Cómo nace una isla: los volcanes submarinos crean islotes fugaces

El planeta Tierra se mantiene vivo, cada segundo algo cambia en él, y a veces fenómenos más o menos violentos como los volcánicos o sísmicos dan lugar a nuevas porciones de terreno. Lo que esperan que suceda junto a la isla de El Hierro ha ocurrido en otras ocasiones.

Uno de los ejemplos más recientes se puede encontrar en la isla de Surstey en Islandia, tras un fenómeno volcánico que dio lugar a un pequeño islote que todavía sigue a ‘flote’. Esto último es importante, ya que la mayoría de las ínsulas que surgen de este modo no llegan a consolidarse como tal. Aquí influye, como explica José Luis Barreda, vicepresidente del Colegio Oficial de Geólogos, «una serie de factores importantes como el tipo de magma que sale del volcán y el agua del mar u océano en que se ubique». Ya que depende de ello para sufrir más o menos erosión y permanecer ‘viva’ durante más tiempo. Pero, ¿qué marca la diferencia entre una isla o islote además de su supervivencia? Como apunta Barreda, «lo importante son las dimensiones, pero no se ha estipulado una medida estándar. Depende del consenso entre los expertos. Es algo relativo».

Pero no todas las islas que emergen o lo han hecho ya proceden de una erupción volcánica marina. Si bien es cierto que el fondo marino contiene numerosos montes creados a partir de crisis volcánicas, que pueden expulsar magma y asomarse a la superficie, «un ejemplo son las mismas Canarias, con una evolución de millones de años. Pero, ¿cuántas islas de este tipo no progresaron? Desconocemos la mayoría», declara vicepresidente del Colegio Oficial de Geólogos.

Y, por otro lado, en los bordes de las placas tectónicas es habitual encontrarse con agrupaciones de arrecifes formados por la superposición de unas y otras, «un ejemplo de ello son las Islas Baleares, pero nos encontramos ante procesos mucho más largos», explica Joan Martí, vulcanólogo de Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este fenómeno se puede observar en la zona de las placas de subducción –cuando una se mete debajo de otra–. «Así, esto se observa en todo el arco del Pacífico, que empieza en los Andes, sigue en la parte norte del Estado de Washington, Alaska y las islas Alutianas, baja por la zona de Siberia, llega hasta Japón, hasta bajar a las Islas Filipinas y acaba en Nueva Zelanda. En estas zonas donde se está dando mayoritariamente el vulcanismo2, como apunta Barreda.

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En general, se pueden diferenciar varios tipos de islas según su origen de formación: continentales, que formadas junto a un continente próximo –como Australia o Gran Bretaña–; volcánicas –Canarias, Hawai, Pascua–; coralinas, formadas en mares tropicales por el crecimiento de los corales hasta la superficie –Maldivas o archipiélago de Chagos–; sedimentarias, –Marajó en la desembocadura del Ebro–; y, por último, las fluviales, alteraciones en los ríos, –Isla del Bananal en Brasil–.

Un caso curioso es Islandia. Esta ínsula nació de la separación de las placas tectónicas y se formó gracias a la acumulación de material magmático que emergía de la grieta entre ambas. Aún en la actualidad está fisura está viva y se va rellenando de forma progresiva, así «la isla crece entre cinco y nueve centímetros al año», apunta Barreda. Junto a ella la recién nacida Sursta, de una explosión volcánica marina en 1963 –que duró hasta 1967–, y que parece sufrir el efecto contrario.

Esta isla, que llegó a tener unos dos kilómetros cuadrados, hoy día tiene un 50 por ciento menos de terreno desde que nació, «de hecho está casi totalmente desaparecida», subraya Martí. Este islote es una fuente de estudio para los científicos, que pese a su erosión anual, han visto cómo la isla ha sido poblada y colonizada por una fauna y flora particular. Como los frailecillos del Atlántico, las gaviotas, entre otras especies de aves migratorias que utilizan la isla de descanso en su camino, también se observan algunas especies de focas. Entre la flora, en sus inicios destacaban los musgos y los líquenes, aunque en la actualidad los científicos han contado más de 30 especies vegetales.

Sin embargo, no todas las islas sobreviven, como expone Mike García, vulcacnólogo de la Universidad de Hawái. Según García: «la formación de éstas es un fenómeno raro porque no es fácil que se consoliden». Un ejemplo de islote fugaz se halla en una pequeña ínsula que surgió en el siglo XIX al suroeste de Sicilia (Italia), de un kilómetro de diámetro, cuya vida alcanzó apenas los cinco meses.

P. Pérez – www.madrimasd.org

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