Los plásticos de siempre no solo ensucian las orillas. Según un nuevo estudio, también pueden disparar las floraciones de algas al hacer desaparecer a los pequeños animales que mantienen el agua bajo control, mientras que ciertos bioplásticos tienen un impacto mucho menor.
El trabajo lo firman investigadores de la Universidad de California San Diego, en colaboración con la empresa de bioplásticos Algenesis Materials. Se ha publicado en la revista Communications Sustainability y conecta dos problemas que ya son habituales en los titulares del verano, las mareas rojas y la contaminación por microplásticos.
Las floraciones de algas dañinas se han vuelto más frecuentes y largas en zonas costeras de todo el planeta, desde el sur de Australia hasta el Mediterráneo. Suelen culparse al exceso de nutrientes que llegan desde la agricultura o las aguas residuales, lo que sigue siendo cierto. Pero el equipo plantea que los microplásticos derivados del petróleo pueden estar echando más leña al fuego al eliminar a los consumidores naturales de algas.
El profesor de ecología Jonathan B. Shurin lo resume así. “Sabemos que las floraciones de algas se deben en parte a la contaminación por nutrientes, pero este estudio muestra que algunas de las floraciones que vemos en el mundo también pueden deberse a los efectos del plástico sobre los animales que normalmente controlan las algas”.
Treinta estanques que imitan lagos reales
Para salir de la teoría y medir impactos, el equipo trabajó durante tres meses con treinta estanques experimentales al aire libre. Allí expusieron al plancton a diez concentraciones distintas de tres tipos de microplásticos de poliuretano termoplástico. Uno era un plástico convencional de origen fósil, comercializado como Elastollan. Los otros dos eran poliuretanos biodegradables desarrollados a partir de compuestos que pueden obtenerse de lípidos de algas.
El foco estaba en los copépodos y otros organismos del zooplancton. Son diminutos, pero cumplen una función que cualquiera que viva cerca de un embalse agradece. Se alimentan de algas, mantienen el agua clara y sirven de comida a peces e invertebrados. Cuando faltan, el agua se vuelve verde, turbia y con ese olor a charca que muchos conocen de primera mano.
En los estanques con plástico fósil, las poblaciones de zooplancton se desplomaron en poco tiempo. Los autores observan que estos animales “parecían morir o reducir su reproducción muy rápido”, en palabras del primer autor, el biólogo Scott G. Morton. “El bioplástico no tuvo el mismo efecto. Eso se transmite a las algas, porque menos zooplancton comiendo algas significa más algas en el sistema y floraciones como las que vimos”.
El resultado fue claro. A altas concentraciones de plástico fósil, los estanques registraron floraciones densas de algas de forma sistemática. Con los dos bioplásticos solo aparecieron floraciones de forma ocasional y menos intensa.
No solo algas y pulgas de agua, también toda la red microbiana
El estudio va más allá de contar copépodos. Los investigadores analizaron las comunidades microbianas completas, tanto bacterias como otros eucariotas microscópicos. Todos los tipos de plástico alteraron la composición de estas comunidades, pero el plástico derivado del petróleo fue el que provocó los cambios más marcados.
En los tanques con Elastollan se enriquecieron “algas doradas” de la familia Ochromonadaceae y “algas verdes” de órdenes como Ulotrichales y Chlorellales, grupos asociados a floraciones intensas. En cambio, los estanques con bioplásticos favorecieron una comunidad más diversa, con más ciliados depredadores y zooplancton crustáceo, es decir, más “pastores” que mantienen a raya a las algas.
Los autores concluyen que los microplásticos, sobre todo los derivados del petróleo, pueden desestabilizar la estructura y el funcionamiento de las comunidades microbianas. Su efecto no se limita a añadir una superficie donde se pegan bacterias. Cambian quién domina, quién depreda a quién y cómo circulan el carbono y los nutrientes en el agua. Y eso, en un lago o una ría, se acaba notando.
Bioplásticos, una ayuda con matices
Desde hace años, equipos de química de la misma universidad trabajan en bioplásticos diseñados para biodegradarse en condiciones ambientales y pensados para productos cotidianos como fundas de móvil, chanclas o tablas de surf. Uno de sus responsables, el químico Michael D. Burkart, lo explica con cautela. “Es fundamental entender cómo se comportan estos nuevos materiales frente a los plásticos de petróleo cuando acaban en el entorno”.
El experimento muestra que los bioplásticos probados también modifican las comunidades, pero en buena medida con impactos menores sobre el zooplancton y con menos tendencia a las floraciones explosivas. No son una solución mágica, porque todo material humano deja huella. Sí apuntan, sin embargo, a que la elección de material puede marcar la diferencia incluso cuando ese producto ya se ha roto en fragmentos y nadie se acuerda de la bolsa o la suela original.
Qué implicaciones tiene para la gestión del agua
Si estos resultados se confirman en otros sistemas, el mensaje práctico es sencillo. Reducir la entrada de plásticos fósiles en ríos, lagos y zonas costeras no solo evita basura visible. También ayuda a mantener poblaciones sanas de zooplancton y redes microbianas más estables, lo que puede frenar floraciones tóxicas y zonas muertas con poco oxígeno.
En la práctica, esto conecta con debates sobre envases, plásticos de un solo uso y filtros para microplásticos en depuradoras. Municipios con humedales urbanos o costas sensibles pueden priorizar materiales biodegradables en eventos y contratos públicos. Y a nivel de consumo diario, elegir productos con menos plástico fósil no solo alivia la bolsa amarilla. También puede reducir ese “efecto dominó invisible” que empieza en un trozo de espuma sintética y termina en una playa cerrada por marea roja.
El estudio científico completo, titulado “Microplastic pollution induces algae blooms in experimental ponds but bioplastics are less harmful”, se ha publicado en la revista Communications Sustainability y lanota de prensa oficial “Plastic Pollution Promotes Hazardous Water Conditions, New Study Finds” está disponible en la web de la Universidad de California San Diego.




















