El primero es funcionar como una red de comunicación social y profesional para los científicos españoles que estamos trabajando en el Reino Unido
¿Cómo surgió la idea de crear esta asociación?
Fue en junio de 2011. La Embajada de España nos transmitió su interés por que los científicos españoles que trabajábamos en Reino Unido nos asociáramos y organizáramos. Desde el principio, hemos contado con un gran apoyo por parte de la Oficina de Asuntos Culturales y Científicos de la embajada. Sin embargo, aunque dimos los primeros pasos en 2011, no empezamos a operar oficialmente hasta julio del año pasado, cuando nos establecimos como una compañía registrada en la Company House de Inglaterra y Gales. En este momento, tenemos 125 miembros de pleno derecho pero la lista de amigos de la asociación sube hasta los 230. También estamos impulsando nuestra presencia en redes sociales, Facebook, Twitter y Linkedin.
¿Cuáles son sus objetivos?
El primero es funcionar como una red de comunicación social y profesional para los científicos españoles que estamos trabajando en el Reino Unido, de manera que podamos facilitar el aterrizaje de nuevos investigadores que lleguen aquí o de aquellos que quieran desplazarse a otros países. Ser una vía para poder intercambiar experiencias y comentar dudas profesionales y personales de la vida en este país.
¿Tienen también una misión divulgadora?
Sí, ese es otro de nuestros objetivos más importantes. Queremos ser una plataforma que divulgue la ciencia hecha por investigadores españoles en Reino Unido, dar a conocer nuestros descubrimientos y logros. Hemos organizado una serie de seminarios y simposios para darnos a conocer y acercarnos a la sociedad.
¿Y qué puede hacer su asociación para impulsar la colaboración entre instituciones de ambos países?
Creemos que desde el extranjero podemos ayudar, proponiendo algunos modelos que aquí tienen éxito. Por ejemplo, recientemente hemos tenido una reunión con la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) para informarles de cómo se hace aquí el seguimiento al personal universitario y darles ideas de cosas que funcionan bien en Reino Unido y que luego pueden ser implementadas en España.
Entre nuestros objetivos nos hemos propuesto también ser asesores y mediadores de centros de investigación o empresas españolas que quieran establecerse o colaborar con instituciones en Reino Unido y, lo mismo, con compañías o centros británicos que quieran colaborar con España.
¿Qué cosas buenas se podrían importar del Reino Unido?
En Reino Unido el apoyo privado a la ciencia es bastante grande. El porcentaje de aportación del estado británico está en 1,8%, frente al español, que se sitúa en el 1,3%. Sin embargo, la gran diferencia viene dada por las aportaciones privadas a la I+D+i, tanto por parte de empresas, como fundaciones y el micromecenazgo.
Creo que en este aspecto España tiene un gran campo de mejora y con ello no quiero decir que el Gobierno no tenga que hacer todo lo posible por subir su aportación a la ciencia, pero tenemos que hacer un ejercicio de concienciación tanto por parte de los científicos, que deben incrementar su capacidad divulgadora para, así, atraer la inversión privada, como del público en general, porque este esfuerzo tiene que ser conjunto.
Cuanto más se conciencie la sociedad de la necesidad de invertir en ciencia, mayor tendrá que ser el esfuerzo que tenga que hacer el gobierno de turno. Nuestro consejo es favorecer los canales para un mejor mecenazgo y hacer un mayor ejercicio de divulgación científica. También creemos que es fundamental que el apoyo sea continuo y constante, que sea estructural y no coyuntural.
¿Qué tipo de actividades organizan?
En el ámbito científico, hemos organizado dos seminarios y hemos contribuido a la organización de un evento sobre las oportunidades científicas en Reino Unido y en España, que se celebró en la Royal Society de Londres, el pasado noviembre.
El próximo 9 de febrero tendrá lugar un seminario al que hemos invitado a Francisco González Redondo, profesor de la Universidad Complutense, que hablará de los científicos españoles que han estado en Reino Unido en los últimos 300 años. Este será el primero de toda una serie con una periodicidad bimensual. Por ejemplo, hemos invitado al último Premio Príncipe de Asturias de investigación, Sir Gregory Paul Winter. También a Salvador Enrique Moncada, que fue director del CNIC en sus orígenes. Y queremos hacer una mesa redonda conjunta con Peter Lawrence y Ginés Morata, premiados en 2007.
Además, el próximo 1 de abril celebraremos un simposio en Madrid, en la sede de la Fundación Areces, en el que presentaremos la asociación al público y, sobre todo, a la comunidad científica.
Pero también se reúnen para cosas menos serias ¿no?
Sí, cada dos o tres meses organizamos lo que llamamos la science beer o la pinta científica. Nos reunimos en un pub en Londres o en Cambridge, también hacemos barbacoas en verano y fiestas de navidad. En la última, hicimos una visita guiada por la Wellcome Collection Center, por todos los hallazgos científicos o proyectos de mecenazgo de esta fundación desde el siglo XIX.
¿Cuál es su campo de investigación? ¿Por qué se fue a Reino Unido?
Soy investigador en genética del cáncer y llevo ya 10 años en este campo. Desde 2008 estoy trabajando en Institute for Cancer Research, un organismo asociado al Royal Marsden Cancer Hospital de Londres. Mi investigación se centra en el análisis de los distintos tipos de clones tumorales que pueden existir en un paciente de mieloma múltiple, un tumor de las células plasmáticas –nuestras fábricas de anticuerpos–, y que, hoy por hoy, no tiene cura. Los pacientes mueren en cinco o siete años porque desarrollan resistencia a los tratamientos.
Antes de venir trabajé durante cinco años en el Centro de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde realicé mi tesis en genética del cáncer humano.
¿Tiene previsto regresar a España?
En el corto plazo, tal y como está la situación en España, no.
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