La cerveza y el infarto

Para llevar a cabo esta investigación se han utilizado animales de experimentación a los que se les proporcionó durante diez días, además de una dieta rica en colesterol

Un consumo moderado de cerveza podría mejorar la función cardiaca global tras sufrir un infarto, según ha mostrado el estudio ‘Intake of fermented beverages protect against acute myocardial injury: Target organ cardiac effects and vasculoprotective effects’, dirigido por la directora del Centro de Investigación Cardiovascular (CSIC-ICCC), Lina Badimon, publicado en la revista ‘Basic Research in Cardiology’ y presentado en las ‘XVIII Jornadas de Nutrición Práctica-IX Congreso Internacional de Nutrición, Alimentación y Dietética’.

   Para llevar a cabo esta investigación se han utilizado animales de experimentación a los que se les proporcionó durante diez días, además de una dieta rica en colesterol, unas cantidades de ligeras a moderadas de cerveza: un grupo con 12,5 gramos de alcohol al día, otro con 25 gramos de alcohol al día y un grupo al que se les suministró cerveza sin alcohol, además del grupo control que no consumió cerveza. Tras la inducción de infartos, los animales continuaron recibiendo la misma dieta durante los siguientes 21 días.

   «El consumo moderado de alcohol (10-30 gramos al día) se ha asociado a un menor riesgo de infarto de miocardio o muerte en estudios en poblaciones con grave riesgo cardiovascular y en pacientes con enfermedades coronarias, por lo que con esta investigación aspirábamos a evaluar la ingesta de cerveza tradicional y sin alcohol seguía la misma línea. El resultado es que los animales a los que se les suplementó su dieta con cerveza tradicional (un consumo de leve a moderado) manifestaron menor estrés oxidativo y apoptosis, así como una mejor fibrosis reparativa en el corazón y, por tanto, un mejor funcionamiento cardiaco global», ha comentado Badimon.

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   La cerveza está elaborada con ingredientes naturales (agua, cebada malteada y lúpulo), y contiene diversos nutrientes como vitaminas del grupo B (especialmente ácido fólico), fibra y minerales (silicio, potasio, magnesio y poco sodio). Asimismo, uno de los polifenoles (antioxidantes naturales) más destacados de la cerveza es el xanthohumol, presente en el lúpulo.

   «Existen evidencias científicas que relacionan, tanto el xanthoumol, como el bajo contenido alcohólico que contiene la cerveza con efectos protectores en la salud cardiovascular», ha comentado Badimon, para informar de que 21 días después del infarto de miocardio, el tamaño de la cicatriz era «significativamente inferior» en los animales, cuya dieta fue suplementada con cerveza tradicional y sin alcohol, frente a los que mantuvieron una dieta habitual.

   Asimismo, el estudio ha analizado los mecanismos que subyacen a estos efectos protectores asociados a la ingesta de cerveza, y ha mostrado que los animales alimentados con cerveza tenían, en la zona ciatricial y en comparación con los animales del grupo de control, una menor infiltración de lípidos, una menor actividad metaloproteásica y una mayor transformación miofibroblástica dependiente del factor de crecimiento transformante (TGF)-beta-1, lo que deriva en la formación de fibras de colágeno.

   «Por lo tanto, podemos confirmar que la ingesta moderada de cerveza puede favorecer la formación del tejido cicatrizal reparativo tras sufrir un infarto», ha añadido Badimon.

CERVEZA, PESO CORPORAL Y COLESTEROL

   Por otra parte, a lo largo de la investigación, no se ha detectado ninguna diferencia de aumento de peso entre los distintos grupos de animales. Asimismo, el grupo de animales cuya dieta fue suplementada con un consumo moderado de cerveza tradicional mostró un mejor perfil lipídico en el momento del sacrificio, con un aumento significativo de las partículas de HDL y una consecuente disminución del ratio colesterol total/colesterol HDL (cuanto menor sea este ratio, mejor salud cardiovascular se tiene).

   «Hemos detectado que la ingesta moderada y regular de cerveza tradicional durante 21 días se asocia a un aumento de los niveles de plasma de HDL. Sin embargo, el consumo de cerveza sin alcohol, aunque no aumenta los niveles de HDL, es capaz de mejorar la calidad de HDL haciendo que las partículas de HDL adquieran gran capacidad antioxidante», ha señalado la experta.

   Del mismo modo, los datos han revelado que, tanto la cerveza tradicional como sin alcohol, puede disminuir la incidencia de arritmias y las complicaciones derivadas de la isquemia durante la inducción del infarto de miocardio, con lo que, a juicio de la experta, se podría confirmar un efecto protector que resulta «más pronunciado» en los animales que consumieron cerveza tradicional de forma leve a moderada».

   Tanto el análisis entre grupos, como entre animales, ha arrojado una mejora significativa de la función cardiaca global en los animales alimentados con cerveza. «En conclusión, nuestros datos respaldan firmemente que la cerveza, tanto sin alcohol como con contenido alcohólico de leve a moderado, puede procurar  una cardioprotección que supera los efectos nocivos asociados a la dislipidemia en el miocardio infartado», ha recalcado Badimon.

   Finalmente, el director del Atherothrombosis Research Unit del Hospital Mount Sinai de Nueva York, Juan José Badimon, ha avisado de que una ingesta moderada de cerveza puede ser beneficiosa a nivel cardiovascular, mientras que su abuso puede tener efectos dañinos.

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