Naturaleza

Los científicos lo confirman: el 92% del área quemada por los incendios de Canadá la provocan los rayos, no las personas, y por eso aunque suene extraño a veces no tiene sentido intentar apagarlos

Los rayos originan la mayoría de los grandes incendios de Canadá, pero el clima extremo explica su devastadora expansión.

Los científicos lo confirman: el 92% del área quemada por los incendios de Canadá la provocan los rayos, no las personas, y por eso aunque suene extraño a veces no tiene sentido intentar apagarlos

En junio de 2023, el humo de cientos de incendios forestales en Canadá cubrió Toronto, Ottawa y Quebec, cruzó la frontera y convirtió el cielo de Nueva York en una escena naranja. No era un atardecer bonito. Era una nube cargada de partículas finas procedentes de bosques situados a cientos de kilómetros.

La explicación no cabe en una sola palabra. Hubo rayos y también fuegos iniciados por personas, pero la magnitud del desastre dependió de una combinación mucho más peligrosa. Nieve derretida antes de tiempo, sequía, calor persistente, vegetación reseca y patrones atmosféricos que mantuvieron esas condiciones durante semanas.

No hubo una única causa

Todo incendio necesita una ignición, combustible y condiciones favorables para propagarse. En Quebec, varias tormentas con abundante actividad eléctrica encendieron una cadena de fuegos a comienzos de junio, mientras que en Alberta muchos de los primeros incendios de mayo fueron atribuidos a causas humanas.

Por eso conviene separar la chispa del escenario. Anthony Taylor, especialista en manejo forestal de la Universidad de New Brunswick, lo resumió con una frase clara. “La causa número uno es el clima”. No quería decir que el clima encendiera cada fuego, sino que convirtió el terreno en una mecha enorme.

El bosque ya estaba preparado

El análisis más completo sobre la temporada de 2023 identificó tres ingredientes que aparecieron muy pronto. Hubo un deshielo adelantado, sequía acumulada durante varios años en el oeste y una transición rápida hacia la falta de humedad en el este. Entre mayo y octubre, la temperatura media canadiense fue 2,2 °C superior al promedio de 1991 a 2020.

En la práctica, el suelo y la vegetación perdieron agua antes de lo habitual. Una rama seca no arde igual que una húmeda, y millones de hectáreas permanecieron durante semanas en el lado equivocado de esa diferencia. Y eso se nota.

Un estudio posterior afinó la explicación. Detectó calentamiento persistente de la superficie, menos precipitaciones, menor humedad del suelo y extensos bloqueos atmosféricos que favorecieron el calor y la sequedad sobre Norteamérica.

El Niño no lo explica todo

Al principio se consideró improbable que El Niño fuera el responsable inmediato porque el episodio acababa de formarse. Sin embargo, un trabajo de 2025 concluyó que un El Niño del Pacífico oriental, combinado con una fase negativa especialmente intensa de la Oscilación Decadal del Pacífico, ayudó a favorecer aquellos bloqueos atmosféricos.

¿Significa eso que El Niño causó los incendios? No. Fue una pieza dentro de un mecanismo más amplio en el que también intervinieron el calentamiento provocado por el ser humano, el déficit de lluvia, el estado de la vegetación y las fuentes de ignición.

El cambio climático inclinó la balanza

Un análisis de atribución centrado en Quebec calculó que el cambio climático provocado por el ser humano hizo que la gravedad acumulada de la temporada fuera aproximadamente un 50 % mayor. También estimó que un episodio semejante se había vuelto al menos siete veces más probable.

El pico de condiciones meteorológicas favorables al fuego fue, además, al menos dos veces más probable y cerca de un 20 % más intenso. No es poca cosa. Cuando el calor seca el combustible, baja la humedad y el viento acompaña, un rayo o una imprudencia pueden convertirse mucho más rápido en un incendio difícil de frenar.

Esto no significa que cada hectárea quemada pueda atribuirse solo al calentamiento global. Significa que el clima de fondo elevó las probabilidades, alargó la ventana de riesgo y facilitó que muchos incendios crecieran al mismo tiempo en regiones muy alejadas.

Por qué el humo llegó tan lejos

El humo no se queda encima del bosque. Las corrientes de aire pueden levantarlo, transportarlo miles de kilómetros y devolverlo después a capas cercanas al suelo, justo donde respira la población. Así alcanzó el este de Canadá y Estados Unidos, mientras otra parte de la pluma cruzó el Atlántico hacia Europa.

Las partículas PM2,5 son uno de los componentes más preocupantes. Miden 2,5 micrómetros o menos, mucho menos que el grosor de un cabello, y pueden permanecer suspendidas durante bastante tiempo. El humo filtró buena parte de la luz azul y dejó dominar los tonos rojizos y anaranjados, de ahí aquellos cielos casi marcianos.

Una investigación de 2025 estimó que los incendios canadienses elevaron la exposición media anual a PM2,5 tanto en Norteamérica como en Europa. El cálculo se obtuvo mediante modelos, no mediante un recuento directo, pero muestra hasta dónde puede viajar un problema que comienza en un bosque remoto.

Qué supone para la salud

Las PM2,5 pueden penetrar profundamente en los pulmones y pasar al torrente sanguíneo. La exposición se relaciona con irritación, tos, crisis de asma y empeoramiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Niños pequeños, mayores, embarazadas y personas con problemas previos de corazón o pulmón presentan más riesgo.

¿Qué debe hacer alguien cuando el cielo cambia de color y huele a humo? Las autoridades canadienses recomiendan consultar los índices y alertas de calidad del aire, reducir el ejercicio intenso en el exterior y mantener el aire interior lo más limpio posible.

Si resulta imprescindible salir, una mascarilla N95, KN95 o KF94 bien ajustada puede disminuir la exposición a las partículas finas, aunque no elimina los gases del humo. Además, el aire puede seguir contaminado cuando la nube ya no se ve con claridad. El dato útil no es solo el color del cielo, sino la medición oficial.

La lección que deja Canadá

La temporada de 2023 se extendió desde mediados de abril hasta finales de octubre y quemó cerca de 15 millones de hectáreas. Esa superficie equivale aproximadamente al 4 % del área forestal canadiense y supera en más de siete veces el promedio histórico del país.

Más de 200 comunidades tuvieron que ser evacuadas y los equipos de extinción afrontaron una presión inédita. El problema no fue un incendio aislado, sino la coincidencia de muchos fuegos grandes, largos y difíciles de controlar.

Canadá seguirá teniendo incendios porque el fuego forma parte de numerosos ecosistemas boreales. Pero una atmósfera más cálida seca antes el paisaje y prolonga la temporada. Los rayos y la actividad humana pusieron algunas chispas, mientras el calor, la sequía y el cambio climático prepararon el escenario para una crisis continental.

El estudio científico más reciente sobre los factores atmosféricos y oceánicos que impulsaron estos incendios ha sido publicado en Communications Earth & Environment.

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