Obesidad y la desnutrición en los campos de refugiados

El estudio conjunto del Instituto de Salud Infantil del University College de Londres, la Red de Nutrición en Emergencias (ENN, por sus siglas en inglés) y la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR),

Una cuarta parte de los hogares en los campamentos de refugiados en Argelia están sufriendo actualmente la doble carga del exceso de peso y la desnutrición. De acuerdo con un estudio publicado en la revista ‘PLoS Medicine’, la obesidad es una amenaza emergente para esta comunidad, donde una de cada dos mujeres en edad fértil tiene sobrepeso; mientras que las deficiencias nutricionales, como la anemia por deficiencia de hierro y el retraso en el crecimiento, siguen siendo un problema persistente.

   El estudio conjunto del Instituto de Salud Infantil del University College de Londres, la Red de Nutrición en Emergencias (ENN, por sus siglas en inglés) y la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), analizó la prevalencia de la «doble carga» de la malnutrición – la desnutrición y la obesidad – en los refugiados del Sáhara Occidental que viven en una situación de emergencia prolongada, y dependen principalmente de la asistencia alimentaria humanitaria para sobrevivir.

   Más de 1.600 niños y 1.700 mujeres de 2.005 familias participaron en una encuesta nutricional de rutina de ACNUR en 2010, que recogió y monitorizó los indicadores de salud y nutrición de los niños refugiados menores de cinco años y las mujeres en edad fértil (entre los 15 y los 49 años).

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   Los refugiados saharauis viven en cuatro campamentos establecidos originalmente en 1975, cerca de la ciudad de Tinduf, en Argelia. Muchos adultos recibieron asistencia alimentaria como su principal fuente de alimento, y sus hijos son ahora la segunda o tercera generación que vive de una dieta que consiste principalmente de alimentos ricos en almidón refinado.

   La encuesta sobre nutrición registró el peso y la talla de las mujeres y los niños, y la circunferencia de la cintura de la mujer, para determinar la prevalencia de la malnutrición aguda global, el retraso en el crecimiento y el bajo peso y el sobrepeso en niños, y la obesidad central (circunferencia de cintura de más de 80 centímetros) en las mujeres.

   Un nueve por ciento de los niños tenía malnutrición aguda global, mientras que el 29 por ciento sufría retraso del crecimiento, el 18 por ciento tenía bajo peso, y el 2,4 por ciento sobrepeso. En las mujeres, el 15 por ciento sufría retraso del crecimiento, el 54 por ciento tenía sobrepeso u obesidad, y el 71 por ciento tenía obesidad central. En general, un tercio de los hogares fueron clasificados con sobrepeso, un cuarto como desnutridos, y una cuarta parte estaban afectados por ambas condiciones.

   Sobre la base de estas conclusiones, el documento hace una serie de recomendaciones: revisar las políticas de asistencia alimentaria para tener en cuenta los efectos a largo plazo de satisfacer las necesidades mínimas de nutrición en situaciones de emergencia, y promover a largo plazo la seguridad alimentaria en emergencias prolongadas, por ejemplo, mediante el fomento en la comunidad de refugiados de la jardinería y sistemas de cultivo de alimentos.

   Carlos Grijalva-Eternod, autor principal del estudio, del Instituto de Salud Infantil del University College de Londres, señala que «más de un tercio de los niños encuestados mostraban signos de desnutrición y un 15 por ciento de las mujeres mostraban signos de haber experimentado deficiencias nutricionales durante su desarrollo. Al mismo tiempo, más de la mitad de las mujeres encuestadas tenían sobrepeso. Estos altos niveles de obesidad no implican que esta población reciba una nutrición excesiva, más bien, la dieta de la población no es óptima para la salud».

   Según el experto, «varias razones pueden explicar esta tendencia. Esta población tradicionalmente nómada prefería a mujeres más gruesas, y tiene un hábito de consumo de azúcar excesivo. Sin embargo, otros factores entran en juego, como un predominio de alimentos ricos en almidón, legumbres y alimentos compuestos, en los paquetes de ayuda, pero pocos vegetales frescos y frutas. Tenemos que encontrar formas de mejorar la oferta de productos frescos para mejorar la adecuación y la diversidad de sus dietas».

   El coautor Carmel Dolan, de la Red de Nutrición en Emergencias, apunta que «los hallazgos de este estudio presentan un nuevo desafío para el sector humanitario. Sin duda, debemos hacer frente a los problemas de nutrición a los que se enfrentan los refugiados saharauis y poblaciones similares».

innovaticias.com – ep

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