Con georradar se conocerá la estructura interior de la fachada de la Universidad de Salamanca

Este estudio busca determinar la composición interna de todo el espesor del muro, es uno de los datos que está por saber y que nos permitirá conocer el comportamiento estructural del edificio»

En sus cinco siglos de historia, la espectacular fachada plateresca de la Universidad de Salamanca nunca había conocido un día como hoy. Los científicos están haciendo un barrido de su superficie con un georradar para conocer la estructura interior del muro y contribuir así a aumentar el conocimiento de este monumento de cara a su próxima intervención. Este aparato emite ondas electromagnéticas que, al rebotar cuando se encuentran con un obstáculo, pueden ofrecer información precisa sobre lo que hay tras las impresionantes esculturas del muro exterior.

 

«Este estudio busca determinar la composición interna de todo el espesor del muro, es uno de los datos que está por saber y que nos permitirá conocer el comportamiento estructural del edificio», ha explicado esta mañana Joaquín García, arquitecto de la Fundación Patromonio Histórico de Castilla y León. Con este trabajo se podrá averiguar si hay varias capas, rellenos, oquedades, grietas o movimientos que se hayan reflejado en la estructura interna del muro, todo ello «mediante una técnica no destructiva», destaca el experto en declaraciones recogidas por DiCYT.

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El estudio se realiza a lo largo del día de hoy a través de barridos de la fachada, pero serán necesarias varias semanas para interpretar los datos. Antonio Casas, profesor de Geofísica de la Universidad de Zaragoza, explica que la técnica se basa en la emisión de ondas electromagnéticas que rebotan en las distintas capas que tiene la fachada hacia dentro. «Recogemos esas ondas, que tienen una determinada velocidad y frecuencia y, en función de esos datos, podemos llegar a saber cuál es la composición que tiene, su homogeneidad y heterogeneidad.

La prospección es corta, pero procesar el resultado requiere un trabajo amplio que incluye corregir velocidades y correlacionar la información con los sondeos que se han realizado desde la parte interior. Sondeos que han consistido en perforar dos diminutos agujeros con extracción de testigos para que se puedan interpretar los datos que obtenga el georradar. «Lo ideal para conocer la estructura de la fachada sería poder hacer 500 sondeos físicos, es decir, 500 agujeros para conocer la composición de cada uno de los puntos», indica Casas, pero eso no se puede hacer en una fachada histórica, así que «partimos de dos agujeros que se han hecho para correlacionar estos sondeos con los datos del georradar y conocer cuáles son las propiedades de la fachada».

 

Una técnica empleada en suelos

 

Esta técnica se emplea sobre todo en suelos, pero que se adapta a la fachada gracias al andamio que está instalado en la actualidad, de manera que se podría definir como una cartografía vertical. «Es un estudio muy novedoso, que sepamos no se ha hecho en otro sitio y veremos si los resultados responden a las expectativas que nos hemos creado», apunta el arquitecto de la Fundación. El georradar se ha empleado en otras investigaciones sobre Patrimonio, en especial en trabajos sobre cimientos, pero su aplicación es novedosa en una fachada.

El equivalente a esto, pero con ondas mecánicas o sísmicas es lo que se utiliza para buscar petróleo. Si en el subsuelo se detecta una capa que no es homogénea, es un indicio de que puede haber una bolsa de crudo. Del mismo modo, «aquí buscamos esas irregularidades en vertical y a una profundidad mucho más pequeña, en lugar de kilómetros a un metro o dos».

 

En los últimos meses, los científicos han realizado varios estudios para tener la mayor información posible sobre el estado de la fachada del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca: han tomado muestras; han realizado un mapeado de sales; han instalado sensores de humedad, temperatura y un anemómetro para conocer las condiciones microclimáticas; han consultado con maestros canteros para estudiar la construcción; y han llevado a cabo estudios sobre deterioro biológico, incluyendo el control de aves. «Estamos continuamente formulando preguntas sobre la fachada para la redacción del proyecto», señala Joaquín García, buscando la actuación más adecuada con el menor impacto posible.

 

Dendrocronología de las puertas

La aplicación del georradar es el penúltimo paso, puesto que también está previsto un estudio de las puertas que estará basado en Dendrocronología, la ciencia que se ocupa de la datación de los anillos de crecimiento de los árboles y que, en este caso, servirá para conocer mejor la madera y poner en contexto las puertas con el resto de la fachada. «Consiste en extraer unas pequeñas muestras y, sobre la base del estudio de los anillos de crecimiento de la madera y la comparación con otras especies, se puede establecer una datación relativa sobre cuándo se han cortado y colocado esas maderas», explica el arquitecto.

En definitiva, el objetivo es recopilar la mayor cantidad de datos que sea posible para que «si nosotros no somos capaces de interpretarlos adecuadamente, que quien venga detrás tenga la información para hacerlo», indica.

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