La Gran Mancha de Basura del Pacífico deja de ser solo contaminación: un estudio halló vida en el 98% de 105 restos plásticos y detectó 46 especies, muchas costeras, ya reproduciéndose en pleno océano abierto

Publicado el: 12 de enero de 2026 a las 12:38
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Acumulación masiva de basura y plásticos flotando en el océano bajo un cielo azul, con una franja de residuos extendiéndose hasta el horizonte

En el centro del Pacífico Norte, a miles de kilómetros de la costa, el plástico ya no solo flota. También sirve de soporte a comunidades marinas que, hasta hace poco, se consideraban improbables en mar abierto. Un trabajo publicado en Nature Ecology & Evolution describe colonias estables de organismos, con indicios de reproducción, viviendo sobre residuos plásticos atrapados en el Giro Subtropical del Pacífico Norte, la gran autopista de corrientes donde se concentra la Gran Mancha de Basura del Pacífico.

El equipo analizó 105 fragmentos de residuos plásticos recogidos durante expediciones de The Ocean Cleanup en 2018 y 2019. El resultado fue contundente. El 98% de los objetos albergaba vida marina y se identificaron 46 tipos de pequeños animales (entre ellos percebes, cangrejos, anfípodos y anémonas). Lo más llamativo fue el origen de buena parte de esa fauna. Treinta y siete de esos tipos correspondían a especies costeras, habituales de rocas, muelles o fondos someros, no del océano abierto.



La clave no está solo en que sobrevivan, sino en que persistan. En varios casos, los investigadores observaron distintas fases de crecimiento y señales compatibles con reproducción, un indicador de que el plástico no funciona únicamente como un transporte accidental, sino como un soporte que permite mantener poblaciones durante periodos prolongados.

No todos los residuos ofrecen el mismo refugio. El estudio destaca que los objetos más colonizados tendían a ser cuerdas y redes, materiales con más recovecos, superficie útil y posibilidades de anclaje. En términos ecológicos, esa geometría proporciona microhábitats, reduce el efecto del oleaje y puede ofrecer cierta protección frente a depredadores. En alta mar, donde el sustrato duro escasea, cada centímetro de superficie cuenta.



Este hallazgo encaja con un diagnóstico más amplio. Para organismos costeros acostumbrados a fijarse a superficies, la escasez de “suelo” ha sido siempre el gran límite del océano abierto. El plástico, por su durabilidad, altera esa regla. Y lo hace en una zona donde los residuos permanecen circulando durante años, retenidos por un sistema de corrientes de gran escala .

Por qué el plástico se queda y por qué eso importa

La Gran Mancha de Basura del Pacífico no es una isla compacta, sino una acumulación difusa de residuos en una región dominada por la circulación del giro. Esa dinámica favorece que los objetos flotantes entren, queden atrapados y vuelvan a pasar una y otra vez por el mismo corredor oceánico .

Los datos de The Ocean Cleanup ayudan a dimensionar el fenómeno. Su estimación más citada habla de 1,8 billones de piezas y unas 80.000 toneladas métricas de plástico flotando en el área del parche, con un peso importante asociado a objetos grandes, muchos de ellos vinculados a artes de pesca . En ese contexto, cada fragmento que no se degrada se convierte en una plataforma potencial para organismos que, sin ese soporte, no tendrían dónde fijarse.

Un precedente que llegó con el tsunami de 2011

La idea de especies costeras viajando sobre basura flotante tiene un antecedente documentado a gran escala. Tras el terremoto y tsunami de Japón en 2011, un enorme volumen de escombros entró en el Pacífico. En los años siguientes, equipos científicos siguieron la llegada de objetos a Norteamérica y Hawái y documentaron 289 especies costeras japonesas transportadas durante seis años sobre esos restos . NOAA, que coordinó parte de la respuesta, también ha descrito el esfuerzo de seguimiento y retirada de esos residuos en la costa estadounidense.

La lectura para el caso del giro del Pacífico Norte es directa. Si un episodio extremo pudo mover comunidades enteras, la disponibilidad crónica de plástico en alta mar puede convertir ese transporte episódico en un mecanismo más constante, con implicaciones para la distribución de especies.

Una paradoja con riesgos ecológicos

Que exista vida sobre plástico no convierte el problema en una buena noticia. En el mejor de los casos, describe una adaptación a una perturbación humana masiva. En el peor, abre escenarios de impacto ecológico. Si el plástico sostiene comunidades costeras en alta mar, también puede facilitar la dispersión de especies invasoras, alterar redes tróficas locales o introducir nuevos vectores de competencia en ambientes donde antes dominaban organismos oceánicos especializados .

La paradoja es incómoda. El plástico funciona como hábitat precisamente porque es persistente y abundante. Por eso, el debate se desplaza. No se trata solo de retirar basura visible, sino de entender que parte de esa basura ya está operando como infraestructura ecológica involuntaria, con efectos secundarios difíciles de predecir.

Qué queda por saber

Los autores del trabajo subrayan que esta línea de investigación está empezando. Queda por determinar cuánto duranestas comunidades, si se mantienen todo el año o dependen de episodios de entrada de residuos, y hasta qué punto compiten o se integran con los organismos propios de mar abierto. También falta un mapa más completo del fenómeno, porque el estudio se basa en una muestra limitada de objetos en un entorno enorme.

En paralelo, las autoridades ambientales recuerdan que los “parches” de basura reflejan un problema global que empieza mucho antes, en tierra, y se amplifica por el diseño de materiales, la gestión de residuos y la pérdida de artes de pesca. La prevención en origen sigue siendo el punto crítico, incluso cuando el océano empieza a “colonizar” aquello que lo amenaza.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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