El coche autónomo de Google se enfrenta a un gran reto, el asfalto

El asfalto supone un duro reto para los coches autónomos de Google por lo que necesitan hacer que los vehículos sean lo suficientemente inteligentes como para enfrentarse al caos de las ciudades.

Aunque la empresa describe el trabajo con su habitual optimismo contenido, los expertos académicos en robótica son más reservados respecto a la perspectiva de vehículos completamente autónomos. Calculan que aún pasarán décadas antes de que sean capaces de hacerlo igual de bien que lo haría un conductor humano en cualquier circunstancia. Eso si es que llegan a conseguirlo alguna vez.

Los coches de Google hacen un uso extensivo de mapas detallados que describen no sólo las carreteras y las restricciones como los límites de velocidad, por ejemplo, sino también la localización en 3D de semáforos y aceras con un margen de centímetros. Pero ahora la empresa trabaja para hacer que sus vehículos puedan ver y comprender los obstáculos inesperados que no aparecen en esos mapas y son especialmente frecuentes en las zonas urbanas, según explicó el director del proyecto, Chris Urmson, la semana pasada.

«Evidentemente, el mundo no es inmutable», afirmó Urson en una conferencia que reunía a académicos e ingenieros de la industria automovilística que están trabajando en la conducción autónoma. «Hay que poder enfrentarse a cosas como construcciones temporales, así que hemos trabajado mucho en entender el sentido semántico del mundo».

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Por ejemplo, un coche autónomo debería ser capaz de reconocer que un autobús escolar es distinto de otros vehículos de tamaño parecido y puede que se comporte de forma distinta, afirmó Urmson.

Urmson mostró un vídeo de un prototipo de coche Google moviéndose por una zona en construcción real, marcada por señales con flechas amarillas parpadeantes e incluso parándose cuando un «obrero», en realidad un empleado de Google, agitaba un cartel con la mano.

Para Google, que los coches entiendan ese tipo de peligros es crucial, sobre todo debido a los cambios recientes sufridos por su proyecto. Los prototipos originales de la empresa se basaban en vehículos convencionales en los que un pasajero humano podía usar el volante y el freno para intervenir en caso de un contratiempo. Pero en mayo Google afirmó que no nos podemos fiar de los humanos para mantener la concentración en la carretera (ver «La pereza dirige el diseño el nuevo coche autónomo de Google»). Desveló un nuevo prototipo sin volante ni pedales y sostuvo que sus investigaciones se centrarían a partir de ahora en hacer vehículos 100% autónomos, sin margen para el error.

Los expertos académicos presentes en la conferencia afirmaron que Google está cogiendo algunos de los problemas más difíciles de la inteligencia artificial y la robótica y básicamente está intentando replicar la capacidad innata de los humanos para dar sentido a su entorno. Y todo porque para conducir con seguridad hay que saber hacer muchas más cosas que evitar chocar con grandes objetos como las personas u otros coches, o que ser capaz de reconocer símbolos, como una señal de stop.

Los humanos utilizan un sinfín de «pistas sociales» mientras conducen, por ejemplo establecer contacto visual o hacer inferencias sobre cómo se comportará un conductor dependiendo de la marca y el modelo del coche que conduce, según comentó a MIT Technology Review un investigador de la Universidad de Parma (Italia) Alberto Broggi.

Aunque un sistema informático sea capaz de reconocer ciertos elementos, comprender el contexto que les da sentido es mucho más difícil, explicó Broggi, quien ha dirigido varios grandes proyectos relacionados con la conducción autónoma financiados por el Consejo de Investigaciones de Europa. Por ejemplo, un coche completamente autónomo tendría que comprender que alguien que agita los brazos junto a la carretera en realidad es un policía intentando detener el tráfico.

Los organizadores de la conferencia encuestaron a los 500 expertos asistentes y estos afirmaron que no eran demasiado optimistas respecto a que estos problemas se puedan resolver a corto plazo. Se les preguntó cuándo confiarían a sus hijos a un coche robótico y más de la mitad contestó que como muy pronto en 2030. Una quinta parte dijo que no lo haría hasta 2040 y aproximadamente uno de cada 10 dijo «nunca».

Varios declararon a MIT Technology Review que no les sorprendería que los coches autónomos se limitaran durante décadas a entornos específicos muy controlados, como las obras y entornos como los de un campus universitario, donde el límite de velocidad es muy bajo y el tráfico escaso.

La mayoría de las grandes empresas automovilísticas están explorando los coches autónomos. Una de ellas, Nissan, provocó una conmoción el año pasado cuando predijo que los estaría vendiendo para 2020. Sin embargo, la semana pasada Nissan aprovechó la conferencia para retractarse y afirmar en cambio que para finales de la década los coches podrán hacerse cargo de tareas especializadas, como aparcar y conducir por la autopista. A pesar de confiar en su tecnología, Google no hace predicciones sobre cuándo podrían llegar los coches plenamente autónomos.

El experto en conducción autónoma del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU) que asistió a la conferencia, John Leonard, afirma que él y otros académicos se tienen que enfrentar constantemente a la suposición de que todos los retos tecnológicos asociados con los coches robóticos ya se han resuelto y que sólo quedan los temas legales pendientes. «Cuesta transmitir al público lo difícil que es esto», afirma.

Leonard sigue firme en la creencia, que ya le valió algunas críticas en línea en una artículo de MIT Technology Review del año pasado, de que no él no verá un taxi autónomo en Manhattan (EEUU) en lo que le queda de vida (ver «El coche automático aún necesita conductor»).

 

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