Algunos perros con un talento poco común para el aprendizaje verbal pueden incorporar palabras nuevas simplemente escuchando a sus dueños hablar con otra persona, sin que nadie se dirija a ellos. Esa es la principal conclusión de un trabajo firmado por Shany Dror y colaboradores de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) y de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, publicado esta semana en Science.
El hallazgo apunta a una capacidad que en humanos se asocia al aprendizaje temprano del lenguaje. En torno a los 18 meses, los niños pueden captar el nombre de un objeto por “escucha incidental” y después reconocerlo. Los investigadores sostienen que, al menos en un puñado de perros, ese mecanismo aparece de forma funcionalmente comparable.
Un experimento con dos escenarios y un tiempo muy corto
El equipo trabajó con 10 perros catalogados como Gifted Word Learners (perros con una gran “biblioteca” de nombres de objetos, normalmente juguetes). En una primera condición, el aprendizaje fue directo. Los dueños mostraron dos juguetes nuevos y repitieron sus nombres mientras jugaban con el animal. En la segunda, los perros observaron a sus dueños hablar con un tercero sobre esos juguetes, sin interpelarlos. El tiempo total de exposición fue breve, unos ocho minutos repartidos en sesiones cortas.
Para comprobar si se había fijado el nombre, los juguetes se colocaron en otra habitación y el dueño pidió al perro que trajera el objeto correspondiente por su nombre. Siete de diez animales superaron la prueba en ambos escenarios. El rendimiento medio fue alto desde los primeros intentos y, según los autores, no hubo desventaja por aprender “a escondidas”.
El estudio añadió un segundo experimento con un matiz relevante. Los dueños presentaban el juguete, lo guardaban en un cubo y solo después pronunciaban su nombre, cuando el perro ya no podía verlo. Aun con esa separación temporal entre la vista y la etiqueta verbal, la mayoría de los perros volvió a asociar palabra y objeto.
Qué significa y qué no significa
Los autores no están describiendo una habilidad extendida en la población canina, sino una excepción. El propio equipo remarca que estos perros son raros, hasta el punto de que su identificación a escala internacional ha sido uno de los cuellos de botella de esta línea de investigación.
La lectura prudente es doble. Por un lado, el trabajo refuerza la idea de que ciertos procesos sociocognitivos necesarios para “aprender del habla” no son patrimonio exclusivo de nuestra especie. Por otro, sugiere que la domesticación y la convivencia humana pueden haber abierto una puerta, pero no garantizan el resultado por sí solas. El estudio se apoya en perros con una trayectoria previa de aprendizaje de nombres de objetos, algo que no encaja con el perfil de la mayoría de mascotas.
Una pista sobre la atención, no una promesa para todos los hogares
Más allá del titular llamativo, la parte más interesante está en el tipo de atención que exige el aprendizaje. Si un perro puede mapear un nombre a un objeto sin recibir una orden directa, entonces está atendiendo a una interacción social ajena y extrayendo de ella información útil. Esa destreza es valiosa para discutir el origen y los límites de la comprensión simbólica en animales, pero también para ajustar expectativas en casa.
En términos prácticos, El estudio no justifica concluir que “los perros entienden conversaciones” en sentido humano. Lo que muestra es un aprendizaje asociativo muy sofisticado en un grupo restringido y seleccionado. Para el resto de perros, el adiestramiento explícito sigue siendo el camino más fiable, con repetición, contexto y refuerzo.


















