Un estudio en Florida identifica 86 especies de vertebrados a partir de 2.051 comidas de sangre y apunta a una vía barata para vigilar la biodiversidad.
Los mosquitos no solo pican y transmiten patógenos. También dejan un rastro de información genética que permite reconstruir, con sorprendente detalle, qué animales habitan en un territorio. Un equipo de la Universidad de Florida, encabezado por el entomólogo Lawrence E. Reeves, ha demostrado que el análisis del ADN de la sangre ingerida por hembras capturadas en una reserva del centro de Florida permite identificar decenas de especies sin necesidad de avistarlas ni capturarlas.
El trabajo, publicado en Scientific Reports, se basa en el examen de una muestra de 2.051 comidas de sangre correspondientes a 21 especies de mosquitos. Con técnicas de código de barras genético, los investigadores detectaron ADN de 86 especies de vertebrados, desde anfibios y reptiles hasta aves y mamíferos. El resultado ofrece una “radiografía” del ecosistema a partir de los propios hábitos alimentarios del insecto.
La idea conecta con una intuición popularizada por Parque Jurásico, aunque por razones muy distintas a las de la ficción. En el estudio, Reeves reconoce esa inspiración cultural y sitúa el potencial real en el presente, no en la paleontología. La utilidad, explica la Universidad de Florida en una nota divulgativa, es que los mosquitos pueden capturar señales de biodiversidad a partir de sus picaduras y hacerlo a gran escala, con un coste y un esfuerzo menores que muchos muestreos de campo.
Una herramienta para lo difícil de ver
El hallazgo tiene interés práctico porque muchos vertebrados son esquivos, nocturnos o viven en zonas de acceso limitado. La técnica permite detectar también especies invasoras o amenazadas, y puede funcionar como sistema de vigilancia ambiental cuando se necesita información rápida sobre cambios en la composición de fauna.
El equipo probó además el rendimiento del método frente a técnicas convencionales de muestreo (censos, trampas, observación) en distintas estaciones, con resultados competitivos para describir el conjunto de vertebrados presentes.
Lo que sí permite y lo que no permite
El paralelismo con Parque Jurásico tiene límites claros. Este enfoque no recupera genomas completos ni resucita especies extinguidas. En la práctica, el ADN hallado corresponde a alimentaciones recientes y aparece fragmentado, lo que sirve para identificar especies pero no para “reconstruir” un animal desaparecido.
Tampoco es una fotografía perfecta. La detección depende de qué pica cada mosquito, de cuándo lo hace y de sesgos conocidos (algunas especies de mosquitos prefieren ciertos hospedadores). Por eso, los autores plantean el método como complemento o alternativa eficiente en determinados contextos, no como sustituto universal de todo el trabajo de campo.




















