Los científicos no dan crédito: el hallazgo europeo de un túnel interestelar que conecta el sistema solar con otras estrellas

Publicado el: 27 de diciembre de 2025 a las 17:45
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Túnel cósmico de plasma caliente emergiendo del Sistema Solar según observaciones en rayos X

No vivimos en una esquina tranquila y vacía del espacio, por mucho que el cielo nocturno parezca bastante aburrido a simple vista. Un nuevo análisis con el telescopio de rayos X eROSITA sugiere que el Sistema Solar está inmerso en una gran cavidad de gas caliente, la llamada Burbuja Caliente Local (LHB), y que esa burbuja podría estar atravesada por auténticos canales de plasma que la conectan con otras regiones de la Vía Láctea.

¿Qué significa esto en la práctica? Que nuestro “barrio” cósmico es bastante menos estático y vacío de lo que pensábamos. Y que el gas caliente que nos rodea podría estar “enchufado” a otras zonas activas de la galaxia, un poco como si viviéramos junto a un intercambiador de autopistas interestelares.



El mapa más detallado de nuestro entorno caliente

El trabajo, publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, analiza el primer barrido completo del cielo en rayos X blandos realizado por eROSITA, a bordo de la misión Spectrum‑Roentgen‑Gamma. El equipo, liderado por Michael C. H. Yeung desde el Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics, ha dividido medio cielo en unas dos mil regiones y ha reconstruido, punto por punto, la temperatura y la “cantidad” de gas caliente alrededor del Sol.

La idea de que estamos dentro de una burbuja de gas a casi un millón de grados no es nueva. Desde hace décadas se sospecha que varias supernovas cercanas vaciaron de gas frío una zona de unos 300 años luz y la llenaron de plasma caliente y muy poco denso. Lo que aporta este nuevo trabajo es resolución: un mapa en 3D mucho más fino que permite ver cómo cambia la temperatura y hasta dónde llega esa burbuja en distintas direcciones.



Uno de los resultados más llamativos es que la parte sur de la burbuja es, en promedio, más caliente que la norte. Según los autores, la temperatura media pasa de unos 0,10 keV en el hemisferio norte a unos 0,12 keV en el sur (en torno a un 20 % más). Puede parecer poco, pero en física del medio interestelar esa diferencia apunta a una historia de explosiones y choques algo distinta en cada lado.

Túnel es de gas: un “metro” galáctico invisible

El otro elemento que está dando que hablar son los posibles “túneles” o canales de gas caliente. Al cruzar los datos de rayos X con mapas de polvo interestelar, el equipo ha identificado cavidades alargadas casi vacías de polvo y rellenas de plasma caliente, que parecen extenderse hacia constelaciones como Centauro y Can Mayor. Son, en la práctica, túneles de gas caliente que podrían conectar nuestra burbuja con otras superburbujas y regiones de formación estelar.

Este patrón encaja con la idea, defendida desde hace décadas, de que las sucesivas explosiones de supernovas van “horadando” el medio interestelar y creando una red de cavidades conectadas. La nueva cartografía de eROSITA apunta precisamente en esa dirección: no un espacio vacío y homogéneo, sino un queso gruyère donde las burbujas calientes se tocan, se mezclan y comparten gas a través de canales.

Para visualizarlo, puede ayudar pensar en cómo miramos el cielo desde la Tierra cuando hay un gran evento astronómico. En 2025 los aficionados estarán pendientes de eclipses y superlunas que cruzan nuestro firmamento, pero a escalas mucho mayores, la propia galaxia también vive sus “temporadas altas” de actividad, con regiones que se inflan, se calientan y se conectan entre sí.

Un entorno que condiciona rayos cósmicos y viento solar

¿Tiene esto alguna consecuencia directa para la vida en la Tierra? A corto plazo, no. La atmósfera nos protege de la mayor parte de los rayos X que emite este gas, y el cambio que se ha medido es sobre todo geométrico: cómo está distribuido y a qué temperatura. Pero a medio y largo plazo, el entorno de la burbuja sí importa.

La forma y densidad de la LHB influyen en cómo se propagan los rayos cósmicos y en cómo se expande el viento solar más allá de los planetas. Los modelos que describen el entorno de la heliosfera (esa “burbuja” creada por el propio Sol) dependen, en buena medida, de cómo sea el gas exterior. Afinar ese mapa permite entender mejor tanto lo que medimos con sondas espaciales como los flujos de partículas que llegan a las cercanías de la Tierra.

Además, el trabajo encaja con otras piezas del puzle cósmico que se han ido publicando estos meses: desde el seguimiento de visitantes como el cometa interestelar 3I/ATLAS hasta la planificación de grandes observaciones de eclipses solares y lluvias de meteoros. Todo ello ayuda a dibujar un panorama en el que nuestro planeta es solo un pasajero más dentro de un entorno dinámico y cambiante.

Lectura en clave de sostenibilidad espacial

Aunque pueda sonar muy lejano de los problemas de la Tierra, este tipo de estudios también dialogan con cómo pensamos la presencia humana en el espacio. Si hoy ya se trabaja en reciclaje espacial para que futuras misiones a Marte no conviertan otros mundos en vertederos, entender el medio interestelar es clave para planificar trayectorias, blindajes y riesgos a muy largo plazo. No es ciencia ficción: es infraestructura básica para un posible “tráfico” espacial más intenso en las próximas décadas.

En el fondo, lo que revela eROSITA es que nuestro vecindario galáctico se parece más a un archipiélago de burbujas conectadas que a un océano uniforme. La buena noticia es que, gracias a observatorios como eROSITA y a las futuras campañas que seguirán tomando la temperatura de la Local Hot Bubble, cada vez tenemos un mapa más claro de dónde estamos y hacia dónde podrían conducir esos canales invisibles de gas caliente.

El estudio ha sido publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.

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ECOticias.com El periódico verde

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