La subida del nivel del mar no será igual para todos y la Antártida explica por qué algunas zonas pagarán más caro

Publicado el: 18 de enero de 2026 a las 09:44
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Calle inundada junto a un río, con edificios de ladrillo, farolas y señales reflejadas en el agua

Cuando pensamos en subida del nivel del mar solemos imaginar algo uniforme, como cuando se llena una bañera. El agua sube por igual en todas partes y ya está. El nuevo trabajo de un equipo internacional de científicos muestra que la realidad es mucho más incómoda para millones de personas que viven lejos de la Antártida.

Las nuevas simulaciones acoplan tres piezas que normalmente se estudian por separado (la capa de hielo antártica, el clima y la respuesta del propio planeta sólido) y calculan cómo cambia el nivel del mar región por región a lo largo de los próximos siglos. El resultado es claro en buena medida. El deshielo de la Antártida castiga con más fuerza a muchas islas bajas del Pacífico, del Índico y del Atlántico occidental, mientras cerca del continente helado el mar incluso puede bajar algunos centímetros.



En un escenario de emisiones moderadas, con recortes que no bastan para mantener el calentamiento por debajo de dos grados a finales de siglo, el deshielo antártico añadiría de media unos diez centímetros al nivel del mar hacia 2100 y alrededor de un metro hacia 2200. Si el mundo sigue por una senda de emisiones altas, esa contribución subiría a unos treinta centímetros en 2100 y a más de tres metros en 2200, solo desde la Antártida.

Aquí conviene recordar el contexto. Si toda la capa de hielo antártica desapareciera, el nivel medio del mar subiría unos cincuenta y ocho metros. Es un escenario extremo, pero sirve para entender el enorme potencial de este gigantesco reservorio de agua helada y por qué cada fracción de grado cuenta.



¿Por qué el mar no sube lo mismo en todas partes? La clave está en la física, no en la magia. La enorme masa de hielo de la Antártida ejerce una atracción gravitatoria sobre el océano que la rodea y “amontona” el agua en su vecindad. Cuando la capa de hielo pierde masa, esa atracción se debilita, el agua se redistribuye hacia latitudes más lejanas y el nivel del mar puede bajar cerca del continente mientras aumenta por encima de la media en zonas tropicales y subtropicales. Al mismo tiempo cambia ligeramente el eje de giro del planeta y la forma de la superficie terrestre, lo que vuelve el mapa aún más desigual.

El estudio también incluye un actor silencioso. La roca bajo la Antártida no es rígida del todo. Descansa sobre el manto, que fluye lentamente como un jarabe muy espeso. Al perder peso por el deshielo, el lecho rocoso se eleva y puede separar parte del hielo del contacto directo con el agua cálida del océano. Esta especie de rebote ofrece cierto freno natural al deshielo en zonas concretas, sobre todo bajo la Antártida Occidental, aunque solo si las emisiones globales se mantienen relativamente bajas.

Hay otro efecto que puede despistar. El agua de deshielo es muy fría. Al entrar en el océano del hemisferio sur y en el Pacífico tropical enfría la superficie y “encierra” parte del calor en las capas profundas. Las simulaciones muestran que esto puede ralentizar en unas décimas el aumento de la temperatura media del aire, pero no es un regalo del clima, porque la subida del nivel del mar sigue avanzando y se hace más peligrosa para las costas. En pocas palabras, un planeta algo menos cálido no significa playas a salvo.

Cuando se mira el mapa regional, el golpe se concentra lejos del hielo. En el escenario moderado, las mayores subidas ligadas solo al deshielo antártico se acercan al metro y medio hacia 2200 en cuencas del Índico, el Pacífico y el Atlántico occidental. En el escenario de emisiones altas, ciertas zonas del Pacífico norte y del Atlántico central podrían registrar hasta cuatro metros y pico de subida regional, solo por la contribución antártica. Países como Micronesia, Palaos, Jamaica o las Islas Marshall, que ya sufren inundaciones recurrentes y pérdida de terreno, se verían entre los más castigados.

Todo esto abre un frente claro en justicia climática. Muchas de esas islas emiten muy pocos gases de efecto invernadero, pero están en primera línea de un problema que se decide en otras capitales y en muchas decisiones cotidianas, desde el modelo energético hasta el tipo de coche o la forma de construir junto al mar. El informe de la Organización Meteorológica Mundial insiste en que la subida del nivel del mar será desigual y que los impactos recaerán, sobre todo, en comunidades costeras ya vulnerables.

¿Y qué significa todo esto para quien vive en una costa baja, ya sea en América Latina, en el Caribe o en una ciudad portuaria europea? Que la subida del mar no será un muro de agua de un día para otro, sino una combinación de centímetros, temporales más dañinos, intrusión salina en acuíferos y metros de playa perdidos que se van acumulando. Planificar puertos, paseos marítimos, viviendas y servicios pensando solo en el final de siglo y en el promedio global se queda corto si el mar en tu zona va a subir por encima de esa media.

La conclusión que señalan los autores es incómoda pero muy directa. Las decisiones de emisiones de esta década fijan en buena parte la velocidad del deshielo antártico y, con él, el ritmo de subida del mar durante varios siglos. Reducir de forma rápida los gases de efecto invernadero no solo baja la factura de calor extremo en tierra. También compra tiempo para que las comunidades costeras puedan adaptarse sin verse forzadas a abandonar su territorio.

El estudio científico “Antarctic meltwater alters future projections of climate and sea level” ha sido publicado en la revista Nature Communications.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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