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sábado, febrero 4, 2023

Vida urbanita de las cotorras invasoras

Las cotorras en las ciudades encuentran cobijo, recursos y carecen de depredadores, de allí se han expandido siguiendo las conexiones o infraestructuras entre ciudades. Un clima similar al del lugar de origen también ha facilitado la expansión y persistencia de las cotorras. 

Vida urbanita de las cotorras invasoras. Para muchos de nosotros, la cotorra argentina, Myiopsitta monachus, y la de Kramer, Psittacula krameri, son un símbolo que representa el fenómeno de las especies invasoras, al menos si vives en una ciudad. Y es que ambas especies se han expandido por la Península Ibérica desde 1991, llegando a todos los rincones, pero siempre han llevado una vida eminentemente urbanita.

Factores relevantes

De hecho, un artículo publicado recientemente en la revista Diversity and Distributions, liderado por la investigadora del CREAF Laura Cardador, demuestra que los hábitats humanos, nuestras ciudades y las conexiones o infraestructuras viarias, han sido un trampolín que han permitido que ambas cotorras colonizaran la Península. Y que se hayan establecido de forma permanente. El estudio confirma que los factores naturales, como encontrar un clima parecido al de su lugar de origen, también han sido relevantes, pero guarecerse llevando una vida urbanita ha sido la clave que las ha llevado al éxito.

Este estudio refuerza una idea que lleva tiempo trabajando desde el ámbito científico: los hábitats humanos juegan un papel muy importante en la expansión y permanencia de las especies invasoras. Los hábitats humanos incluyen las ciudades, pero también los hábitats que el ser humano ha degradado, zonas periféricas e infraestructuras que conectan todas estas zonas antropizadas. ¿Cuáles son los motivos? Por un lado, las cotorras de Kramer y argentina se han expandido gracias a las liberaciones voluntarias o involuntarias de individuos de jaulas que vivían en las ciudades como animales de compañía.

Una existencia urbanita

Sin embargo, esta no sería la única explicación, ya que estas cotorras han colonizado nuevos lugares en la Península después de 2005, cuando la comercialización de estas especies ya estaba prohibida en Europa. En ese sentido, el equipo de investigación cree que la gran conectividad entre ambientes humanizados ha sido otro motivo importante.

Las cotorras que viven en las ciudades pueden desplazarse cómodamente de un sitio a otro siguiendo las infraestructuras humanas que conectan las urbes u otros ambientes que los humanos hemos alterado. Con este movimiento han podido colonizar nuevos ambientes urbanizados en todo el territorio.

Por último, el estudio expone que las cotorras parecen tener ya una pre-adaptación a vivir en las ciudades porque ya lo toleraban bien en su ambiente de origen. Esto implica, por ejemplo, que se aprovechan de la falta de depredadores en las ciudades para sobrevivir y reproducirse con éxito. O que son capaces de desarrollar comportamientos innovadores para hacer frente a los peligros o amenazas. Y que aprovechan gran variedad de recursos para alimentarse.

Cotorra a la vista

Para realizar la investigación se ha desarrollado un modelo matemático dinámico que ha permitido hacer predicciones y entender qué ha ayudado a las dos especies a expandirse (el clima, el ambiente, o la conexión entre espacios colonizados y nuevos ambientes). Este modelo se ha nutrido con miles de datos reales de presencia de cotorras argentinas y de Kramer que todo el equipo ha recolectado de distintos proyectos.

Gran parte de los datos que se han utilizado provenían de plataformas de ciencia ciudadana, donde la ciudadanía ha ido colgando información de cotorras vistas en diferentes lugares de la Península desde 1991 hasta 2016. “La ciencia ciudadana y las observaciones registradas a lo largo de casi un siglo en distintos medios, anuarios y noticiarios ornitológicos, atlas o webs pueden integrarse en modelos matemáticos que ayuden a comprender mejor cómo se producen las invasiones biológicas de la naturaleza”, pone de relevancia Cardador.

Este estudio nos sirve para entender que las cotorras se han expandido ligadas a los hábitats humanos. Según Laura Cardador, “ahora el modelo que hemos desarrollado puede ser una buena primera aproximación para ayudar a priorizar acciones de gestión porque puede identificar áreas sensibles a recibir nuevas colonizaciones, así como áreas en las que podríamos esperar más impactos, tanto por interferencias con las actividades humanas, como con especies sensibles”.

El estudio se ha llevado a cabo por un equipo de personas de diferentes instituciones como son la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), Sevilla, la Universidad de Montpellier, el Leibniz Institute for Zoo and Wildlife Research, de Berlín, Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), Zaragoza, Universidad de Sevilla y Universidad Pablo de Olavide, también de Sevilla. Vida urbanita de las cotorras invasoras.

Casi 50 años conviviendo

El primer registro que tenemos de cotorra argentina es de 1975 en la ciudad de Barcelona. Ya a principios de los años 80 también se detectó en Madrid y Puerto de la Cruz (en Tenerife). Actualmente, según el último censo de SEO/BirdLife en 2015, la especie ya se distribuye por al menos 15 comunidades autónomas, 27 provincias y 142 municipios, siendo sus principales núcleos reproductores Madrid y Barcelona.

En cuanto a la cotorra de Kramer, según la base de datos del estudio, la primera cita en la Península es de 1970 en Zorita (Cáceres). A principios de los 80 también se habría observado en Laguna (Tenerife), Maspalomas (Gran Canaria), Jijón (Asturias), Málaga, Almería y en Santarem en Portugal. Según los censos de 2015 de SEO/BirdLife la población española se distribuye al menos a 7 comunidades autónomas y una ciudad autónoma (incluyendo 13 provincias, una ciudad autónoma y 34 municipios). Vida urbanita de las cotorras invasoras.

Referencia: Cardador, L., Tella, J. L., Louvrier, J., Anadón, J. D., Abellán, P., & Carrete, M. (2022). Climate matching and anthropogenic factors contribute to the colonization and extinction of local populations during avian invasions. Diversity and Distributions28(9), 1908-1921.

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