Como si llevaran máscaras: estos delfines son filmados utilizando esponjas para cazar sin hacerse daño

Publicado el: 19 de enero de 2026 a las 12:35
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Delfín nariz de botella de Shark Bay cazando con una esponja en el hocico

En una esquina remota de la costa de Australia, en Shark Bay, un pequeño grupo de delfines nariz de botella ha desarrollado una técnica de caza tan ingeniosa como exigente. Se colocan una esponja marina en el hocico para remover el fondo marino y sacar a peces camuflados de la arena. La imagen hace sonreír, parece que lleven una nariz de payaso. Pero el nuevo estudio revela algo importante. Esa herramienta tan útil les complica el oído. O mejor dicho, su sistema de ecolocalización.

El trabajo, liderado por la bióloga marina Ellen Jacobs, muestra que las esponjas distorsionan las señales de “sonar” que los delfines emiten y reciben para orientarse y localizar presas. Es decir, la herramienta no solo protege el hocico y abre un nicho de alimento nuevo, también introduce costes que ayudan a explicar por qué solo alrededor de un 5 % de la población de Shark Bay, unos 30 animales, utiliza esta técnica.



Cómo cazan con esponjas estos delfines

Los científicos llaman a este comportamiento “sponging”. Los delfines arrancan una esponja en forma de cesta del fondo, se la encajan en el hocico y avanzan rozando el sustrato. Con ese “guante” natural remueven piedras, conchas y arena hasta que un pez escondido sale disparado. Entonces sueltan la esponja, persiguen al pez, se lo tragan y vuelven a recoger la herramienta.

Las presas favoritas suelen ser peces pequeños sin vejiga natatoria, como el barred sandperch. Estos peces apenas rebotan el sonido y son más difíciles de detectar con ecolocalización clásica, pero son ricos en grasa y energía. La esponja protege el hocico de rocas afiladas y de especies peligrosas como peces escorpión o rayas, mientras ensancha la zona de búsqueda. Una técnica muy fina para un menú bastante especializado.



El problema llega con el “sonar”

Hasta ahora se sospechaba que la esponja podía interferir con el eco que vuelve a la mandíbula del delfín. Jacobs y su equipo lo han comprobado con dos enfoques. Primero, grabaron en campo el sonido de delfines que usaban esponjas en Shark Bay y confirmaron que siguen utilizando clics de ecolocalización de forma intensa mientras cazan, no solo cuando sueltan la esponja.

Después dieron un paso más. Tomaron esponjas reales del área de estudio, las escanearon con tomografía computerizada y construyeron modelos digitales. Con programas de simulación reprodujeron la cabeza de un delfín y el recorrido de los clics al atravesar el tejido de diferentes esponjas, chocar con una “presa” y regresar al animal.

El resultado es claro. La presencia de la esponja cambia la forma del haz de sonido, altera la intensidad del eco y modifica su contenido en frecuencias. Según explica Jacobs, tiene “un efecto de amortiguación, como una mascarilla”. En algunos casos el haz se concentra y en otros se dispersa y pierde fuerza. Es un poco como llevar gafas con la graduación equivocada. La información sigue ahí, pero el cerebro tiene que aprender a descifrarla de nuevo.

Por qué solo unos pocos aprenden esta técnica

Con estas distorsiones, cazar con esponja deja de ser un simple “truco” y se convierte en una especialización compleja. El biólogo Mauricio Cantor lo resume de forma gráfica cuando compara esta técnica con “cazar con los ojos vendados, hace falta estar muy entrenado para que funcione”. No todos los delfines están dispuestos a invertir tantos años de práctica.

Las crías pasan unos tres o cuatro años pegadas a sus madres, observando cómo se alimentan. En el caso de las familias “spongers”, la técnica se transmite solo de madres a hijos e hijas. La coautora Janet Mann recuerda que esta habilidad “se pasa exclusivamente de madre a cría”. Las hijas la adoptan con más frecuencia que los machos y los jóvenes necesitan mucho tiempo hasta alcanzar la misma eficacia que los adultos.

El nuevo estudio sugiere que una de las razones es precisamente ese “ruido” añadido en el sonar. Cada esponja tiene forma y propiedades distintas, y cada vez que el delfín la deja caer para capturar un pez y la vuelve a colocar, el acoplamiento al hocico cambia. Eso significa que el patrón de ecos es ligeramente distinto. Interpretar esa jungla de señales exige años de práctica y una relación muy estrecha entre la madre experta y la cría.

Cultura animal y un océano que cambia

El caso de Shark Bay es uno de los pocos ejemplos claros de uso de herramientas en mamíferos marinos y de cultura no humana ligada a un hábitat muy concreto. Solo algunas líneas maternas usan esponjas y dependen de ciertas especies de esponjas de cesta que crecen en canales profundos.

Otros trabajos recientes ya han alertado de que una ola de calor marina alteró la distribución y la diversidad de estas esponjas en la zona. Si el calentamiento de las aguas y las anomalías extremas siguen afectando a estos fondos, no solo cambiará el paisaje submarino. También podrían verse comprometidas tradiciones de caza tan especializadas como esta.

En el fondo, la historia de estos delfines nos recuerda que el comportamiento animal no flota en el vacío. Depende de paisajes, presas y “herramientas” que también están bajo presión. Entender cómo se equilibran las ventajas y los costes de una técnica tan refinada es clave para proteger no solo a la especie, también su cultura.

El estudio oficial ha sido publicado en la revista Royal Society Open Science.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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