusl, una casita con techo de punta ubicada al borde del Englischer Garten, el parque más grande de Múnich. Entonces Gronitz vio la oportunidad y lo reabrió ofreciendo platos, bebidas y helados “bio”.
Levantado hace más de un centenario como cobertizo para los establos de caballos cercanos, el Milchhäusl fue usado después de la Segunda Guerra Mundial para repartir los alimentos básicos a la población local, lo que le dio su nombre: casita de leche. En los años 70 del siglo pasado albergó un café frecuentado a menudo por indigentes. “Se trata de un lugar tan bello en medio de la ciudad, pero a la vez en medio de la naturaleza, que había que hacer algo bonito“, dice Gronitz.
Para los caminantes que quieren tomar el sol por la mañana en la terraza del pequeño local se ofrecen desayunos o especialidades bávaras, como Leberkas im Öko-Kruasterl –un bocadillo de paté de carne horneada–. También asan salchichas y venden brez’n, las rosquillas saladas típicas del sur de Alemania. Café y condimentos provienen del comercio justo, y la electricidad de Greenpeace Energy. Sólo la cerveza no es orgánica sino de Hofbräu, el propietario de la casita.
Especialmente atractivo resulta el Milchhäusl para los padres porque, detrás de la terraza, los niños pueden  “despipotarse” en un parque infantil. Además, queda sólo a pocos minutos de la universidad, por lo que los estudiantes acuden aquí igual que turistas y ciudadanos que pasean por el parque. “La calidad es importante mientras que el precio no resulta demasiado alto para los estudiantes, algo que fue importante para nosotros“, afirma Gronitz. “Especialmente en los primeros años había mucha gente que jamás había probado comida ecológica y flipaba“, cuenta. El quiosco abre incluso en invierno ofreciendo diferentes tipos de sopa y ponches calientes. La terraza queda entonces cerrada pero los clientes están invitados a sentarse, en cambio, en una de las cabinas de telesquí “rediseñadas” con calefacción para disfrutar su bebida caliente o un estrudel de manzana y frambuesa.

LA MEJOR CURRYWURST
Más clásicos resultan los carritos de “Wittys” en el Wittenbergplatz en Berlín o del Bio Snack que pasa durante la semana de un mercado de Hamburgo a otro. Allí se venden y consumen sobre todo patatas ecológicas fritas o Currywurst bio, una salchicha frita, cortada y preparada con ketchup, curry y chile, muy popular en el norte de Alemania. “Normalmente no como carne“, se justifica Florian Krumnow, un joven estudiante que lleva su bebé sujetado en un pañuelo delante su barriga. “La Currywurst aquí -en la parada del Bio Snack- es la única excepción que hago una vez por semana cuando vuelvo con la pequeña de la piscina”. Fue su novia la que le contagió este vicio porque ella misma tenía tantas ganas de comer este plato durante su embarazo. “Al menos se trata de carne de procedencia ecológica“, ríe Krumnow. “También las patatas fritas son muy, muy ricas. Se nota que usan aceite de mayor calidad”.
También Eva Tilgner, parada en otra mesa, está dispuesta a gastar un poco más siempre porque esta comida le sabe mejor: “La Bratwurst –salchicha frita– aquí sabe muy diferente que en otras paradas, no tiene tanta grasa y la calidad de la carne es mucho mayor. Incluso el café aquí me gusta más“, cuenta la pensionista, que también en casa se suele alimentar de productos ecológicos.

COMIDA RÁPIDA EN LA PROVINCIA
La moda de la comida rápida y sana e incluso ética se encuentra sobre todo en las ciudades grandes, tendencia liderada por Berlín, donde los locales brotan como setas. Sin embargo, está llegando poco a poco también a otras provincias de Alemania. A mediados de diciembre abrió en la ciudad universitaria de Marburg la Vegi Queen. Este establecimiento vende no sólo comida “bio” sino solamente platos vegetarianos y veganos. Igual que el Bio Snack, prepara para los clientes más convencionales patatas fritas pero también otros clásicos como pizza de verduras, falafel, giros de soja o ensalada. Los que quieren probar algo más insólito pueden eligir entre un bocadillo con setas fritas y tofu, pinchos de tofu y verduras con arroz y/o los diferentes platos de día. La gerente, Felicitas Lache, se muestra satisfecha por la demanda. “No había nada de este estilo aquí y me lo estoy pasando bien con este local“, explica su motivación. Después de cinco meses aún es pronto para concluir algo, pero Lache se muestra optimista: el mercado responde bien y la oferta se consolidará.
Aunque no todo son rosas. Matthias Rischau creó la primera cadena de comida rápida ecológica en Alemania, Gorilla. Abrió en 2006 el primer local en Berlin-Charlottenburg y, al poco, inauguró cuatro sucursales más en la ciudad. Apostó por la verdura cruda ofreciendo sobre todo ensaladas, zumos y sopas. Después de unos meses duros, parecía que la cosa se reanimaba, pero en 2009 se retiró el inversor y la empresa se declaró insolvente.
Knickrehm, el gerente de Bio Snack, también dice que la situación no es fácil. “El problema es que hay cada vez menos clientes en los mercados porque su horario de apertura (cierran ya a las dos y no abren por la tarde) ya no coincide con sus hábitos de vida y trabajo“, lamenta el hombre alto con el cabello gris y los ojos azules. Por lo tanto, Knickrehm acude con su parada cada vez más a fiestas de granjas, conferencias, ferias u otros actos, para sobrevivir.

