Naturaleza

Caracoles antárticos conquistaron nuevos territorios viajando sobre algas durante millones de años

Una investigación reconstruye cómo estos diminutos animales pudieron atravesar enormes distancias del océano Austral sobre macroalgas flotantes, protagonizando viajes excepcionales que transformaron su evolución.

Caracoles antárticos conquistaron nuevos territorios viajando sobre algas durante millones de años

Caracoles antárticos conquistaron nuevos territorios viajando sobre algas: un hallazgo científico ha revelado que los pequeños moluscos lograron expandirse por el océano Austral cruzando miles de kilómetros sobre las algas a la deriva, un fenómeno inusual impulsado por las fuertes tempestades.

Especialistas de la Universidad de Chile examinaron varios ejemplares recolectados entre 2017 y 2023 en 19 zonas extremas, integrando los análisis genéticos y morfológicos para comprender el origen de su sorprendente dispersión.

Este viaje ancestral ocurrió hace casi ocho millones de años desde las islas remotas como Kerguelen hasta el continente helado, transformando por completo la distribución geográfica de estas especies marinas en diferentes ecosistemas.

Caracoles antárticos conquistaron nuevos territorios viajando sobre algas: un descubrimiento que lo cambia todo

Pequeños caracoles antárticos y subantárticos habrían logrado colonizar nuevos territorios viajando sobre macroalgas flotantes, como el cochayuyo, en desplazamientos excepcionales a través del océano Austral hace millones de años, según una investigación liderada por científicos de la Universidad de Chile.

El estudio, publicado en la revista británica Proceedings of the Royal Society B. británica, reconstruyó la historia evolutiva y biogeográfica de dos géneros estrechamente emparentados de caracoles -Laevilitorina y Laevilacunaria- y buscó comprender por qué habrían presentado distribuciones y una riqueza de especies tan diferentes, pese a compartir ciclos de vida y hábitats similares, específicamente en el hemisferio sur.

«Dentro de sus hábitos tienen el mismo ciclo de vida y hábitats similares. Entonces, todo indicaba que deberían tener distribuciones y riquezas parecidas, pero resultaba que no era así», explicó el doctor Sebastián Rosenfeld, investigador del Laboratorio del Ecología Molecular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, del Instituto Milenio BASE y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC).

El equipo científico analizó ejemplares recolectados entre 2017 y 2023 en 19 localidades antárticas y subantárticas, combinando información genética, características morfológicas, distribución geográfica ancestral y análisis de la rádula -una estructura que estos caracoles utilizan para alimentarse- para establecer sus relaciones evolutivas.

Las macroalgas les sirvieron de barcazas

Una de las principales interrogantes del estudio era cómo estos organismos atravesaron grandes extensiones oceánicas, considerando que no poseen larvas capaces de nadar libremente.

Las macroalgas como el cochayuyo aparecen como una de las posibles respuestas: al desprenderse de las rocas, estas pueden seguir las corrientes marinas a través de grandes distancias llevando caracoles adultos, juveniles o sus masas de huevos.

«Todos los organismos que están adheridos se van junto con ella. En el caso de estos caracoles, pueden viajar los individuos o también sus masas de huevos», señaló Rosenfeld.

Los análisis indican que uno de estos eventos de dispersión podría haber ocurrido hace aproximadamente 7,9 millones de años, cuando caracoles habrían viajado desde islas subantárticas, posiblemente Kerguelen, hasta la Antártica occidental; posteriormente, otros individuos habrían alcanzado Georgia del Sur desde ese territorio. 

Unos resultados que sorprendieron a todos

Según los investigadores, estos desplazamientos no habrían sido habituales, sino acontecimientos excepcionales posiblemente asociados a tormentas u otras condiciones capaces de favorecer el transporte de grandes masas de algas.

Una vez establecidos en nuevos territorios, los grupos quedaron aislados geográficamente y comenzaron a diferenciarse tanto genética como morfológicamente.

El estudio también arrojó un resultado inesperado sobre la clasificación de estos animales: aunque actualmente Laevilitorina y Laevilacunaria son considerados dos géneros estrechamente relacionados, los análisis identificaron cuatro grandes grupos evolutivos o clados que podrían corresponder a géneros diferentes.

«Estamos en presencia de posiblemente cuatro géneros», señaló Rosenfeld, quien consideró que este resultado abre un nuevo escenario para comprender la diversidad del grupo.

Para Elie Poulin, coautor del estudio y director del Instituto Milenio BASE, los resultados muestran cuánto queda por conocer sobre la biodiversidad del océano Austral y pueden contribuir a anticipar cómo responderán sus especies ante los cambios ambientales.

«Comprender cómo se originaron y diversificaron sus especies no solo permite reconstruir su historia evolutiva, sino también anticipar cómo responderán frente a cambios ambientales acelerados», afirmó.

Los datos obtenidos sugieren la existencia de cuatro linajes evolutivos distintos, un insumo clave para prever la capacidad de adaptación de la fauna antártica ante el acelerado cambio climático.

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