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Construyen un ascensor para anguilas en una presa que llevaba más de 100 años en pie y ahora podría convertirse en el refugio de 80 millones de peces al año

Un nuevo paso para peces permitirá recuperar la migración de anguilas y alosas en el río St. Croix tras más de un siglo.

Construyen un ascensor para anguilas en una presa que llevaba más de 100 años en pie y ahora podría convertirse en el refugio de 80 millones de peces al año

¿Qué ocurre cuando se abre de nuevo un río que llevaba más de un siglo dividido por presas? En la frontera entre Maine y Nuevo Brunswick, el St. Croix, también llamado Skutik, podría protagonizar una de las mayores recuperaciones de peces migratorios de Norteamérica. Una alianza liderada por el pueblo Passamaquoddy trabaja ahora en las presas de Woodland y Grand Falls, después de la retirada de Milltown.

El objetivo es reabrir casi 965 kilómetros de hábitat y unas 24.300 hectáreas de lagos y zonas de desove. Si las nuevas rutas funcionan como se espera, la cuenca podría recibir más de 80 millones de alosas adultas. Es una estimación del potencial del río a largo plazo, no una promesa de que esa cifra vaya a alcanzarse.

Una migración fuera de escala

La alosa conocida en inglés como alewife es un pez plateado emparentado con los arenques. Nace en agua dulce, crece en el mar y vuelve al río para reproducirse. Junto al arenque de lomo azul forma el grupo de los llamados arenques de río.

El plan de restauración fue preparado por George Aponte Clarke, de Source to Sea Consulting, bajo la dirección de la Nación Peskotomuhkati y con apoyo técnico de Theo Willis, de la Universidad del Sur de Maine. Calcula una capacidad cercana a 89 millones de alosas adultas, que NOAA resume como más de 80 millones. Todo depende del acceso al hábitat y de que los peces sobrevivan al viaje de ida y vuelta.

Ascensores y escaleras

Woodland y Grand Falls conservan pasos construidos en la década de 1960. Un análisis publicado en 2024 estimó que solo uno de cada cuatro peces que intenta superar la escalera de Woodland lo consigue. El atasco está ahí.

El nuevo sistema de Woodland combinará un elevador, otra escalera y rutas para bajar hacia el mar. El elevador funcionará como un ascensor acuático, reunirá a los peces en una cámara y los subirá por encima de la presa. También habrá corrientes dirigidas hacia la entrada para ayudarles a encontrarla.

Las anguilas necesitan un camino distinto. Sus crías nacen en el mar de los Sargazos y trepan bien, por lo que podrán subir por superficies con cilindros o mallas. La tribu estudia además cómo guiar río abajo a las anguilas adultas y a las alosas jóvenes sin obligarlas a pasar por las turbinas.

El río vuelve a moverse

La presa de Milltown se levantó en 1881 junto a Salmon Falls, cerca de una antigua aldea pesquera tribal, y su retirada terminó en 2024. Philip Harrison, del Canadian Rivers Institute de la Universidad de Nuevo Brunswick, participa en un seguimiento de cinco años. En 2024, el 72 por ciento de los peces que entraron en las cascadas restauradas pasó río arriba en menos de 24 horas.

En 2025 se contaron 560.334 arenques de río en Woodland y unos 456.463 en Grand Falls, más del doble que en 2022 en esta segunda presa. Maine registró 404.082 en Woodland durante la campaña de 2026. No es una subida lineal, porque el caudal, la temperatura y el momento de la migración cambian cada temporada.

El pez que alimenta a todos

Cuando las alosas remontan el río, transportan nutrientes del océano al agua dulce y sirven de alimento a muchas especies. “El río se llena de peces”, explica Sean Ledwin, director de Pesca Migratoria y Hábitat del Departamento de Recursos Marinos de Maine. Águilas pescadoras, visones, merluzas, focas, frailecillos y ballenas aprovechan esa llegada.

La abundancia también tiene un valor económico. En Maine, estos peces se usan como cebo en la pesca de langosta, y NOAA citó para 2023 unos ingresos de 464 millones de dólares en ese sector y una pesquería de angula americana valorada en 20 millones. La restauración podría apoyar empleos y capturas locales, aunque no garantiza por sí sola la recuperación del bacalao o el abadejo.

Memoria y futuro

La relación Passamaquoddy con el río viene de muy atrás. En la región se han encontrado huesos de alosa en un hogar de hace unos 4.000 años. “Este río es fundamental para nuestra identidad y nuestra razón de ser”, afirma Ralph Dana, miembro tribal que supervisa la restauración en Sipayik.

En 1995, Maine bloqueó el paso en Woodland y Grand Falls ante el temor de perjudicar a una población introducida de lubina de boca pequeña. La migración cayó a unos 900 peces en 2002, hasta que el pueblo Passamaquoddy impulsó la derogación de la ley en 2013. No es solo ingeniería, también es una forma de recuperar alimentos, prácticas culturales y vínculos perdidos.

NOAA ha destinado 35,6 millones de dólares a los trabajos. El calendario inicial situaba la construcción en 2025, pero los documentos de contratación revisados fijan las pruebas para la primavera de 2028 y la terminación para el 30 de junio de ese año. Grand Falls sigue en fase de diseño y aún necesita fondos para construir sus nuevas rutas.

La nota de prensa oficial en la que se basa esta noticia se ha publicado en NOAA Fisheries.

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