Sonia Muñoz y María Dolores Román, investigadora adjunta y becaria, respectivamente, del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (INICSA, CONICET-UNC),
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es una de las principales causas de muerte en el mundo. Si bien no todos los casos en los que se desarrolla un cáncer tienen un desenlace fatal, según la Organización un tercio de los cánceres pueden prevenirse con un modo sano de vida. La gran incidencia de esta enfermedad a nivel mundial, según los especialistas, se debe en gran parte al envejecimiento poblacional sumado a otras características típicas de nuestro estilo de vida: sedentarismo, consumo de tabaco y exposición a sustancias cancerígenas. En ese contexto, diversos estudios señalan que la alimentación juega un papel muy importante en el desarrollo de la patología.
Sonia Muñoz y María Dolores Román, investigadora adjunta y becaria, respectivamente, del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (INICSA, CONICET-UNC), conjuntamente con científicos de la Escuela de Nutrición y de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba, analizan la relación que tienen algunos nutrientes, presentes en alimentos de consumo habitual, con el desarrollo de tumores en vías urinarias. Este tipo de cáncer es más frecuente en hombres que en mujeres y las científicas encontraron que las vitaminas E y B6 reducen el riesgo de desarrollarlo.
“Casi todas las afecciones crónicas tienen que ver con nuestros hábitos. El objetivo es identificar aquellos componentes que pueden favorecer la aparición de los cánceres más frecuentes y diseñar un patrón de consumo de alimentos saludable, con recomendaciones en base a las características de la población local”, asegura Muñoz.
Algunos de los resultados de esta investigación fueron publicados recientemente en la revista Nutrición Hospitalaria donde postularon la influencia de distintos micronutrientes en el desarrollo de la enfermedad. Para establecer esta vinculación el grupo trabajó entre 1999 y 2008 con pacientes de hospitales públicos y privados de Córdoba que padecen esta enfermedad. Cada uno de ellos fue comparado con dos controles, es decir, personas sanas, del mismo sexo, edad y lugar de residencia.
“Cada alimento aporta numerosos micronutrientes y es difícil aislar el efecto de cada uno sobre la patología, por eso se aplican modelos estadísticos que permiten analizar la manera en que se comporta un nutriente en presencia de otro”, explica Román. O sea que es posible valorar el efecto de cada uno de los nutrientes sobre el riesgo de la enfermedad considerando la interdependencia de los consumos, llamada multicolinealidad.
Para poder identificar la influencia de los alimentos y sus componentes, teniendo en cuenta el resto de los factores intervinientes, el grupo de investigación desarrolló un cuestionario para los pacientes. El objetivo fue evaluar tanto hábitos alimentarios como otros aspectos como el consumo de tabaco, actividad física, ocupación y características socio-económicas. En cuanto a la nutrición, el cuestionario incluyó preguntas acerca de la frecuencia, cantidad y modos de preparación de cada alimento.
A partir de esto se pudo calcular el tipo y cantidad de nutrientes ingeridos a través de la dieta y estimar el efecto que tienen sobre el riesgo de desarrollar tumores de vías urinarias.





















