Unos protectores bucales extraen datos de los golpes que reciben los futbolistas

Investigadores de Stanford creen que los protectores inalámbricos medirán mejor las lesiones de cabeza que los cascos especializados. A pesar de la creciente preocupación por las consecuencias a largo plazo de las lesiones en la cabeza en los deportes de contacto, los investigadores aún no están seguros de cómo afectan los diferentes tipos de golpes al cerebro.

En la actualidad, un equipo de la Universidad de Stanford (EE.UU.) está utilizando un protector bucal con sensores para medir los efectos de las lesiones en la cabeza de los jugadores de fútbol americano. Los investigadores planean ampliar su investigación a otros deportes, como el lacrosse femenino y el hockey. Tienen la esperanza de que estos protectores, creados por la empresa con sede en Seattle X2 Impact, serán una alternativa asequible a los cascos especializados que se han utilizado hasta ahora en los estudios de lesiones en la cabeza.

En los últimos años, los investigadores han usado cascos con sensores para registrar los golpes y las fuerzas de impacto sufridas por los deportistas. Sin embargo, todavía no se sabe qué tipo de golpes son más propensos a causar una conmoción cerebral, y si existe un umbral de golpes a partir del cual pudieran producirse daños graves.

Dan Garza, profesor asistente de cirugía ortopédica de la Facultad de Medicina de Stanford, junto a su equipo, completó recientemente un estudio con protectores bucales usando maniquíes de choque, y planea publicar los datos en breve. Mientras tanto, los protectores se están poniendo a prueba en jugadores de fútbol americano universitario esta temporada, y también las usarán en hockey de campo y lacrosse femenino.

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Garza considera que los protectores bucales pueden llegar a ser más precisos que los cascos porque no se mueven tanto durante el impacto. También leen las fuerzas dentro del cráneo de forma más cercana, y son más baratos. «Será interesante comparar los datos» con los datos anteriores procedentes de los cascos, afirma. Los estudios de Stanford recogerán los datos de los protectores bucales, así como videos de los partidos, cuando estén disponibles, y la información clínica sobre las lesiones de los jugadores.

Christophe Mack, cofundador de X2 Impact, está de acuerdo en que los protectores bucales serán mejores que los cascos a la hora de capturar las fuerzas de impacto en la cabeza. Los dispositivos cuentan con seis sensores que miden la fuerza lineal y rotacional. Transmiten información de forma inalámbrica a un dispositivo de supervisión en las líneas laterales. Un algoritmo patentado estima las fuerzas que siente el cerebro sobre la base de lo que registra el protector. Mack asegura que no se desplazan excesivamente durante el partido, ya que se ajustan a la boca del jugador. Cuando se mueven, el sistema lo reconoce y corrige los movimientos. Además, contienen sensores que indican si están en contacto con el tejido bucal. La compañía se ha asociado con Bite Tech para que estos dispositivos estén disponibles en el mercado el próximo año.

Robert Cantu, que codirige el Centro para el Estudio de la Encefalopatía Traumática de la Universidad de Boston, afirma que todas las tecnologías de detección de impactos tienen problemas a la hora de explicar los efectos que los distintos tipos de impacto provocan en el cerebro, y no hay ningún dispositivo capaz de predecir con precisión una conmoción cerebral. También ve con escepticismo que un protector bucal pueda registrar con precisión las fuerzas, porque «la mayoría de los golpes que reciben los deportistas no se producen allí donde está situada la boquilla». Sin embargo, cree que la tecnología de detección de impactos puede aportar una gran cantidad de conocimientos simplemente señalando el momento en que ocurre un golpe, aunque no se pueda determinar la ubicación exacta y la fuerza. «Es muy importante poder registrar el número de golpes», afirma.

La investigación realizada con cascos detectores de impactos desarrollada por Simbex ya ha provocado que las universidades de la Ivy League cambien sus regulaciones para reducir el número de golpes que recibe un jugador. Jonathan Beckwith, director de investigación en Simbex, explica que la búsqueda de una relación entre los impactos y las lesiones ha resultado difícil por no poder registrar la suficiente cantidad de lesiones como para extraer conclusiones significativas, aunque la compañía y los investigadores asociados «han registrado más de 100 lesiones diagnosticadas en el campo» y publicará los resultados de los estudios pronto.

 

www.technologyreview.es – Courtney Humphries – Francisco Reyes

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