Comunicación para la conservación de la biodiversidad: claves para salir del catastrofismo y el esteticismo

Dos de los errores frecuentes en comunicación ambiental detectados por diversas/os autoras/es en este campo (Montero, 2007; Piñeiro, 2008; Sundseth, 2004, etc.), son el catastrofismo y el esteticismo o mensaje idílico.

El catastrofismo aparece muchas veces de manera inevitable, ante el conocimiento científico de la gravedad de los problemas ambientales. Pero el miedo es un factor que tiene consecuencias sobre las que es necesario reflexionar. Según FUTERRA y PNUMA (2005), está desaconsejado asustar a la gente porque el miedo produce apatía y lejos de lograr esos objetivos de movilización proambiental y compromiso con la conservación, podemos avanzar hacia un rechazo ante los mensajes de conservación, ya que diferentes estudios reflejados en la citada publicación afirman que las personas están hartas del mensaje del miedo. Para usar la percepción de riesgo como eje de la comunicación es preciso entender y dialogar sobre cómo nos relacionamos con el miedo ante diferentes situaciones y en cualquier caso apostar por las soluciones.

El esteticismo es nuestra otra gran baza que jugamos de forma habitual. Con la intención de “seducir a nuestro público destinatario” con los secretos y las maravillas de la naturaleza, configuramos mensajes idílicos en entornos espectaculares alejados de la cotidianeidad de las personas con las que queremos entablar un diálogo. Para Montero (2007), se da un conflicto de valores entre la visión romántica generalmente perteneciente a las personas alejadas del problema ambiental y la perspectiva pragmática de las personas de ese contexto. Pero también este autor describe el conflicto en el sistema de conocimiento. Ante la dificultad de explicar conceptos complejos, en numerosas ocasiones se opta por mensajes puramente emocionales que pueden caer incluso en el antropocentrismo fuerte. José María Montero lo describe con un ejemplo que califica de mensaje banal y egoísta: “Salvemos al lince para poder seguir disfrutando de su contemplación.”

¿Qué opciones tenemos entonces para lograr un diálogo con las personas y entidades que vaya más allá de estos dos tópicos? La comunicación participativa que sabe escuchar y construir propuestas conjuntas a partir de los intereses de todas las partes implicadas es una de las claves para salir de estos marcos de comunicación que están obsoletos. Éste tipo de propuestas son las que defiende Hesselink et al (2007) a partir del modelo CEPA.

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Ése es el desafío que también compartimos en este proyecto, repensar nuestras formas de comunicar, conocer los intereses y saberes de diferentes stakeholders o grupos interesados, para poder lograr una comunicación bidireccional y un diálogo de saberes que sea útil en los procesos de toma de decisiones tanto institucionales como personales.

 

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