El negacionismo climático de Donald Trump ha dejado de ser retórica para convertirse en política de Estado.
En su discurso ante la ONU y durante su regreso a la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha atacado abiertamente la transición energética, ha retirado a EE.UU. de los principales acuerdos climáticos y ha reactivado una agenda basada en combustibles fósiles que tensiona la diplomacia global y pone en riesgo los avances frente al calentamiento global.
El negacionismo climático de Donald Trump como política oficial
El negacionismo climático de Donald Trump dinamita acuerdos internacionales y refuerza la apuesta por petróleo, gas y confrontación geopolítica.
La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París
«Si no te alejas de la estafa verde, tu país va a fracasar«. Cinco veces se refirió el presidente de EEUU, Donald Trump, al cambio climático en términos de estafa durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas del pasado 23 de septiembre, en el que exhibió su orgullo negacionista y llamó a las naciones del mundo a recuperar su libertad energética.
Ataques a la ONU y al multilateralismo climático
La intervención eliminó cualquier duda sobre las intenciones medioambientales del presidente estadounidense, que durante su primer año de vuelta al cargo se ha recreado, como hizo ante la ONU, en sintagmas como «las falsamente llamadas renovables«, «la falsa catástrofe energética» y «las brutales políticas de energía verde«.
Europa como blanco de burla climática
Ante el silencio de su audiencia, Trump se mofó de Europa por hacer «el sacrificio» de reducir sus emisiones un 37 %, mientras China y otros países propiciaban un aumento global del 54 %. «Felicidades, Europa. Buen trabajo«.
El dirigente republicano ya había establecido sus pautas al rubricar el día de su toma de posesión la salida del Acuerdo de París, que se hará efectiva el próximo 27 de enero.
El país, el segundo más contaminante, tenía una meta de financiación para la adaptación climática de 300.000 millones de dólares hasta 2035. Ahora, este 2026 verá caducar su compromiso nacional de reducción de emisiones (NDC).
Petróleo, gas y emergencia energética declarada
Trump también declaró al asumir el cargo una emergencia energética que le permitía potenciar la producción de petróleo y gas en Alaska y en octubre su administración aprobó los planes para abrir el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico a las nuevas prospecciones.
Groenlandia, Venezuela y los recursos estratégicos
El petróleo fue igualmente un factor determinante en el ataque de las tropas estadounidenses a Venezuela. Tras capturar y sacar del país al presidente, Nicolás Maduro, la administración Trump anunció su intención de asumir el control de la venta de petróleo venezolano indefinidamente.
Más al norte, en Groenlandia, los recursos energéticos y tierras raras que atesora la isla bajo su inmenso territorio helado son una tentación difícil de resistir para el líder republicano, que quiere tener esas riquezas a mano «.
Su primera ‘mala‘ ha sido amenazar con aranceles a los países europeos que han enviado militares en misión de reconocimiento a la isla.
Un golpe a la gobernanza climática internacional
Los analistas que advirtieron en enero de 2025 de las consecuencias de la salida de Estados Unidos de París observaron con cierto alivio que el país continuaba en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), foro de referencia contra el calentamiento global.
Pero el espejismo duró poco: el pasado 7 de enero Trump firmó una orden ejecutiva para retirar a su país de 66 organizaciones «contrarias a los intereses nacionales«, entre ellas la UNFCCC.
Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención, lo consideró «un gol en propia meta colosal» que dejará al país «menos seguro y menos próspero».
Supondrá, dijo, «energía, alimentos, transporte y seguros menos asequibles para los hogares y empresas, ya que las energías renovables siguen siendo más baratas que las fósiles» y «la volatilidad del petróleo, el carbón y el gas causa más conflictos, inestabilidad regional y migraciones forzadas«.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Agencia Internacional de Energía Renovable y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza figuran asimismo entre las instituciones a las que EE.UU. dirá adiós.
Una COP sin Estados Unidos y sin fósiles
La COP30 se celebró en noviembre en Belém (Brasil) sin Estados Unidos, pero las posiciones norteamericanas dieron alas a otros actores para defender sus intereses y la cumbre concluyó con un documento que no mencionaba los combustibles fósiles.
Una hoja de ruta hacia el fin de los hidrocarburos fue vetada por los países productores de crudo.
El senador demócrata Sheldon Whitehouse, único representante estadounidense en la cumbre, afirmó que el Gobierno de Trump «está corrompido» por el petróleo.
La oficina de estudios económicos Rhodium Group estima que en 2025 las emisiones de gases de efecto invernadero de EE.UU. aumentaron un 2,4 % tras dos años de bajada, aunque aún no se vieron afectadas significativamente por las políticas de Trump.
Emisiones al alza y retroceso ambiental
«Pero podrían tener efectos cada vez mayores en los próximos años«, subrayan, tras mencionar entre los riesgos la cobertura con fuentes fósiles de la demanda eléctrica de los centros de datos y la falta de incentivos para los vehículos eléctricos.
Los organismos climáticos confían en que al menos los mercados corrijan la andadura de Trump, pues según la Agencia Internacional de la Energía el 91 % de los proyectos renovables son rentables.
Stiell mostró también este señuelo tras la retirada de EE.UU. de la UNFCCC: «La oportunidad comercial en materia de energía limpia, resiliencia climática y electrotecnología avanzada sigue siendo demasiado grande como para que los inversores y las empresas estadounidenses lo ignoren«. Seguir leyendo en ECO AMÉRICA.





















