Un dispositivo logra por primera vez generar electricidad usando la rotación de la Tierra y obliga a reabrir un debate que se creía cerrado

Publicado el: 25 de diciembre de 2025 a las 10:27
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Planeta Tierra en el espacio con destellos eléctricos, ilustración sobre electricidad generada por la rotación terrestre.

El experimento, publicado en Physical Review Research, reabre un debate teórico antiguo y exige réplica independiente antes de hablar de aplicaciones.

Un equipo encabezado por Christopher F. Chyba ha presentado un dispositivo de laboratorio capaz de generar una tensión eléctrica continua extremadamente pequeña a partir de la rotación de la Tierra y su propio campo magnético de la Tierra. La señal registrada se mueve en el rango de las decenas de microvoltios y se acompaña de corrientes de decenas de nanoamperios, magnitudes muy alejadas del consumo cotidiano, pero suficientes para reactivar una discusión de fondo en electromagnetismo.



El trabajo describe una pieza central muy concreta (un cilindro hueco de ferrita de manganeso y zinc, de unos 30 centímetros) y un protocolo pensado para discriminar efectos parásitos (en particular el efecto Seebeck, que puede producir voltajes por gradientes térmicos). La señal cambia de signo al invertir la orientación del montaje y cae prácticamente a cero en posiciones intermedias, un patrón que, según los autores, encaja con la predicción de su modelo.

Cómo funciona el experimento y por qué la forma importa

La idea de partida es conocida (un conductor en movimiento dentro de un campo magnético puede experimentar fuerzas sobre sus cargas). Lo controvertido ha sido siempre si, al estar el dispositivo unido a la Tierra, ese posible voltaje se anula de manera casi instantánea por la redistribución de electrones, lo que haría inútil la rotación terrestre como fuente de energía. El grupo sostiene que hay supuestos implícitos en esa “imposibilidad” y que una geometría particular, combinada con un material “magnéticamente blando” y una difusión magnética favorable, evita la cancelación completa dentro del cuerpo del dispositivo.



En el montaje descrito, la carcasa hueca y la elección del material son clave. Una versión sólida del mismo cilindro no produjo un voltaje medible, y otra configuración diseñada para que la difusión magnética no jugara un papel relevante tampoco dio señal, según relatan los autores.

Las cifras, los controles y el “ruido” que puede confundirlo todo

Los autores sitúan el corazón del problema en mediciones minúsculas, por lo que el control instrumental es casi tan importante como la física. La señal buscada compite con interferencias ambientales y con efectos termoeléctricos. El estudio detalla la monitorización de temperaturas en los extremos del cilindro para estimar y sustraer la contribución del efecto Seebeck, además de repetir medidas en otra ubicación con mayor ruido eléctrico para comprobar si el patrón de orientación se mantenía.

Incluso aceptando el resultado, el balance energético es modesto hasta lo simbólico. La potencia asociada al producto de voltaje y corriente queda “muchos millones de veces” por debajo de la que requieren aparatos comunes, en palabras que se repiten en la cobertura técnica del hallazgo.

Debate abierto en la literatura científica

La recepción del trabajo ha sido ambivalente. Parte de la comunidad lo ve como una prueba experimental de un efecto que merecía ser buscado, mientras que otros físicos recuerdan que la objeción teórica clásica no se derriba con facilidad y que pueden existir explicaciones alternativas si algún detalle del control falla. La discusión se ha trasladado a artículos de análisis y noticias científicas que subrayan, sobre todo, la necesidad de que un laboratorio ajeno al equipo reproduzca el experimento con independencia.

El propio Chyba ha insistido en ese punto. Antes que prometer un nuevo tipo de energía, el siguiente paso es el más básico y también el más difícil en ciencia experimental (ver si el efecto aparece cuando lo intenta otra mano).

Qué podría significar si se confirma

Si la señal se valida y se entiende con precisión su origen, el campo de aplicación razonable no sería “alimentar la red”, sino nichos de muy bajo consumo (sensores o instrumentación científica) y, siempre, bajo estrategias de escalado que aún no están demostradas. El artículo plantea posibilidades conceptuales como sumar voltajes conectando múltiples elementos, pero lo hace en términos exploratorios, no como una hoja de ruta inmediata.

En paralelo, el trabajo toca una idea incómoda para la intuición. Si se extrajera energía eléctrica de la rotación la Tierra, el planeta tendría que ceder una fracción ínfima de su energía rotacional, compatible con la conservación del momento angular. En el experimento, esa “cesión” sería tan pequeña que queda fuera de cualquier medición práctica, pero sirve para encajar el fenómeno dentro de un marco físico coherente.

Próximo paso, una réplica independiente

Con el artículo ya publicado y una versión en abierto en arXiv, el listón que fija la comunidad es claro (repetición, auditoría de controles, variantes del diseño y pruebas ciegas frente a artefactos térmicos y electromagnéticos). Solo entonces se sabrá si el cilindro de ferrita abre una vía real o si, por el contrario, se trata de una señal que la instrumentación “convierte” en hallazgo.

El estudio ha sido publicado en Physical Review Research.

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ECOticias.com El periódico verde

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