A MEDIO CAMINO
Por este tipo de dificultades, hay empresarios que optan por el camino de en medio, como Ilhan Celik, que abrió hace cuatro años el Hotdog & Burgerworld, en  el paseo alternativo-chic Kastanienallee en Berlín-Prenzlauer Berg. En el local, pintado en colores vivos, como albaricoque, rosado y verde, y decorado con postales de publicidad de los años 50, se puede comprar y consumir todos tipos de perritos calientes y hamburguesas. La carne es –con excepción de las alas de pollo– procedente de la ganadería biológica. El resto de los alimentos son convencionales aunque, por lo menos, las verduras vienen de la región. “La idea de usar sólo carne de ganadería biológica surgió en los años noventa cuando la prensa estaba llena de los escándalos de las ‘vacas locas’ y de la peste porcina“, cuenta Celik. “Quería ofrecer algo que yo mismo estaba empezando a consumir”. Pensó también sobre ofrecer todo “bio”: “Pero sería todo demasiado caro y la relación coste-rendimiento ya no sería la idónea”, afirma.

Ingrid Wenzl

NO TODOS ESTÁN CONTENTOS
INTERESES ECONÓMICOS

En un barrio, Kastanienallee, donde el candidato que se llevó más votos en las elecciones federales fue el del Partido de los Verdes y los monederos de los habitantes les permiten pagar algo más, la comida ecológica triunfa notoriamente, por lo que se encuentra, además, comida rápida en muchas tiendas, supermercados y restaurantes. Pero a pesar de que la procedencia de la carne de sus platos deja dormir a los clientes de Celik más tranquilos, no todos están muy convencidos de la comida servida allí en su conjunto. Un ejemplo es Christine. Ha pedido una hamburguesa de pollo y una porción de patatas fritas. Quiere aprovechar el tiempo libre para organizar algunas cosas antes de retomar a mediados del mes su trabajo en una ONG. Va con prisas. “Al principio existía esa euforia inmediata que siempre se siente cuando se prueba el primer bocado de comida rápida, pero luego el panecillo te parece igual de fofo que los de Mc Donald’s y también las patatas, al enfriarse, ya no saben tan bien“, admite. Tampoco el restaurante de comida rápida WakuWaku en Hamburgo obtiene en su foro sólo buenas notas. Algunos de sus clientes internautas se quejan. Allí preparan desde el 2008 en pocos minutos comidas en wok: currys, pasta o tandooris. Dos de sus fundadores trabajaron antes como gerentes a nivel nacional e internacional para Burger King: “Como ejecutivos de una de las empresas más grandes de comida rápida nos dimos cuenta de que tenemos una responsabilidad más allá de la venta de comida rápida“, aseguran. Pero su proclamada “revolución de la comida rápida” suena más a marketing que a otra cosa. El conflicto de intereses dentro del sector de la comida rápida “bio” queda bien claro… Es cierto que el número de personas que se alimentan de comida ecológica está creciendo todavía en Alemania y sigue yendo a más, a pesar de que ya ha crecido mucho. Pero tampoco están dispuestos a pagar mucho más de lo usual por una porción de patatas fritas o un falafel. El margen de beneficio vendiendo comida rápida ecológica por lo tanto es pequeño. “Hay que vender mucho“, dice Lache. Pero, en cualquier caso, sí está claro que pequeñas iniciativas muy originales triunfan, como el Bio Snack, la Vegi Queen o el Milchhäusl. La calidad de sus platos les dan fama y, quizás, la supervivencia… en estos tiempos revueltos.

http://vidasana.org/ECOticias.com

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